Los argonautas de la emoción

A continuación, os invito a un periplo conceptual a través de mis descubrimientos emocionales. Haremos escalas en las distintas visiones teóricas, ordenadas según fueron apareciendo en mi vida. La travesía, a su vez y según mi opinión, cumple una especie de propiedad de jerarquía inclusiva; es decir, las opciones posteriores incluyen teóricamente (y en algunos aspectos) a todas las anteriores. Además, casualmente (o no), las paradas están secuenciadas in crescendo, en cuanto a su influencia en mi actual marco teórico en lo que a las emociones se refiere.

Daniel Goleman (1947), escritor norteamericano, en 1995, publicó Inteligencia emocional. En esta obra se exponen los aspectos positivos del desarrollo emocional; la capacidad de interpretar y responder a las emociones, sintonizar con ellas y ponerlas en juego en el nivel relacional. Sugiere que, para conseguir éxito, estas habilidades emocionales son más importantes que el coeficiente intelectual.

Antonio Damasio (1944), médico y neurólogo portugués, en 1994, publicó El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano. Damasio descubre que pacientes con lesiones en el córtex prefrontal, con coeficientes intelectuales normales, muestran graves dificultades en su capacidad de razonar. Según el autor, las emociones destinadas a evaluar las consecuencias de una acción (enmarcadas dentro de su teoría sobre los marcadores somáticos) son importantes para la capacidad de razonamiento.

Stanley I. Greenspan (1941 – 2010), psiquiatra infantil norteamericano, publicó, en 1997, El crecimiento de la mente y los ambiguos orígenes de la inteligencia. La idea sorprendente de este trabajo es la siguiente: la emoción desempeña un papel integral y, quizás, el más importante, en la configuración de la inteligencia. Greenspan sugiere que los intercambios emocionales de los bebés con sus cuidadores deberían constituir el primer factor de mediación de su nivel de desarrollo y de su capacidad intelectual. Según el autor, esta nueva concepción de la emoción es la pieza que le faltaba a la teoría de la cognición de J. Piaget (1896 – 1980), limitada por no integra plenamente el rol que la afectividad representa en todo este proceso.

Humberto Maturana (1928), biólogo y epistemólogo chileno, defiende que, a causa de la gran plasticidad estructural que requiere la capacidad de vivir en el lenguaje, todos los seres humanos somos (cuando no ha habido daños cerebrales, desnutrición o alguna anomalía en su desarrollo) igualmente inteligentes o capaces de conducta inteligente; capaces de llegar a consensos conductuales e, incluso, a acuerdos. Aquello que verdaderamente nos diferencia a los uno de los otros es el uso y la gestión que le damos a nuestras emociones; la conducta inteligente se potencia o se limita en función del flujo emocional en el que vivamos. Por ejemplo, el temor, la envidia, la ira… restringen el dominio relacional en el que uno puede moverse; y, por lo tanto, reducen el dominio de posibles consensos. El lenguaje cotidiano lo expresa perfectamente cuando decimos La ira lo ha encegado o El miedo me ha paralizado. En cambio, el amor, y todas las emociones que de él se derivan, expanden el dominio de posibles consensos. Según él, la cual cosa comparto plenamente y constato por mi experiencia, cuando detectamos un problema de aprendizaje en un niño pueden suceder dos cosas: la primera, que la mirada del educador no esté dirigida al dominio concreto dónde el niño está realmente aprendiendo; la segunda, que el niño esté viviendo algún tipo de bloqueo emocional. Y, por lo tanto, es muy útil actuar en consecuencia.

Según mi manera de experimentarlo, las emocionas, junto con los haceres y los pensares, son uno de los pilares fundamentales de la acción educativa. En este suerte de guía de viaje, he planteado la historia de una especie de búsqueda del vellociono de oro emocional. Ahora bien, este planteamiento hace referencia sólo al marco teórico desde donde significar aquello que observamos. Por lo tanto, urge decir que, todo aquello referente a la práctica, concreta y cotidiana, del acompañamiento emocional con niños es otro cantar; lleno de detalles, sutilezas y encabalgamientos más o menos armoniosos que precisan, además, de otros enfoques y prácticas.

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6 respuestas a Los argonautas de la emoción

  1. Sergi dijo:

    Hola Guillem, interessant el plantejament que has obert al voltant de les emocions. És un tema sobre el que he donat voltes també darrerament, i t’apunto aquí la referència d’un llibre que potser pot interessar.

    Diccionario de los sentimientos, de J.A. Marina

    és un recull i categorització d’emocions, agrupades en tribus, famílies, etc. que personalment em sembla molt interessant, i que delimita (o intenta fer-ho) a què ens referim quan parlem d’una emoció o sentiment en concret, donant una dimensió cultural al fet d’experimentar una emoció determinada (un es planteja per exemple si hi ha emocions pròpies d’una cultura determinada).

    Si no el trobes a la biblio jo el tinc, i te’l puc passar

    Una abraçada

  2. Joan Gutiérrez dijo:

    Molt bones, penso que t’agradaria un llibre que m’estic llegint, pot ser ja el coneixes.

    Ken Wilber. “El proyecto Atman. Una visión transpersonal del desarrollo humano”.

    Fa una síntesi molt interessant de diferents enfocs teòrics, tant occidentals com orientals. A nivell conceptual és molt interessant.

    Una abraçada,

    Joan

    • Q tal, Joan?

      Aquest Wilber és un personatge a tenir en compte. Cert!
      La síntesi que fa d’orient i occident em sembla molt atractiva i interssant.
      M’he fullejat “Conciencia sin fronteras”…

      La veritat és que em poses la mel a la boca amb “El proyecto Atman”
      El buscaré a la biblio

      Una abraçada

  3. Maria Magarolas Jordà dijo:

    De la meva experiència amb alumnes amb greus dificultats d’aprenentatge, el fet de apropar-se a ells demostrant confiança en ells mateixos, fer-los saber que són capaços de fer més del que es pensen i estimant-los en definitiva…fa miracles. El seu comportament és immillorable, aprenen i es forma un corrent de simpatia mútua que dura anys y anys. L’amor millora les persones i és un corrent en dus direccions.

    • Gràcies pel comentari.

      Per a H. Maturana l’amor és una emoció que defineix un cert domini de conductes. Així doncs, l’amor constitueix el conjunt de conductes a través de les quals l’altre, quan les rep, emergeix com a ésser legítim. Per al biòleg, un ésser legítim és aquell que no s’ha de disculpar pel fet de fer o ser.
      Segons allò que jo penso, l’amor definiria el conjunt de conductes que quan hom les rep es sent totalment acceptat en la seva identitat.

      Una abraçada

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