Quiero vestirme de blanco

La primera vez que oí hablar de la mielina fue en junio de 2008 en un curso con Mauricio y Rebeca Wild. Cabe decir que, Rebeca Wild (1939), nacida en Alemania, reside en Ecuador, donde en 1977 fundó junto a su marido un colegio conocido con el nombre de el Pesta.

Desde nuestro primer encuentro, la mielina me hipnotizó y la curiosidad que despertó en mí iba aumentando a al vez que crecía el oscurantismo que la rodeaban. Mi primera búsqueda fue realmente frustrante e hizo justicia al nombre con el que Mauricio Wild la bautizó: esa proteína misteriosa. Por una parte, encontré lo que ya sabía: la mielina era una sustancia lipídica que tapiza algunas neuronas con la finalidad de acelerar la conexión entre ellas (sinapsis); recubriendo una parte de las mismas llamada axón. Por otra, hallé algo que me resultó novedoso: el nombre de sustancia blanca (aplicada las zonas del tejido nervioso donde predominan los axones) se debe a que la mielina es de color blanquecino. Por lo tanto, a medida que las neuronas se van pintando de mielina, aparecen menos grises y más blancas cuando se las observa al microscopio.

M.Spitzer, en Aprendizaje: neurocienica y la escuela de la vida (2002), nos relata un ejemplo que esclarece, en parte, la utilidad de la mielina:

“Las fibras nerviosas pueden estar recubiertas o no de vainas aislantes de mielina. Si no lo están, conducen potenciales de acción de un máximo de tres metros por segundo, es decir, muy lentamente. (Imaginemos una persona de unos 2 m de altura que sólo estuviera dotada de esta tipo de fibras. Si su pie pisara un objeto puntiagudo, el movimiento de corrección aparecería al cabo de algo más de un segundo, pues la señal debe ir de pie al cerebro y luego de vuelta a los músculos de la pierna, lo que significa un tiempo considerable.) El aislamiento de las fibras nerviosas gracias a la mielina (y, con ello, el aumento del grosor de las fibras) permite un aumento de la velocidad de transmisión nerviosa hasta 110 metros por segundo.”

Según las fuentes que he consultado, parece ser que el cerebro humano de un adulto tiene unas cien mil millones de neuronas. Según hipótesis recientes, al nacer, el cerebro tendría un número de células bastante similar al del cerebro adulto. Así pues, durante el desarrollo, no es la cantidad de neuronas la que cambia, sino la enmarañada red de conexiones que se da entre ellas (axones, dendritas y sinapsis). Este proceso de creación de sinapsis, dura un cierto tiempo y va seguido por un período de poda sináptica en el que las conexiones más usadas resultan fortalecidas y la menos usadas son eliminadas. Estas oleadas de proliferación sináptica seguidas de un proceso de afinación se dan de manera bestia, básicamente, en dos momentos: el primero, durante los primeros 2-3 años de vida; el segundo (sobretodo, en los lóbulos frontales), durante la pubertad. Quiero aclara que, aunque haya momentos estrella, este proceso es progresivo; es decir, por ejemplo, en la parte frontal de nuestro cerebro, la cantidad de sustancia gris (conexiones sinápticas) parece aumentar desde los 6-7 años hasta aproximadamente los 12-14 -disminuyendo a partir de entonces-, con un incremento simultánea de sustancia blanca (mielinización).

Me parece interesante destacar que, según lo que yo he podido ir encajando, el proceso de mielinización es fundamentalmente un hecho post natal, que ocurre en ciclos, coincidiendo con los períodos de sinaptogénesis. Una primera serie se da durante la gestación (áreas sensoriales y motoras); la segunda, termina alrededor de los 2-3 años de edad; la tercera, se da en la adolescencia, aproximadamente a partir de los 12-14 años (lóbulo frontal). Ahora bien, los resultados de ciertas investigaciones revelan que la cantidad de sustancia blanca en los lóbulos frontales sigue aumentando hasta bien entrados los 20, e incluso los 30 años. Pero, Blakemor y Frith, en su libro Cómo aprende el cerebro: las claves para la educación (2005), nos advierten:

“Un estudio publicado en 2003 (…) mostró que (…) aunque el descenso en la sustancia gris era más espectacular des de la infancia hasta las primeras etapas de la edad adulta, el estudio ponía de manifiesto que el volumen de sustancia blanca continuaba aumentando más allá de estas etapas e incluso hasta los 60 años.”

Ahora bien, ¿qué debe pasar en el entorno de los seres humanos para que este proceso de  sinaptogénesis y mielinización se dé? D.J. Siegel, en su volumen La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser (1999), comenta que las experiencias y la estimulación (sensorial y social) conducen a un aumento de la actividad neuronal, lo que favorece la conexión de nuevas conexiones sinápticas. Blakemor y Frith apuntan que, aunque queda claro que las privaciones son sin duda malas, el enriquecimiento del medio y la sobreestimulación no son forzosamente buenos para el cerebro. Barudy y Dantagnan, en su libro Los desafíos invisibles de ser madre o padre: manual de evaluación de las competencias y la resilencia parental (2010), aseguran que los progresos en el desarrollo infantil, ya sean motores, cognitivos, afectivos o sociales, son el resultado de la estimulación y los buenos tratos que estimulan las sinapsis entre neuronas de diferentes regiones cerebrales, acompañadas por el procesos de mielinización.

Así pues, según lo visto, la experiencia y el contacto con el mundo (social y físico) en relación con la creación de sinapsis, la eliminación de las mismas, y el proceso de mielinización es importante para el buen funcionamiento de los diferentes sistemas sensoriales y motores, así como para los sistemas responsables de las funciones emocionales y cognoscitivas. Ahora bien, aunque la interacción es necesaria, parece que no es causa suficiente para que este proceso se culmine con éxito. Las condiciones suficientes tienen que ver con el hecho que el niño y la niña se sientan bien tratados durante estas interacciones; es decir, se sientan seguros, relajados, respetados, valorados, queridos. Por lo tanto, concluyo que, para que las neuronas se vistan de blanco (como culminación de todo un proceso) es necesario y suficiente que el niño y la niña interactúen con su entorno (físico y social) de manera sensoriomotriz, pudiendo satisfacer sus necesidades básicas (de las cuales, según mi opinión, el amor es la principal), siguiendo sus intereses y deseos de manera autónoma, en ambientes que les hagan sentir seguros y relajados; y que, sean así mantenidos, por la presencia de adultos respetuosos con los que hayan creado un vínculo seguro.

Al parecer, aproximadamente, durante los primeros 24 años de vida, una persona va creciendo hasta convertirse en adulto. Hasta entonces, si las circunstancias son idóneas, puede relacionarse con el mundo de manera espontánea, libre y autónoma; es decir, impulsado por su potencial interior, una especie de programa interno de desarrollo. Sobretodo las interacciones sensoriomotrices, acompañadas por el lenguaje, van conectando la red de neuronas hasta llegar a la fase de adulto -llena de recursos y potencialidades-. A partir de entonces, los seres humanos podemos seguir llevando a acto toda nuestra potencia, pero eso depende de nuestra voluntad de querer hacerlo.

En resumidas cuentas, y parafraseando lo que M. Montessori (1870-1952) ya intuyó hace más de 60 años en su libro La mente absorbente del niño (1949), me permito la siguiente generalización reduccionista: la “mano”, y lo que con ella hagamos o nos hagan, es la que permite que el organismo sea cada vez más inteligente.

Esta entrada fue publicada en Libertad y Autonomía, Neurociencia y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

23 respuestas a Quiero vestirme de blanco

  1. ángeles dijo:

    Querido Guillem,
    He leído con interés y curiosidad tu última entrada…
    Me he quedado “enganchada” con un frase que no atino a entender del todo, probablemente porque me resisto a compartirla… es la que dice <> ¿Crees en realidad que depende de nuestra voluntad hacer las cosas? Yo creo que el hacer las cosas no sólo depende de la voluntad, de hecho me atrevería a decir que ésta juega un papel menos importante de lo que a veces pensamos.

    Salud!

    • Añorada Ángeles,
      entiendo que la frase a la que haces referencia es la siguiente:

      “A partir de entonces, los seres humanos podemos seguir llevando a acto toda nuestra potencia, pero eso depende de nuestra voluntad de querer hacerlo.”

      Y quiero decierte que coincido contigo plenamente.
      La mayoría de veces, la voluntad (esa facultad de poder decidir y ordenar la propia conducta) es sólo el pistoletazo de salida. Durante la carrera, el hacer o no hacer las cosas (incluso el poder o el saber hacerlas), creo que depende de niveles más internos del ser humano.
      A veces, uno quiere hacer algo de una manera determinada y no dispone de las habilidades (cognitivas, emocionales o sociales) necesarias para ello; a veces, uno quiere hacer algo y su sistema de creencias le limita de alguna manera; a veces, uno está motivado por cambiar algo y, a nivel de identidad, hay algún bloqueo que no se lo permite; a veces, uno no entiende por qué no puede reponder al mundo de una determinada manera, y resulta que a un nivel transpersonal (sistémico) se da algún tipo de desorden que no le brinda la posibilidad; a veces…

      De lo que sí estoy convencido es de que, en la infancia, la posibilidad de activar nuestro potencial interno, si las circunstancias son favorables, es un proceso espontaneo. Ahora bien, en la edad adulta, poco a poco, nos hemos ido desconectando de nosotros mismos, hemos ido viviendo más con la atención puesta fuera que con nuestro interés dirigido hacia dentro. Así que, esa sencilla posibilidad ya no se da por sí sola -de forma natural-, sinó que, la fortuna de vivir conectado y desarrollando nuestro potencial interno, depende ya, en primer lugar, de un acto no espontáneo: la decisión de querer o no querer vivir desde dentro de uno mismo. Luego, después de haber decidio, no hay duda… el camino hasta llegar a conseguirlo puede ser muy largo.

      Quedaré contento si he conseguido explicar mi idea.
      Si se te ocurre como decir lo mismo usando otros términos más claros te agradecería me lo hicieras llegar.

      Un fuerte abrazo

  2. Santi dijo:

    Querido Guillem,

    Sigo con entusiasmo todos tus posts de tu blog. Aunque la idea acerca de la mielina cómo catalizador de la inteligencia y el desarrollo de las personas bajo los “buenos tratos” es muy sugerente, la encuentro muy simplista y alejada de la realidad. Me parece razonable pensar que “la estimulación y los buenos tratos estimulan las sinapsis entre neuronas de diferentes regiones cerebrales, acompañadas por el procesos de mielinización”. Sin embargo, la idea de que “la mielina, que favorece y permite las conexiones neuronales, se produce cuando interactuamos con nuestro entorno (físico y social)” no me parece muy exacta. Cualquier conexión neuronal que se produzca se mielinizará en situaciones normales, no sólo las que se hayan establecido con “buenos tratos”. La realidad es siempre más compleja de lo que nos imaginamos y tampoco se puede deducir que a más mielina o conexiones neuronales mayor inteligencia (aunque primero tendríamos que ponernos de acuerdo en definir inteligencia). Por último, la relación entre la mielina y “los buenos tratos” también me parece peligrosa. Hay enfermedades devastadoras en que el problema es la desmielización de algunas conexiones neuronales, y en estos casos, los “buenos” o “malos” tratos no tienen nada que ver con la aparición de estas enfermedades. Creo firmemente en que no es necesario buscar un motivo biológico para justificar “la estimulación y los buenos tratos”, o en otras palabras, que los niños reciban amor. La motivación debería ser otra.

    Un abrazo.

    • Apreciado Santi,
      primero de todo, decirte que agradezco tu comentario.
      Me ha resulta muy útil, atractivo y sugerente.
      De paso, quiero decirte que me honra que sigas este espacio, y espero que te resulte interesante.

      A continuación, paso a matizar algunas cosas, a ampliar otra, y a reafirmarme en una última.
      Vamos a empezar, pues.

      En dos momentos de mi escrito, me permití sendas licencias poéticas; y, curiosamente, tú has ido a destacar las dos. Por lo tanto, paso a matizarlas.

      En la primera, conscientemente, pero sin previo aviso, tomé la parte por el todo. Es decir, en lugar de referirme al proceso global (sinapotogénesis, poda y mielinización) tomé sólo un parte de él; sustituyendo, para más inri, el proceso por el producto, para, finalmente, hacer sólo referencia a la mielina.
      Te pido disculpas por las dudas y las inexactitudes que esta sinécdoque desafortunada haya podido ocasionar. Ahora bien, lo que pretendía concluir, y que, seguro, acordarás conmigo, es que

      Según lo visto, la experiencia y el contacto con el mundo (social y físico) en relación con la creación de sinapsis, la eliminación de las mismas, y el proceso de mielinización es importante para el buen funcionamiento de los diferentes sistemas sensoriales y motores, así como para los sistemas responsables de las funciones emocionales y cognoscitivas.

      Para acabar este punto, decirte que, hoy mismo, voy a corregir este craso error.

      En la segunda, conscientemente también, pero esta vez con aviso previo, tomé prestada una de las frases más célebres de la que fue la primera mujer en terminar la carrera de medicina en Italia. Cuando M. Montessori une mano e inteligencia, hace, por un lado, una referencia literal al importante uso de la mano que se da en el método educativo que lleva su nombre; y, por otro, una metafórica, volviendo a tomar la parte por el todo, sustituyendo interacción con el entorno (físico y social) por mano.
      Además, en este caso, matizo: utilizo el término inteligencia con su acepción biológica. Más concretamente, tomo prestada la de J. Piaget, capacidad de adaptación del organismo al medio, y la de H. Maturana, capacidad de establecer consensos con el entorno. Ambas definiciones, des del marco constructivista que fueron hechas, suponen que esta capacidad es un proceso que el organismo ha ido autoconstruyéndose, gracias, entre otras cosas, a la manera como su particular historia de interacciones recurrentes con el entorno ha ido modificando su estructura. Por lo tanto, sí, creo que, los cambios estructurales que se producen en el interior de los organismos vivos, fruto de las interacciones que éstos van teniendo con su entorno, son un agente importante en el proceso que desarrolla la capacidad de adaptación al mismo.

      A continuación, paso a hacer una pequeña ampliación de la relación entre los buenos tratos y todo el proceso (sinapotogénesis, poda y mielinización).

      Primero, y antes que nada, quiero explicitar que, aunque la suma de experiencias con el entorno más buenos tratos sean condiciones para que todo este proceso se lleve a cabo con éxito, eso no implica lógicamente que cuando hay problemas con la desmielinización la causa sea la falta de experiencias y/o los malos tratos. Como tú ya dejas entrever, a estas enfermedades (como por ejemplo la esclerosis múltiple), en las que una mielina normal en un determinado momento se estropea, todavía no se les conoce causa.

      Como ya sabes, los estudios sobre el vínculo entre entornos precarios y consecuencias en el desarrollo cerebral, evidentemente, sólo se han hecho con animales; básicamente, los que yo he encontrado, son con ratas y conejos. En ellos se demuestra sobradamente la relación -al menos en estos animales- entre entorno y desarrollo cerebral. Cabe decir que, como en casi todos los experimentos con ratas que conozco, los resultados se miden comparando los tiempos necesarios para salir de laberintos por parte de los dos tipos de ratas (estimulados y no estimuladas); y, claro, las privadas de entornos enriquecidos son más torpes en encontrar la salida.

      Pero, desgraciadamente, he encontrado dos estudios hechos con bebés:

      El primero. Hace unos años se abrieron las puertas de los orfanatos del régimen de Ceaucescu y pudimos enterarnos de lo mal que se trataba a los bebés abandonados. Hubo gente en toda Europa que adoptó a estos niños y, en el Reino Unido, desde la Universidad de Londres (por parte del equipo de Michael Rutter), se realizaron unos estudios con el objetivo de controlar su progreso y compararlo con el de otros niños adoptados. Los resultaron demostraron claramente que si se desatiende a los bebés, se les causa daño. En resumen: los niños criados en condiciones precarias (mala nutrición, mala salud, poca estimulación sensorial y social) tenían más probabilidades de presentar retrasos en el aprendizaje (andar, hablar, etc.), así como un deterioro en el desarrollo cognitivo, emocional y social. Desafortunadamente, por desconocimiento, no puedo remitirte a la fuente original de este estudio.

      El segundo. Gómez de Terreros, Serrano Urbano y Martínez Martín, en el 2006, publicaron los resultados de un estudio que titularon Diagnóstico por la imagen de los malos tratos infantiles en Cuadernos de medicina forense. En ellos, estudiando y comparando las imágenes obtenidas a través de tomografías computerizadas o de resonancias magnéticas de cerebros de niños privados de alimentación, de afecto y de estimulación, así como los afectados por contextos de estrés o de lesiones resultado de malos tratos físicos, se concluye que sin los cuidados de un adulto competente, el cerebro del niño corre el riesgo de desorganizarse o atrofiarse

      Para finalizar quiero reafirmarme en el hecho siguiente:
      Creo de suma importancia haber podido, por fin, vincular los malos tratos con una serie de -posteriores- trastornos conductuales, fruto de un proceso de maduración cerebral determinado.
      Y, por lo tanto, pode decir: por un lado (tal y como tú manifiestas), que los buenos tratos son necesario per se; y, por otro, que, ademaś, son necesarios porqué favorecen la construcción de adultos competentes y responsables con ellos mismos, con los otros y con el entorno.
      En este sentido, los que hemos intentado hacer nuestro trabajo, como profesionales, con amor, a menudo hemos recibido ciertas críticas. Los que hemos creído en la importancia de trabajar la empatía, la creación de vínculo con los niños y adolescentes, la construcción de puentes cognitivos, la colaboración y la escucha, etc., a veces, hemos sido tildados de blandos. Por lo tanto, ahora , es de suma importancia que la ciencia nos apoye y nos secunde con estos resultados.

      Para terminar, quiero escribirte el listado de malos tratos que según Barudy reciben los niños y las niñas con los que durante años he trabajado, a causa de las malas prácticas educativas por parte de profesionales; es decir, a causa de un no saber hacer/no querer hacer por parte de ciertos educadores:

      1.La falta de vínculos afectivos e implicación relacional por parte de los educadores; a menudo, acompañadas por una falta de continuidad en la relación educativa.
      2.Dificultades para empatizar con el dolor de los niños y niñas. O bien, cuando el educador muestra distancia, indiferencia o rechazo cuando el niño/a muestra su dolor de manera conflictiva y/o disruptiva; o bien, cuando ocurre lo contrario, es decir, dificultades porque el educador se sobreidentifica con el dolor del niño y actúa de manera sobreprotectora.
      3.La ausencia de un espacio de reflexión sobre las representaciones y los valores que cada educador tiene personalmente respecto a la educación (el modelo educativo) en general, y la familia y su estructura y funciones en particular (por ejemplo, la mistificación de la familia biológica). Esto, tanto a nivel individual como a nivel de grupo. El educador, en su praxis educativa, reflejará su modelo (sea el que sea)
      4.Dificultades en la gestión de la autoridad. Entre el autoritarismo militarista para domesticar a los niños y las actitudes excesivamente permisivas para seducirlos y obtener su colaboración hay un gran espacio, una tierra de nadie, en la que algunos, entre los que me cuneto, nos movemos con cierto éxito.
      5.El sentir que los niños son nuestros. Esta es otra dificultad a superar y es fundamental cuando el sentido de apropiación va acompañada de descalificaciones dirigidas a los padres biológicos. Es importante ayudar a los niños a encontrar sentido a las conductas de sus padres biológicos, ayudarles a entender que a sus padres nadie les enseñó a hacer de padres, ayudarles a comprender que para hacer de padres se han de tener unas mínimas competencias, ayudarles a encontrar modelos parentales alternativos, etc.

      Sin más, recibe un cordial saludo y un fuerte abrazo
      Y, vuelvo a insistir en lo bueno y útil que me ha resultado tu comentario.

  3. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Un article molt comprensible i molt interessant. Utilitzant el blanc com a metàfora diria que “vestir-se de blanc” equival a estar a punt per a la festa de la vida.Ptns

  4. Joan Gutiérrez dijo:

    Com tots els anteriors, un comentari molt interessant!

    Una abraçada!

  5. Xus Sesé dijo:

    Molt interessant Guillem. Aquesta investigació d’anar de la creença a la teoria és molt interessant, sobretot per aquells que ens dediquem a l’educació que no acostumem a sustentar les nostres idees.

    Del que creiem a la teoria. De l’amor al creixement.

    Una abraçada

    • Estic absolutament d’acord!

      Crec, fermament, que en educació, sobretot, ens manca justament això: fonamentar i justificar allò que pensem, allò que sentim i allò que fem.
      En aquest sentit sóc del parer que val la pena esmerçar-hi esforç i temps…

      Gràcies i una abraçada

  6. ángeles dijo:

    Querido Guillem,
    Gracias por tu respuesta a mi comentario. Me he dado cuenta que obvié la escritura de la frase de referencia. Aún así, estuviste acertado en identificar la frase “ausente”.
    Siento tus aportaciones muy enriquecedoras. Comparto la “chicha” pero más me apasiona el “cómo”, la manera de cuidar tu comunicación escrita, la forma, la elección de unas palabras y no otras. La seriedad amorosa y responsable de tus mensajes me llegan y me acompañan en mi quehacer diario. Al leerte se me revela menos tu parte cognitivo mental y más tu parte somático emocional. Y eso, me emociona.
    Gracias!
    ángeles

  7. Pingback: Periodo sensible | Ser para educar

  8. Pingback: Observaciones al método Montessori | Ser para educar

  9. Pingback: Motivación y aprendizaje o el sorprendente caso del Sr.Pink (2ª parte) | Ser para educar

  10. Pingback: De lo que aprendí en un campo de fútbol (2ª parte) | Ser para educar

  11. Pingback: Las batas blancas | Ser para educar

  12. Pingback: Dar amor a los más pequeños | Ser para educar

  13. Pingback: Sol, arena y mar | Ser para educar

  14. Pingback: La urdimbre primigenia | Ser para educar

  15. Pingback: Ciudadanas y ciudadanos (1/2) | Ser para educar

  16. Pingback: El control de esfínteres y un poco más (1/2) | Ser para educar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s