Pigmalión y la llamada Galatea

Ovidio (43aC – 17dC) fue un poeta romano, que, aproximadamente en el 8aC, publicó La Metamorfosis. En el libro X de este poema, se nos relata la historia de Pigmalión. Ovidio nos cuenta que Pigmalión vive total y absolutamente consagrado a la elaboración de una estatua que represente la más bella y perfecta mujer. Una vez terminada su obra, Pigmalión se comporta con la estatua como si ésta estuviera viva. Venus, conmovida por la escena, accede a la petición de Pigmalión, y le da vida a la estatua.

George Bernard Shaw (1856 – 1950), entre otras cosas dramaturgo irlandés, en 1913, publica su obra Pygmalión de la que destaco unas lineas:

Mire, real y sinceramente, aparte de las cosas que todo el mundo puede lograr (como vestirse y hablar correctamente), la diferencia entre una señora y una florista no reside en cómo se comporten, sino en cómo se las trata. Yo seré siempre una florista para el profesor Higgins, porque él siempre me trata como a una florista, y así siempre lo hará; pero sé que puedo ser una señora para usted porque usted siempre me trata como a una señora y siempre lo hará así.”

Rosenthal y Jacobson, en 1968, publicaron un libro que en español se tituló Pygmalión en la escuela. En este estudio se destaca hasta qué punto la imagen y las expectativas que podemos formarnos del otro, y que le damos a conocer, a veces inconscientemente, determinan los resultados que obtenemos de él y de su desarrollo. Este efecto, denominado efecto expectativa, contempla al educador, como si de un Pigmalión se tratase, capaz de identificar los elementos necesarios para hacer una persona; capaz de conseguir que se cumplan sus profecías por la fuerza de su mirada y a través de la atracción de sus propias convicciones. El educador, pues, pasa a ser un alfarero capaz de fabricar personas. Las expectativas y creencias que los educadores se construyen sobre sus educandos determinan, por los mismos haceres de éstos hacia aquéllos, las conductas que los educadores esperaban.

Pero la cosa no es tan sencilla. Por un lado, el educador al construir y guiarse por su expectativa deja de relacionarse con el otro, y pasa a relacionarse con la imagen que del otro tiene. Y, en esa nueva relación, ¿dónde queda el orto? Por otro lado, el educador quiere hacer a la persona, pero no quiere que su creación sea una estatua; al igual que Pigmalión, desea que su estatua cobre vida; sea libre y autónoma. Pero, en ese proceso creativo del educador hacía el educando, ¿dónde quedan la autonomía y la libertad del educando?

Krishnamurti (1895 – 1986), en La libertad primera y última (1954), nos habla, entre otras cosas, de cómo las creencias nos impiden comprender y conocer la realidad que nos rodea. Según mi opinión, el maestro indio nos define el verdadero encuentro con el otro como la capacidad de relacionarnos con el otro, siempre, de un modo nuevo, de instante en instante, sin reaccionar en función de lo que creemos sobre él, para que no surja ese efecto que hace de barrera entre lo que uno mismo cree y aquello que el otro es.

Cuando me relaciono con el niño sin expectativas, sin exigencias, sin prejuicios, entonces, me permito encontrarme con él. En ese encuentro, me relaciono con el niño desde la aceptación de lo que él es en cada momento; aunque, a veces, no acepte lo que hace. Cuando me respeto a mí mismo, y al otro, no me cuestiono aquello que soy ni aquello que es. Ahora bien, desde ahí, puedo mirar si aquello que hago, o hace, es oportuno o no según las circunstancias en las que nos encontramos. Y, lo más importante, con mi mirada de aceptación, y desde lo que él recibe de esa mirada, el niño abre su propio camino que le llevará a aceptarse a sí mismo.

Entonces, me pregunto, ¿encontrará la protagonista de la obra de Shaw a alguien que la mire y acepte tal y como es, más allá de la florista y de la señora, y le permita, de manera libre y autónoma, iniciar su propio camino de aceptación?

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12 respuestas a Pigmalión y la llamada Galatea

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Moltes gràcies per compartir!

    Joan

  2. leandra dijo:

    Qué bonito!
    Cuantos años hace que hablamos sobre este tema y que dificil és llevarlo a la pràctica …
    Y, cuantos maestr@s/educadores hay ( y hay much@s) que no saben como aceptar a cada niñ@ tal y como és, valorarlo y hacerle el camino fácil para encontrarse y aceptarse a sí mismo.
    Gracias por recordarnoslo !

  3. Maria Magarolas Jordà dijo:

    El pedagog és aquella persona que ajuda a l’altra a ser ell mateix, a treure de dins de l’altre allò que està amagat i misteriós fins i tot per ell mateix. És com la llevadora que no fa néixer a la criatura sinó que està amatent per ajudar-lo a néixer. Acceptar a cada persona tal com és , és molt difícil i és un repte.

  4. joan dijo:

    ¿Cómo es uno TAL COMO ES?
    ¿Qué “instrumentos” permiten distinguir la ESENCIA de los meros accidentes?
    ¿Hay algo verificable que dé contenido a la expresión “lo que soy”?

    Hace pocas tardes, miraba los correteos, lentos y torpes aún. de varios pequeños, en un parque. Con facilidad intentaban coger los juguetitos de otros, y, a la vez, defendían los propios…

    En el mismo parque, los toboganes eran lugar de concentración para niños un poquitín mayores, tres o cuatro años, diría. A pesar de la vigilancia paterno-maternal, empujones, intentos de colarse, y algún que otro golpe…

    ¿Qué ES cada uno de estos pequeños? ¿Les nacerá de dentro o les vendrá de fuera la llamada “socialización”? El proyecto de convivencia pacífica que puedan tener sus mayores ¿fuerza, modifica o influye en lo que SON?

    Y, por último, si vas quitando, cuidadosa y metódicamente, capas a una cebolla, buscando el SER CEBOLLA en su interior, acabas con las manos vacías al quitar la última capa, sin haber encontrado nada más que capas,

    Un abrazo
    joan

    • La verdad es que tu pregunta me resulta difícil de contestar. Pero voy a intentarlo.

      La primera vez que oí hablar de la “esencia” de uno mismo fue en un curso de S. Gilligan ya hace uno saños. En ese curso, acompañados por Gilligan, experimentamos, cadauno de nosotros, la “sensación sentida” del “centro” de cada uno; y le puse nombre a algo que yo ya había experimentado pero que nunca había nombrado.
      Más adelante, leí referencias en un libro de C. Trungpa. Trungpa usa el término “punto tierno” para describir el aspecto central de la presencia humana de cada persona (otros lo llaman alma, centro, esencia, etc.). La idea sería que cadauno de nosotros puede llegar a conocer “esa presencia humana” central que se encuentra en cada uno de nosotros.

      Ciertamente, no sé como definir en palabras algo que, creo, sólo puede saborearse desde una sensación sentida, desde un experimentar.

      Ortega y Gasset hablaba de esta sensación (o, al menos, a mí me lo parece) en una conversación con un amigo. Estaban hablando de la mujer a la que Ortega amaba, y su amigo le preguntó por qué la amaba. Ortega replicó: Amo a esta mujer porque ella es “esta” mujer y ninguna otra. Es a “esta mujer” a la que amo (el entrecomillado es mío”).

      Pedro Salinas tiene una linda poesía que también expresa esa sensación sentida de la “esencia” de uno mismo o de otro (o, la menos, esa es la lectura que yo le doy):

      Para vivir no quiero
      islas, palacios, torres.
      ¡Qué alegría más alta:
      vivir en los pronombres!

      Quítate ya los trajes,
      las señas, los retratos;
      yo no te quiero así,
      disfrazada de otra,
      hija siempre de algo.
      Te quiero pura, libre,
      irreductible: tú.
      Sé que cuando te llame
      entre todas las gentes
      del mundo,
      sólo tú serás tú.
      Y cuando me preguntes
      quién es el que te llama,
      el que te quiere suya,
      enterraré los nombres,
      los rótulos, la historia.
      Iré rompiendo todo
      lo que encima me echaron
      desde antes de nacer.
      Y vuelto ya al anónimo
      eterno del desnudo,
      de la piedra, del mundo,
      te diré:
      «Yo te quiero, soy yo».

      Recibe un caluroso abrazo desde mi esencia a la tuya
      Sinceramente

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