Fichas, aprendizaje y educación infantil

Hace unos días, cayó en mis manos una carpeta de trabajo dirigida a los niños de 2 años de edad que asisten diariamente a una guardería de cuyo nombre no quiero acordarme. Según se lee en la introducción, el objetivo de la carpeta, repleta de fichas, es que, con la realización de las mismas, el niño desarrolle ciertos aprendizajes. Escojo un al azar: en ella se ven dos pelotas amarillas. Una, grande; la otra, pequeña. En la cabecera, se pregunta: ¿Cuál es la más grande?


El biólogo y psicólogo suizo J. Piaget (1896-1980) hizo una diferenciación fundamental entre 3 tipos de conocimientos: el físico, el lógico-matemático y el social.
El físico abarca el conocimiento de los objetos en su realidad externa; y la única forma que tiene el niño de adquirirlo es actuando sobre dichos objetos, y viendo como responden y reaccionan a sus actos. Por ejemplo, descubre las propiedades de una pelota cogiéndola, botándola, rodándola, desinflándola, lanzándola, pinchándola, etc.
El lógico-matemático está en el sujeto; se encuentra en las relaciones que el niño crea e impone a los objetos. Por ejemplo, cuando observa dos pelotas amarillas, una grande y otra pequeña, y afirma que son diferentes. Las pelotas son observables, pero la diferencia no lo es; es una relación creada por el niño que conecta una pelota con la otra. Tal y como afirma G. Bateson (1904 – 1980) en Una unidad sagrada: pasos ulteriores hacia una ecología de la mente (1991) la diferencia no es material y no puede ser localizada; no está ni en una pelota ni en la otra, sino que se encuentra en la mente de quien hace la relación; y, por lo tanto, otro niño que pusiera su atención en estos dos objetos podría afirmar que son iguales, ya que ambos son de color amarillo.
El social también se encuentra fuera del sujeto. En España, ejemplos de éste serían: saber que el 31 de diciembre termina el año, que no hay escuela los meses de julio y agosto, y todo aquello que nos es propio por el hecho de pertenecer a un entorno socio-cultural determinado.
Ahora bien, cabe decir que, el conocimiento físico no puede construirse fuera de un marco lógico-matemático; no se puede interpretar ningún hecho del mundo exterior si no es a través de un marco de relaciones, clasificaciones, enumeraciones o medidas. Por ejemplo, es imposible reconocer la pelota amarilla si no es en relación con las pelotas de otros colores. Así pues, el conocimiento físico es sólo parcialmente externo, ya que requiere de algún tipo de esquema clasificatorio (aunque sea mínimo) que lo sustente. Por otro lado, también sería imposible distinguir las relaciones de diferente e igual si todos los objetos tuvieran las mismas propiedades físicas. Por eso sería más ajustado decir que el conocimiento físico y el lógico-matemático van de la mano y se desarrollan a la par. Incluso el hecho de llamar a ese color amarillo no depende sólo de algo físico y de algo lógico-matemático, sino que viene mediado por un contexto social, cultural e histórico determinado.
Podemos deducir, pues, que el conocimiento físico no depende solamente de nuestros sentidos, sino también del significado que le demos a través de nuestra particular estructura lógico-matemática; y todo ello mediado por el entorno histórico-geográfico y socio-cultural en el cual vivamos.
Piaget, además, hace una diferencia entre acción y manipulación. La manipulación sería algo externo. La acción, en cambio, sería algo mental que, a veces, se acompaña -y es necesario que así sea- con un acto físico, sobretodo en la primera infancia; etapas sensoriomotriz y preoperativa. Por ejemplo, si queremos saber si una pelota está pinchada o no, y la presionamos con la palma de la mano, esa manipulación es la parte externa de una determinada acción mental que pretende conocer una determinada propiedad del objeto. Lo significativo es la parte mental, que dirige y da sentido a la manipulación externa; sin ella, el acto externo sería simplemente una manipulación inconsciente.

Y, en todo esto, ¿qué papel juegan las emociones? Piaget creía que las estructuras cognitivas evolucionan a partir de la interacción del niño con el mundo exterior; y, según él, el afecto no era el causante de la progresiva estructuración que caracteriza al desarrollo cognitivo. Pero, según mi experiencia, los niños, antes de clasificar objetos físicos, ya son capaces de clasificar relaciones emocionalmente relevantes; por ejemplo, son capaces de diferenciar a los miembros de su familia de aquellos que no lo son, otorgándole implícitamente al concepto familia la categoría de clase. Ahora bien, este conocimiento, aunque lo tengan, podrían no saber expresarlo explícitamente; por lo que concluyo que, a veces, el conocimiento implícito puede estar oculto.
Según S. Greenspan (1941 – 2010), en El crecimiento de la mente y los ambiguos orígenes de la inteligencia (1997), para poder asimilar conceptos (más grande que, menos largo que, etc.) y variables (longitud, altura, etc.) se requiere una experiencia emocional anterior. Para comprender que una pelota es más grande que otra, es necesario que el niño haya podido construir un sentido de la cantidad a partir de innumerables experiencias previas en las que haya tenido más o menos de algo demasiado pequeño o demasiado grande. Así pues, por ejemplo, cuando padre e hijo juegan a hacerse cosquillas y el niño pide más; ese más constituye otra dosis más de placer. Y, cuando el padre le dice al niño que espere un poco más, porque todavía no pueden marcharse de un lugar en el que no se puede correr; ese más constituye un dosis más de malestar. A través de muchas interacciones emocionales, el niño va construyendo su particular mundo de variables y conceptos. De esta manera, por ejemplo, el niño aprenderá demasiado caliente, demasiado frío y temperatura correcta a través de sensaciones codificadas por sus respuestas emocionales a baños placenteros o baños desagradables, platos de papilla fríos o en su punto.

Así pues, coincido con Piaget en que el niño hasta los 6-7-8 años:

  • adquiere el conocimiento físico manipulado objetos y observando como reaccionan frente a sus manipulaciones.
  • adquiere el conocimiento lógico-matemático manipulando los objetos para poderlos poner en relación. A medida que va creciendo va siendo capaz de agruparlos, ordenarlos o distribuirlos mentalmente sin tener que tocarlos físicamente.

Además, creo, coincidiendo con Greenspan, que

  • El niño, a través de las emociones, adquieren un conocimiento implícito del mundo mucho antes de que se hayan desarrollado lo suficiente sus capacidades perceptivo-motoras para que le permitan comunicarnos explícitamente sus avances cognitivos.
  • Las emociones nos permiten identificar los fenómenos y los objetos, y comprender su función y significado. La afectividad, la conducta y el pensamiento son componentes integrales de la inteligencia. Para que el hacer y el pensar adquieran sentido, deben estar en armonía con el sentir. Sin el sentir, el hacer y el pensar carecen de sentido. Tal y como afirma D. J. Siegel en La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser (1999), las emociones en tanto procesos básicos de integración son un aspecto inherente a todas las funciones del cerebro humano.

Así que, es recomendable que el niño manipule objetos porque de esta manera puede construir mejor las relaciones mentales entre ellos. Ahora bien, para el aprendizaje, lo importante no es propiamente la manipulación; sino la emoción corporal que la acompaña y organiza, y la acción mental que se da cuando el niño maneja con las manos (y con todos sus sentidos) los objetos.

Por lo tanto, por un lado, el uso de fichas, en niños menores de 6-7-8 años, con el objetivo de desarrollar una serie de conceptos y relaciones, es altamente desaconsejable, ya que los niños pequeños no pueden pensar demasiado bien sin hacer (tocar, moverse, hablar, etc.) y sin sentirse emocionalmente vinculados. No obstante, por el otro, el movimiento, la manipulación y el ruido, en sí mismos, no son necesariamente constructores de aprendizajes. Entre un extremo y el otro se encuentra un desierto poco explorado y, según mi criterio, lleno de vida y con multitud de oasis repletos de riquezas.

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7 respuestas a Fichas, aprendizaje y educación infantil

  1. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Estic encantada amb aquest escrit i totalment d’acord. Piaget era el meu “ídol” quan estudiava Pedagogia i crec que de Greenspan també vaig llegir alguna cosa però era molt jove (Greenspan) quan jo estudiava…

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