Represión y límites

Creo que, a menudo, confundimos la represión con la aplicación de límites. Como educador, y con el tiempo, he ido experimentando que la manera más útil de conocer mis propios límites es confrontando mi represión. La represión nos discapacita; en cambio, la conciencia de los límites nos da seguridad.

Según Sthephen Gilligan, doctor en psicología por la Universidad de Stanford, existen tres energías arquetípicas fundamentales: ternura, fuerza y creatividad. Estas energías pueden expresarse de muchas maneras; y, si se aprenden a usar, pueden llegar a ser un recurso formidable. Demasiadas veces, la manifestación espontánea de estas energías por parte de los niños desborda a los adultos que los acompañan. Por ejemplo, delante de la fuerza (determinación, agresividad, agitación, movimiento, revolución, hiperactividad, etc.) que exhiben en ciertas ocasiones los niños, algunos adultos se sienten inundados, rebosados, sobrepasados e incómodos. Entonces, creyendo que lo desagradable esta fuera de ellos, ponen bozal y bridas a los niños; cuando, la mayoría de veces, aquello que les suena desafinado, no se encuentra en el niño, sino dentro de ellos mismos: su propio material reprimido.

Los niños nacen con este bagaje energético formidable, pero las habilidad para usarlo las van aprendiendo a lo largo de su vida. En los niños, estas energías, podríamos decir en estado primitivo, requieren un poco de orden; no represión. Por lo tanto, el arte está en determinar qué límites requiere el niño para sentirse seguro en el manejo de esas energías, y cómo los aplicamos a su hacer (conducta) respetando, a la vez, su ser (identidad); para que ni literal ni metafóricamente le maten . Cuando mezclamos con equilibrio límites y libertad, conseguimos niños creativos y en armonía.

Los márgenes de un río acompañan y conducen su caudal, dan forma y seguridad a su trayecto; y, a su vez, no aprisionan sus aguas, sino que, la mayoría de veces, permiten que fluya con la calma y/o la fuerza que cada momento requiere.

Guillermo Borja (1951-1995), psicoterapeuta mexicano, en La locura lo cura: manifiesto psicoterapéutico (1995), a su manera confrontadora y controvertida, lo expresa así:

“La niñez es la época adecuada para expresarnos de manera desbordante, dejando eructar nuestro volcán. Esta es una posibilidad única e irrepetible para una buena formación. El niño es en su totalidad: intensidad. Hay tantas energías en cada una de sus conductas que sus padres se asustan, debido a su falta de presencia y a su timidez, lo que les impide convertirse en el ser irracional que es su hijo y abrir una vía de contacto entre ambos. No me refiero sólo al contacto físico sino a la animalidad compartida, tan olvidada por los adultos. Los niños nos recuerdan la represión por altavoces. Si les permitiéramos expresarse ellos nos guiarían en nuestras enseñanzas como padres, puesto que saben lo que quieren y lo piden. El adulto en una situación similar se queda un paso atrás por no atreverse a pedir.”

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3 respuestas a Represión y límites

  1. Marta dijo:

    “Massa sovint pensem tant sols en corretgir les conductes dels infants
    i ens tanquem en rebre compartir i comprendre el que ens ofereixen
    amb tot el seu convit”
    (pot semblar una mica amarg; ho és…)

  2. Pingback: La no-directividad y yo (2/3) | Ser para educar

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