Los tres chilenos y el amor

Parece ser que las Fábulas Pánicas del polifacético chileno Alejandro Jodorowsky (1929) se publicaban en formato caricatura en un periódico mejicano (El Heraldo) todos los domingos entre los años 1967 y 1973. Estas fábulas, presentadas en forma de historia iniciática (diálogos entre alumno y maestro), eran, y son, una suerte de arte para sanar. Más tarde, se recogieron todas en un libro, editado con el mismo título, Fábulas Pánicas, del que me apetece destacar el siguiente jirón:

  • Maestro, ¿podría definirme el odio?

  • El odio no existe: por eso no puedo definirlo como “esencia”, sino como “ausencia”. El odio es la ausencia del amor. Sin embargo, el amor no puede estar ausente porque forma parte del universo, en su esencia. En lugar de “ausencia” tengo que hablar de “olvido”.

En este pequeño diálogo parece que Jodorowsky nos quiere decir que el odio no existe como tal, sino que emerge en ausencia del amor.

Una de las maneras de definir los conceptos es hacerlo por contraposición; así pues, de la misma manera que la oscuridad es la ausencia de luz, el odio sería la ausencia de amor. De esta manera, el odio aparecería como una especie de sombra del amor.

Aunque, a primera vista, pareciera que en ausencia del amor emerge el odio, resulta que, el amor no puede estar ausente, sino que, simplemente, resta olvidado. Yo creo que, Jodorowsky, sutilmente, nos presenta al odio como un aliado del amor. Entre líneas, se puede leer: en la base del odio hay amor; y, por lo tanto, no puede ser su contrario. Y, ésta sería la razón por la que, cuando me olvido de amar, surge el odio. Si me olvido de algo es que ese algo lo tengo, pero, en ese momento -en ese ahora y aquí-, por la razón que fuere, no lo tengo presente. Por ejemplo, yo estoy con mi hijo, con Jan, y quiero que se responsabilice de tal cosa, o quiero que me escuche, o quiero lo que sea…. Y, resulta que, por hache o por be, no me corresponde. Entonces, me olvido del amor que le tengo… y aparece el odio (o una de sus múltiples variantes: la ira, el enfado, etc.); es decir, un amor contrariado. Ha llegado el odio porque la base de nuestra relación está fundada en el amor. Yo, consciente o inconscientemente, pongo unas expectativas en Jan, y él no las corresponde. De alguna manera, él me niega lo que yo le pido, y algo se rompe en nuestra relación. Luego, me enfado; y, de alguna manera, la intensidad de mi enfado mide lo importante que era para mí. De esta manera, el odio, la rabia, vienen a ser una demanda que pide a gritos restablecer el vinculo, regresar al amor.

Por lo tanto, puesto que el amor se encuentra en al base del odio ¿cuál es su contrario? Según mi punto de vista, lo opuesto al amor es el miedo. Si hay miedo, si existen inseguridades, si me abruman las dudas… no puedo amar. Sin embargo, la ausencia de miedo me abre las puertas de la felicidad.

En El eneagrama de la sociedad (2000), el psiquiatra chileno Claudio Naranjo (1932), nos revela que el amor no es una sola cosa, sino tres. Para él, una de las formas del amor es la benevolencia, un buen corazón. Otra, la admiración. Y, una tercera, la alegría.

El amor benevolente, compasivo, es un amor que da; es un amor que privilegia al tú. El amor alegre es un amor-deseo, es el amor que anhela recibir; es un amor que privilegia al yo. El amor admirativo es un amor que da y que recibe, es un amor que se alimenta y al mismo tiempo nutre, es un amor que va más allá del yo y del tú, y proyecta la experiencia de valoración en lo trascendente; es un amor que privilegia al Él.

Naranjo empareja el amor-benevolente con caritas, el amor-deseo con eros, y el amor-admiración con philia. Además, según él, pueden caracterizarse, arquetípicamente, como amor de madre, amor de hijo y amor de padre, respectivamente. El amor de madre es aquel que da, que se entrega, que se desvive por el otro; el amor de hijo es aquel que recibe, que reclama, que busca el placer y satisfacerse; el amor de padre es aquel que da y a su vez recibe, es el amor que tenemos hacia lo grande y universal -y sobrepasa al yo y al tú-, y que dirigimos, por ejemplo, a la belleza, la justicia, la vida…

De la misma manera, el autor prosigue, el amor al yo estaría relacionado con nuestro sistema reticular, vinculado con nuestro instinto de conservación -como seres animales que somos-; el amor al tú con nuestro sistema límbico, vinculado con la sensualidad y nuestro instinto sexual -como seres emocionales que somos-; y, el amor al él, el amor-admiración, el amor a los valores supremos, con el neocórtex, vinculado con nuestro instinto social de relación -como seres relacionales y culturales que somos-.

Para Naranjo, siguiendo la estela de Gurdjieff (1869 – 1949), la felicidad y la salud emocional implicarían un equilibro de los tres centros: el amor al yo -el hacer-, el amor al tú -el sentir- y el amor al él -el pensar-.

El biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana (1928) propone que el amor no es una cualidad o un don, sino un fenómeno relacional biológico. Según él, el amor consiste en las conductas o la clase de conductas a través de las cuales el otro, o lo otro – o incluso uno mismo-, surge como un ser legítimo, en la convivencia, en circunstancias en que el otro, o lo otro -o incluso uno mismo-, pueden ser ellos mismos, sin haber de disculparse por hacer o por ser. Cabe aclarar que, la legitimidad del otro -o incluso la de uno mismo- se constituye en conductas que respetan y aceptan su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir. Legitimidad del otro y respeto por él (legitimidad de uno mismo y respeto por uno mismo), son dos modos de relación congruentes y complementarios que se implican recíprocamente. Según el biólogo -junto a Gerda Verden-Zöller-, en Amor y juego: fundamentos olvidados de lo humano. Desde el Patriarcado a la Democracia (1993), el amor, en los mamíferos, aparece como un aspecto central de la convivencia, en la intimidad de la relación materno-infantil, en la total aceptación corporal. Además, Maturana afirma que la enfermedad surge al vivir de un modo en el que sistemáticamente el amor es negado. Así pues, recuperarse pasaría por abandonar la negación sistemática hacía uno mismo y/o hacia el otro, recuperando la biología de amor como fundamento del vivir.

Para Maturana, viviendo en la biología de amor, cada uno de nosotros podemos llegar a saborear nuestra particular felicidad. La infelicidad, en cambio, aumentará tanto como aumente el apego y las expectativas sobre uno mismo.

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10 respuestas a Los tres chilenos y el amor

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Molt bones Guillem,

    No sé si és pot afirmar que la por sigui un contrari de l’amor, el que està clar és que tant l’amor com la por tenen la capacitat de transformar la percepció de la realitat, tant la interior com l’exterior. Penso que totes les pors convergeixen en una única POR tanàtica, la incertesa que genera la mort… l’amor tal i com la defineix Maturana, seria en el fons, segons el meu punt de vista, una resposta consensuada entre el jo i l’univers a aquesta última i definitiva POR, potser seria una manera de trascendir el punt i final de la vida i convertir-ho, en el millor dels casos, en uns punts suspensius, i pels més avançats en temes de conscinència en una alliberació!.

    Us ben asseguro que estic a anys llum de concebre la mort com una alliberació que cal esperar de forma serena i tranquil·la… però també penso que la por a la mort i el dolor per la pèrdua només poden superar-se caminant en aquest sentit, i el millor company per aquesta travessa és l’amor, dels i cap als altres, i també d’un mateix.

    En relació al debat tant interessant generat en l’anterior post per l’associació dels constructes: mals/bons tractes i intel·ligència, després d’haver treballat molts anys amb infància maltractada i adults maltractadors, crec que puc assegurar, sense por, que la relació causal negativa és força evident en el cas de la infància maltractada, però que aquest fet no determina absolutament res, i molt menys un individu. Les capacitats de recuperació d’un individu (de tornar a generar consensos positius amb el seu entorn i amb ell mateix) no estan escrites en cap estudi, i de la mateixa manera que he vist masses vegades els efectes devastadors d’haver patit maltractaments durant la infància, també he pogut viure situacions que m’han sorprès en el sentit de la resiliència i recuperabilitat. De fet a vegades penso: aquest individu amb tot el que ha patit i encara se’n surt amb prou dignitat, jo al seu lloc, pot ser ja hagués sucumbit fa temps… I a vegades també contemplo, amb gran desconcert, amb quina “aparent” impunitat passen per la vida persones que causen gran dolor a tercers, però això és un altre tema… avui penso massa, però també penso que en el fons no podem saber el que pateixen realment els demés, per això aquella frase: “abans de jutjar a una persona, camina tres llunes amb les seves sabates”.

    Pel tema de la por existeix un tractat de Krishnamurti força interessant: “Sobre el miedo”. No sé editorial ni any.

    Una abraçada,

  2. Moltes gràcies pels teus comentari i pels teus dubtes.
    Com sempre, els comparteixo plenament.

    Una altra abraçada; sense por i amb amor.

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