Carta a favor de la autonomía

El poeta austríaco R.M. Rilke (1875 – 1926) escribió Cartas a un joven poeta (1929). Parece ser que, a principios del XX, un joven, Xaver Kappus, escribe al poeta pidiéndole opinión sobre sus escritos. El joven dudaba sobre si hacer carrera militar o dedicarse a la poesía. El poeta le responde:

“Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?” Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Si debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso.”

Rilke, tal y como yo lo interpreto, afirma que una buena manera de descubrir hacía donde dirigir la propia vida (una buena manera de tomar decisiones, una buena manera de hacer uso de la propia libertad) es buscar dentro de uno mismo. Dentro de uno mismo, según Rilke, el joven encontrará aquello que él llama “necesidad” e “impulso”. Según el poeta, es importante conectar con ella porque sólo encima de ella podemos construir opciones coherentes con nosotros mismos.

Y… ¿no será ese “impulso” aquello que mueve a los niños a interactuar con su entorno de manera sensorio-motriz, al encuentro de aquellos estímulos que les permitan realizar una serie de conexiones internas, siempre y cuando se sientan seguros y relajados?

Y… ¿no es la actitud del adulto un elemento fundamental para que el niño y la niña puedan conectar con ese “impulso” interior, y partiendo de él, empezar a explorar, descubrir y significar el mundo exterior por sí mismos?

Ahora, se me avecinan una serie de preguntas: ¿cómo educamos esa conexión con aquello que está dentro de nosotros?, ¿qué actitudes son las que favorecen que los niños y las niñas puedan hacer aquello que les salga de dentro -que no aquello que les de la gana-?, ¿qué maneras del adulto apoyan el proceso a través del cual el niño y la niña pueden reconocer en cada situación sus propios sentimientos y los de los demás?, ¿qué hubiera pasado con Kappus si Rilke le hubiera valorado del 1 al 10 la calidad de su poesía?, ¿hubiera sido, así, Rilke más respetuoso?

Creo, firmemente (de momento), que el niño podrá conectarse con aquel potencial interno que le hace único y singular, si y sólo si (y perdonarme si aquí sueno estrecho de miras), encuentra un adulto que, con su hacer, le haga sentir aceptado total e incondicionalmente. Pienso que, sentirse reconocido por un adulto con quien haya construido un vínculo, y sentirse acompañado en el desarrollo de la propia autonomía, es la base, que le permite al niño y a la niña, reconocerse a sí mismos, entrar en su interior y actuar desde dentro. Y, aquí, coincidiendo nuevamente con Maturana, es donde abro, de par en par, las puertas al amor.

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9 respuestas a Carta a favor de la autonomía

  1. juan Ma dijo:

    Querido Guillem,
    siempre me ha gustado mucho este texto de Rilke,
    me hace pensar mucho en como nosotros, adultos, nos conectamos
    o vamos conectándonos con ese “impulso” de vida, aun en los momentos incluso de menor interés, seguimos de alguna manera desconectándonos y conentándonos, (al menos es así como yo lo vivo) y volviéndonos a conectar y desconectar, hasta que poco a poco, sentimos, que estamos casí siempre conectados con nuestras necesidades y entonces puedemos empezar construir.

    No se si los niños también se conectan y se desconectan, continuamente, pero estoy de acuerdo contigo en que una de las formas en las que los niños pueden conectarse con sus impulsos y necesidades pasa por la plena aceptación amorosa del adulto que les acompaña, ya que de esa manera puede escucharse así mismo sin dejar al mismo tiempo de preguntar al adulto que lo acompaña sobre lo que le ocurre dentro y fuera de si mismo.
    Realmente, es hermoso.

    Juan Ma

  2. Maria Magarolas Jordà dijo:

    M’agrada aquest text. Petits i adults necessitem construir-nos des de dins; a partir dels bastiments que anem fent amb la interrelació amb als que tenim a la bora. Això és el que penso. Des del punt de vista del de fora, el que és important és el màxim respecte en l’acompanyament dels petits. Normalment des de l’amor un mai no s’equivoca.

  3. Mar dijo:

    Querido Guillem,
    he leído esta entrada con especial “exaltación” pues es un pasaje que destaqué de este libro cuando lo leí hará unos meses. Últimamente compruebo, cada vez con mayor ecuanimidad, cómo nuestra manera de actuar deviene una acumulación de imposturas precisamente por el hecho de no estar conectados con nosotros mismos. Y si perdemos el contacto con nosotros mismos entonces cómo podremos estar cerca de los niños.
    Gracias, Guillem, por este fragmento.

    • A lo largo de un día, pierdo la conexión conmigo mismo más de 100 veces (incluso hay días que más de 1000).
      Normalmente, me doy cuenta. Eso, en el mejor de los casos, me permite regresar a mi “centro” abandonado.

      Sinceramente, comparto tu reflexión: estoy tan lejos del otro como lo estoy de mi mismo.
      Un beso, Mar.

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