El derecho a equivocarnos

Pienso que es importante dar cabida a la equivocación en toda relación educativa. Aceptarla como parte del proceso de aprendizaje. Como dice el biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana (1928), aceptar la equivocación como un derecho fundamental de las personas: el derecho a equivocarnos.

Si no sabemos y/o no nos permitimos equivocarnos  no tenemos la posibilidad de corregir nuestros errores, ya que no tenemos manera de darnos cuenta de ellos.

Los modelos educativos autoritarios nunca cometen errores porque para equivocarse, primero, uno ha de aceptar que no es autoridad. Según mi opinión, el educador que se relaciona de manera no autoritaria, de rebote, está aceptando que no es dueño de la verdad. Y, ahí, encuentro la razón del porqué el derecho a equivocarnos es fundamental.

En el libro El nombre de la rosa (1980), del escritor italiano Umberto Eco (1932), encontramos un diálogo entre los protagonistas que refleja, en parte, lo que quiero decir:

“—Pero entonces –me atreví a comentar–, aún estáis lejos de la solución…

—Estoy muy cerca, pero no sé de cuál.

—¿O sea que no tenéis una única respuesta para vuestras preguntas?

—Si la tuviera, Adso, enseñaría teología en París.

—¿En París siempre tienen la respuesta verdadera?

—Nunca, pero están muy seguros de sus errores.

—¿Y vos? –dije con infantil impertinencia–. ¿Nunca cometéis errores?

—A menudo –respondió–. Pero en lugar de concebir uno solo, imagino muchos, para no convertirme en el esclavo de ninguno.”

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14 respuestas a El derecho a equivocarnos

  1. Ramon dijo:

    Contundent i tremendament implicadora aquest reflexió. Imagino que per a tothom, però per als qui som pares / mares és un concepte realment interpel·lador al dia a dia…
    Ensenyar a qüestionar allò que estàs ensenyant…. un procés tan enriquidor i tan difícil alhora!
    Una abraçada, germà!
    Ramon

  2. Joan Gutiérrez dijo:

    Molt bones Guillem, altra vegada encetant un tema trascendental… comparteixo totalment la teva reflexió!
    De tot se’n pot fer art?. Quan apliquem art a qualsevol situació, en aquesta seria l’art d’equivocar-nos, és que contemplem l’error com una part saludable del procés?. Sí, jo crec que sí, un reajust, una retroalimentació. En aquest cas l’error és mètode i contingut a la vegada, ens aporta llum de com hem de reorientar el procés i permet falsejar una part del contingut, sabent el que no és podem arribar al ser essencial (Popper)… Així doncs, l’error no hauria de ser frustrant!.

    Preguntes punyeteres: Què fem amb l’alumne que treu un 3 a l’examen havent-se esforçat? i… amb el que treu un 7 sense esforç?, i el que suspèn sense esforç?. I amb els pares i mestres d’aquest alumne?. Què diria l’observador?

    Salut!!!!

    PD futbolero: Si algú pensa que no es pot fer exitosament la teva feina sense cagar-la sovint, escolteu una retransmissió d’en Puyal d’un partit de futbol del Barça. És el mestre perque s’equivoca amb una naturalitat impresionant, que acte seguit aprofita per sentar càtedra sobre el contingut sobre el que orbitava l’error. Un mestre!

    • Gaudeixo amb les teves reflexions i amb els teus dubtes!
      Em ve molt de gust que entre tots i totes fem que aquest espai sigui ric i variat.
      Gràcies pel teu granet de sorra.
      Una abraçada.

    • joan dijo:

      (Això vol ser una prova d’aquest “Responder”
      que segueix cada participació,
      i que sembla que ningú encara no havia “punyit” 🙂

      Llegint les teves “preguntes punyeteres”,
      el meu caparró se’n va al què i al com
      d’això que anomenem EXAMEN.

      Què se suposa que examina aital examen?
      Realment ho examina?
      I val la pena d’examinar tal aspecte?

      Gràcies, com diu en Guillem,
      per haver-me possibilitat aquestes preguntes.

      joan

  3. Judith dijo:

    En “El viaje del elefante”, José Saramago escribe unas palabras que me han hecho pensar: “… una cosa buena que tiene la ignorancia es que nos defiende de los falsos saberes”. Creo que la idea tiene bastante paralelismo con tu reflexión, porque una cosa buena que tiene el equivocarse (y el permitirse el error) es que nos defiende del dogmatismo y de las falsas verdades.

    • Judith,
      coincido con tu comentario.
      El que “sabe” no reflexiona por miedo a perder aquello que tiene.
      Un abrazo
      Guillem

    • joan dijo:

      (Parece que se encadenan las ideas
      como cerezas en una cesta)

      La frase que expones,
      me lleva a otras dos
      leídas en los n.130 y 294 de PÁJAROS PERDIDOS
      (Rabindranath Tagore):

      Si cierras la puerta a todos los errores,
      dejarás fuera la verdad.

      Cuando llega la verdad,
      parece última su palabra;
      pero su palabra última
      da siempre a luz otra palabra.

      Y, para poner algo mío:
      “hasta pronto”

      joan

      • Sé que hace tiempo que lees a Tagore…
        Yo, a pesar de haberlo “visto” durante largos años por casa, lo estoy descubriendo ahora (en estos últimos meses); y me resulta un grato placer.
        Espero y deseo que nos continúes regalando sus perlas.
        Gracias

  4. Maria Magarolas Jordà dijo:

    És curiós això de “el dret” a equivocar-nos. Un dret, no una feblesa o una desgràcia…un dret. El refrany : qui té boca s’equivoca” és una veritat com un temple. Però és interessant adonar-nos que a ningú li agrada que el trobin en una equivocació; a ningú li agrada tindre que rectificar….Amb els anys hauríem d’aprendre a acceptar les nostres equivocacions i les dels altres. És ben veritat que només s’aprèn dels errors.

    • Gràcies pel teu comentari!
      Relament, concenbre l’error com un dret, penso, és una perspectiva revolucionària.
      Una altra abraçada

    • joan dijo:

      Això de que NOMÉS s’aprèn dels errors, em sembla una mica fort…

      Per cert, seguint la teva recepta i els teus consells,
      des d’el primer intent, em va sortir un coc flonjo i saborós.
      Ni un sol error…

      Petonets i bla bla bla 🙂
      joan

  5. joan dijo:

    Bon dia i profitós canvi de fil 🙂

    Dius:
    “Pienso que es importante dar cabida a la equivocación en toda relación educativa. Aceptarla como parte del proceso de aprendizaje.”

    De acuerdo en las palabras; y me pregunto:
    ¿Vale igual el error de quien está creciendo que el error de quien vela/dirige/ayuda tal crecimiento?
    ¿Aceptamos igualmente el error de quien “aprende” y el error de quien “enseña”?

    Dius:
    “Si no sabemos y/o no nos permitimos equivocarnos no tenemos la posibilidad de corregir nuestros errores, ya que no tenemos manera de darnos cuenta de ellos.”

    Añado:
    Un error mortal, o sea, una equivocación que produzca muerte, tampoco puede corregirse.

    ¿Se consideraría error que un niño metiera sus deditos en un enchufe y la palmara?
    ¿Sería una equivocación que un pequeño se asomara a una ventana, y quedara planchado en el suelo del patio o de la calle?

    Dius:
    “Los modelos educativos autoritarios nunca cometen errores porque para equivocarse, primero, uno ha de aceptar que no es autoridad.”

    Una cosa es equivocarse = cometer un error
    otra es darse cuenta de haberse equivocado;
    una tercera, asumir haberse equivocado (y sus consecuencias)
    y otra, intentar cambiar algo a fin de no repetir el error.

    Estás con tu hijo frente a un semáforo en rojo.
    El niño se abalanza hacia la calle, le gritas, pero no hace caso de tu grito.
    ¿Sería autoritario arrancarlo del atropello por la mera fuerza de tus brazos?

    A modo de conclusión (provisional y nada autoritaria)
    El derecho a equivocarse posiblemente deba ir unido a alguna obligación complementaria

    Un abrazo
    joan

    • Q tal?
      Voy a contestar tus preguntas según mi criterio que, ahora, considero válido.
      Vale decir que, algunas de tus preguntas, a su vez, me han servido para ir matizando “palabras” (dichoso lenguaje) para, así, tal vez, hacer más claras mis respuestas. Ojalá lo haya conseguido.
      Gracias de antemano por tu tiempo y por el ejercicio mayéutico que me has ofrecido.

      Empiezo:
      ¿Vale igual el error de quien está creciendo que el error de quien vela/dirige/ayuda tal crecimiento?

      Primero, me gustaría aclarar que, para mí, y en este caso, error es algo que, en un momento dado (y apoyado en lo que en ese momento dispongo a nivel cognitivo y emocional), creo como válido; y que, en un segundo momento, por disponer de nueva información (de una nueva manera de entender el mundo), aquello que, antes, consideraba “correcto”, ahora, con nueva luz, lo valoro como erróneo. Es decir, un error es algo de lo que soy consciente a posteriori; ya que, en el momento de cometerlo no lo vivo como tal, sino que, en ese momento, lo vivo plenamente como verdadero.
      Segundo, quiero seguir con algo que para mí es muy importante: según lo que yo pienso todos y todas estamos creciendo (y finalizamos ese crecimiento con la muerte). Y, algunos, a la vez que crecemos, nos hemos atrevido (¡qué osados!) a acompañar el crecimiento de otros (ya sean estos niños o ya sean adultos). Además, según mi experiencia, el acompañar el crecimiento de niños y niñas (según cómo se haga) le ofrece a uno (a quien acompaña) la posibilidad de revisar y reencajar su propio crecimiento. Eso es una oportunidad que nos ofrecen los niños, muchas veces a costa de su propio crecimiento (pero, eso, ya es harina de otro costal).
      Después de esto, voy a por tú primera cuestión. Cuando tú preguntas si vale igual un error que otro; yo prefiero contestarte que el error de alguien que está acompañando, en principio, puede tener más implicaciones y llevar de la mano más consecuencias y, por lo tanto, asumirlo, conlleva más responsabilidades. Es decir, alguien que acompaña procesos, creo, tiene más responsabilidad que aquél que “sólo crece”. Matizar, también, que, para mí, más responsabilidad implica “más capacidad de respuesta”. Y, por eso, la creo mayor en alguien que se “cree” más o menos capaz de acompañar a otro. Por lo tanto, alguien que “acompaña procesos”, según lo que yo creo, es alguien, más o menos maduro (más o menos trabajado), que se plantea y reflexiona cotidianamente sobre su quehacer, que es consciente de sus límites y prueba de aceptarlos e integrarlos, ya que, sabe que, sus herramientas educativas son Él mismo como persona. Todo ello, asumiendo que cometerá errores y que, esos, le ayudaran a seguir creciendo. Y, asumiendo, que, rizando el rizo, las verdades de hoy, seguramente, serán los errores de mañana. Y, bienvenidos sea. Y, eso, a mi, personalmente, me ayuda a vivir desde la cooperación más que desde la autoridad, ya que, soy consciente que, a medida que voy creciendo y evolucionando, voy cambiando mi manea de ver y entender el mundo y, por lo tanto, voy transformando, a la vez, “mis verdades”. Y, hasta aquí…

      En cuanto a tu segunda cuestión. Me parece interesante decir que, en principio, no creo que nadie pueda enseñar nada a nadie. Creo, con bastante firmeza, que el ser humano puede aprender, y alguien que acompaña procesos, según la manera en como se relacione con el otro y según la manera como prepare el entorno de aprendizaje (entre otras cosas), favorecerá (y ese favorecerá no me acaba de gustar pero, ahora y aquí, no encuentro una palabra mejor) que el otro haga unos u otros aprendizajes. Pero, ciertamente, no será éste que enseñe algo, sino, más bien, el otro que aprenda lo suyo.
      Eso, en el actual sistema, irremediablemente, puede llevar a un desfase entre lo que uno pretende que el otro haga y lo que el otro esta a punto o preparado para hacer. Según mi punto de vista, éste es uno de los “errores” más graves del actual sistema educativo. Pero, por suerte, los niños, a pesar de todo, siguen aprendiendo; aunque, a veces, no aprendan aquello que sus profesores pretenden enseñarles. Y, entonces, a veces, el profesor “mira” en el espacio donde el niño no está aprendiendo (y es el espacio donde el profesor quiere que éste aprenda) y no “mira” en el espacio donde el niño está realizando el aprendizaje. Y, entonces, le suspende… El ser humano puede aprender, pero, a veces, no lo hace en la dirección y/o el sentido que a un observador le gustaría que lo hiciera. E, incluso, creo que, la mayoría de veces, los alumnos, en lugar de aprender la materia, lo que aprendemos es el “mirar” del profesor y, de esta manera, nos aseguramos aprobar los exámenes. Y, hasta aquí…

      Y, contestando a tu pregunta, yo, personalmente, acepto por igual un error que otro. Cuando uno se sabe equivocado, para mí, es una gran alegría (aunque, eso a veces, me cueste un esfuerzo y un trabajo porque todavía me estoy desenganchando de mucha mierda). Y, por lo tanto, acepto tanto la alegría de un niño como la de un adulto. Pero, para ello, uno debe haber vivido el error como una manera de darse cuenta que uno ha cambiado y, por ello, también ha cambiado su manera de ver y entender el mundo; y no como algo que me convierte en un estúpido, un ignorante o un incapaz. El sistema actual, a menudo, castiga el error (con un comentario, con una crítica, con una mala nota, etc.) y, con ello, lo transforma en algo de lo que debemos alejarnos. Y, así, de adultos, nos cuesta tanto asumir nuestros errores. Y, así, de adultos, cuántos más errores cometemos más estúpidos nos creemos. Según lo que yo creo no es más estúpido quien más errores comete, sino quien, por no verlos o por no quererlos ver, no sabe aprovecharlos para crecer y aprender.

      Siguiendo con tus ejemplo, me gustaría diferenciar entre “error” y “negligencia”. En el caso de una negligencia, el que la comete (en el momento de cometerla), sabe cuales son sus responsabilidades y, por alguna razón (falta de esfuerzo, omisión, etc.), no las cumple o asume. Por lo tanto, más que un “error” comete un “fraude”, ya que, en el momento de cometer la “negligencia”, el que la comete tiene toda la información que necesita para saber que aquello que hace es un “fraude” y, a pesar de ello, sigue adelante con el “descuido”.

      Un error mortal no puede corregirse, pero le puede ser útil a quien lo comete para crecer y aprender; si no es él quien muere en el intento.

      ¿Se consideraría error que un niño metiera sus deditos en un enchufe y la palmara?
      ¿Sería una equivocación que un pequeño se asomara a una ventana, y quedara planchado en el suelo del patio o de la calle?

      En estos casos no considero que el niño cometa errores; el niño, simplemente, experimenta; y, esa, es una de las maneras que tiene de aprender. El niño no tiene la información y el desarrollo suficiente para poder vivir eso como un error. En cambio, el adulto que le acompaña comete negligencia o error. Según el caso, sería interesante valorarlo y sacar conclusiones.

      Estás con tu hijo frente a un semáforo en rojo.
      El niño se abalanza hacia la calle, le gritas, pero no hace caso de tu grito.
      ¿Sería autoritario arrancarlo del atropello por la mera fuerza de tus brazos?

      Para mi la autoridad es aquel conjunto de conductas relacionales a través de las cuales se le niega al otro autonomía de acción o reflexión en la convivencia con uno. En el caso que planetas, para mí, y sin entrar en más detalles, arrancarlo del atropello por la fuerza, sería “ponerle un límite en su hacer” y, por lo tanto, “sería una manera de darle seguridad”. Y, así, sin más, podría hacerse sin ser autoritario.

      Un fuerte abrazo y, de nuevo, agradezco tu interés, tus cuestiones, dudas, matices y aclaraciones.

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