Dar cobertura humana

Supe de Hellen Keller por primera vez leyendo La valentía de amar: principios y prácticas de la psicoterapia de las interacciones del Yo (1997) de S. Gilligan. Y, antes de empezar, quiero matizar que los dos extractos del diario de Hellen a los que hago referencia en esta reflexión los he extraídos del volumen de Gilligan.

Hellen Keller (1880 – 1968), escritora norteamericana, fue una especialista en educación para personas con discapacidad. A causa de un enfermedad, cuando contaba tan solo con 18 meses, perdió la capacidad de ver y oír. El 3 de marzo de 1887 Anne Sullivan (1866 – 1936), maestra estadounidense, entró en la vida de Hellen. Anne enseñó a Hellen a leer, escribir y hablar. En 1902 Hellen escribió La historia de mi vida. En él describe el encuentro con Anne de la siguiente manera:

“El día más importante que recuerdo en todo mi vida es el día en que mi profesora, Anne Mansfield Sullivan, vino a mí. Me siento maravillada cuando considero los tremendos contrastes entre las dos vidas que ese día conecta (…)”

(…) ¿Has estado alguna vez en el mar, en medio de una densa niebla, cuando parece como si la oscuridad blanca e ininteligible te encerrara, y la gran nave, tensa y ansiosa, navega a tientas hacia la orilla, con plomada y sonda, y tú estás con el corazón en un puño, esperando lo peor? Yo era como esa nave antes de que empezara mi educación, sólo que estaba sin brújula ni sonda y no tenía ni idea de lo cerca o lejos que pudiera estar de puerto. “¡Luz! ¡Dame luz!” Éste era el grito sin palabras de mi alma, y la luz del amor brilló sobre mí en aquella hora.”

Dicen que nacemos en la ciudad que ve despertar nuestra conciencia; lo humano no empieza hasta que no podemos conectar el lenguaje con nuestra experiencia. Realmente, yo lo creo así.

Tal y como explica S. Gilligan en La valentía de amar: principios y prácticas de la psicoterapia de las interacciones del Yo (1997), el primer despertar a la vida se produce gracias al trato de aceptación y acompañamiento que recibimos de personas especiales. Todos y todas podemos recordar alguna persona en nuestra vida que verdaderamente nos consideró y nos trató de manera especial y única. El encuentro de Anne Sullivan y Hellen Keller despertó la conciencia de Hellen; Hellen recibió de Anne una serie de haceres que la llevaron a sentirse total y absolutamente aceptada; es decir, tomando prestada la acepción de amor según H. Maturana, Anne amó a Hellen y ésta se sintió amada por ella.

El 5 de abril de 1887 todo cambió. Hasta ese momento Hellen todavía no había entendido el significado de las palabras, pero, ese día, Anne la condujo a una fuente, dejó correr agua sobre una de las manos de Hellen, mientras escribía la palabra agua en la palma de su otra mano. Algo dentro de Hellen le hizo entender el significado de la palabra agua, y Anne pudo ver inmediatamente en su cara que Hellen finalmente entendía. Hellen en su biografía lo cuenta de este modo:

“A medida que la corriente fría se deslizaba sobre una mano, ella deletreó la palabra agua sobre la otra mano, primero lentamente y después más deprisa. Yo me quedé quieta, toda mi atención estaba fijada en los movimientos de sus dedos. Repentinamente sentí una conciencia indistinta de algo olvidado, la emoción del pensamiento retornaba. De algún modo, me fue revelado el misterio del lenguaje. Entonces supe que “a-g-u-a” significaba ese algo fresco y maravilloso que fluía sobre mi mano. El mundo viviente despertó mi alma, le dio luz, esperanza, alegría, ¡la liberó! Aún quedaban barreras, es cierto, pero barreras que con el tiempo también podían ser barridas. (…)

(…) Recuerdo muchos incidentes del verano de 1887 que siguió al repentino despertar de mi alma. No hacía otra cosa que explorar con mis manos y aprender el nombre de cada objeto que tocaba; y cuantas más cosas manejaba, aprendiendo sus nombres y usos, tanto más alegre y confiado era mi parentesco con el mundo.”

En el trabajo con niños, es esencial poner nombre a aquello que están viviendo. Reformulando la dicho por Hellen, lo que no se nombra no recibe la luz del mundo; no puede sostenerse porque, sin el soporte del lenguaje, no podemos asirlo. Cuando, con amor, reconocemos, aceptamos, describimos y/o nombramos aquello que un niño siente (tristeza, ira, alegría, miedo, vergüenza, etc.), entre otras cosas, le estamos dando cobertura humana; es decir, de alguna manera, le estamos transmitiendo: “esto que te pasa es propio de los seres humanos, no huyas de ello, ponle atención, escúchalo porque habla de ti, y tiene algo útil que aportarte”. Por el contrario, parafraseando a F. Dolto (1908 -1988), pediatra y psicoanalista francesa, aquello que no se nombra no es nada, aquello que no se nombra se va acumulando en la trastienda de nuestra sombra; aquello que el niño experimenta y siente, pero no se dice, no recibe la luz del lenguaje (verbal y no verbal), no es sostenido por las palabras… y se pierde en la oscuridad del cajón profundo de nuestro inconsciente. Cuando un niño llora por la ausencia de su madre y nosotros le instamos a que deje de hacerlo (es decir, si no aceptamos y acompañamos ese llanto), por un lado, al no aceptar sus lágrimas hacemos que no se sienta aceptado; por el otro, al no poner palabras a lo que sucede (es decir, si no verbalizamos lo que sucede, por ejemplo, diciendo, veo que estás triste porque te gustaría que tu madre estuviera aquí ; llora tanto como necesites porque eso te habla de lo importante que tu madre es para ti) no validamos la conexión entre su tristeza y la no presencia de su madre, lo cual puede conducirle, en un futuro, si en su historia de interacciones se repiten situaciones similares, a una doble limitación: primera, a no permitirse la tristeza; segunda, a no saber gestionar la sensación de pérdida.

Así pues, según mi opinión, aquello que construye y constituye un problema en los niños no es lo que les pasa, sino aquello que les pasa y de lo que no se habla. Aquello que limita es lo que no se dice porque se vive de una manera animal (no-humana). En palabras de S. Gilligan, una experiencia o expresión no tendrá valor humano hasta que una presencia humana amorosa y madura la toque y la nombre adecuadamente.

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6 respuestas a Dar cobertura humana

  1. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Quan posem nom a les coses les fem nostres. Quan diem amb paraules, verbalitzem, el què ens passa ho expliquem i encara més important ens ho expliquem,; ho fem nostre.
    Quan els que tenim a prop i ens estimen ens ajuden a explicar-nos les coses que ens passen i a obrir-nos al món creixem i ens fem més persones .

  2. JUAN MA dijo:

    Estoy de acurdo, en palabras de S. Gilligan, una experiencia o expresión no tendrá valor humano hasta que una presencia humana amorosa y madura la toque y la nombre adecuadamente.
    Gracias a los referentes que he tenido tomo conciencia y responsabilidad porque también yo puedo ser referentes de otros y otras personas.
    Muchas gracias,

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