Acompañar tocando

Desde hace un tiempo, para acompañar emocionalmente a los niños, toco. Para mí, el tocar, en general con cualquier persona, y en particular y sobretodo en niños menores de 6-7-8 años, es una manera de transmitir un mensaje, es una manera de acompañar, es una manera de aceptar total e incondicionalmente, es una manera de amar.

De la misma manera que la madre sostiene el cuerpo del bebé -en el sentido que le da D. Winnicott (1896 – 1971)– y, ese apoyo externo le ayuda, al bebé, a adquirir su propio apoyo interno, creo que el tocar el cuerpo del niño, cuando se siente zarandeado por una emoción (rabia, tristeza, alegría, miedo, principalmente) acompaña, de la misma manera que mis manos contienen su cuerpo, a su aparato psíquico a ir desarrollando la capacidad de contener y sostener su estado emocional. D. Anzieu (1923 – 1999), psicoanalista francés, en El yo-piel (1985), propone que la piel es la envoltura del cuerpo, de la misma forma que la conciencia envuelve al aparato psíquico. Es decir, algo así como que la estructura y funciones de la piel y la estructura y funciones del yo presentan entre sí ciertas semejanzas que pueden ser -y son- muy ricas e interesantes. Según Anzieu, toda función psíquica se desarrolla apoyándose en una función corporal cuyo funcionamiento transpone al plano mental.

La emoción nos trae un mensaje. Tal y como apunta S. Gilligan nuestro cerebro antiguo, el sistema límbico, a través de la emoción categorial, nos envía un mensaje dirigido a nuestra Identidad. El tocar al niño, cuando se siente embargado por una emoción, es una manera de ayudarle a conectar con su adentro, a arraigarse en sí mismo, a prestar atención a sus propios procesos, a enfocar su capacidad de escucharse con la finalidad de darse cuenta (sensitiva, sensorial, emocional y cognitivamente) de cuál es el mensaje que su cuerpo le está probando de transmitir, de cuáles son la necesidades que no están satisfechas, de cuáles son sus deseos, y de cómo es que eso es así en el aquí y en el ahora. El aquí es específicamente corporal y por el hecho de tocar al niño le acompaño a situarse en su aquí; y el ahora es básicamente emocional. Tocando, permito que lo corporal y lo emocional se fundan y trasciendan a lo cognitivo que, a veces, los puede bloquear y encerrar. Tal y como afirma el portugués A. Damasio (1944), la emoción es la combinación en paralelo del proceso mental con las repuestas del cuerpo, todo ello relacionado con el cerebro. De ahí la importancia que los tres centros estén alineados: que aquello que pienso sea congruente con lo que siento y, a su vez, sea ratificado por mi expresión corporal a la hora de actuar.

Un educador, cuando toca, acompaña; con suavidad, sinceramente, desde un plano horizontal, con respeto y honestidad, con el permiso que brinda el vínculo ya construido, con su atención plena dirigida al niño, y, como manifiesta A. Jodorowsky (1929), con bondad de madre-padre. El educador, cuando toca, está conectado con su propia esencia, con su yo más profundo. Como dice R. Moss estamos tan lejos del otro cuan lejos estamos de nosotros mismos. Para poder tocar acompañando, permitiendo y favoreciendo que el niño se conecte con él mismo, es esencial que concentremos en nuestras manos todo aquello que somos; y, para hacerlo, no hay otro camino que estar con nosotros mismos. Estar conectados con nuestra esencia nos permite dar desde dentro y, le permite al niño recibir corporalmente un apoyo para que, también él, se conecte con su adentro.

Para mí, unos de los pecados del psicoanálisis es que no toca. Y, coincidiendo con G. Borja (1951 – 1995) se debe romper el tabú de tocar: nuestras manos son poderosas; el educador, cuando toca, humaniza, ayuda al otro a sentir y a no quedarse en el puro contacto mental a través de la palabra.

Desde que R. Descartes (1596 – 1650) separó la res cogitans de la res extensa nuestra cultura separa cuerpo y alma como si cuerpo y alma fueran entes en oposición. Mi manera de entender la educación muestra que el ser vivo es una unidad dinámica; coincidiendo plenamente con G. Bateson (1904 – 1980), –Espíritu y naturaleza (1979)– que en su construcción epistemológica busca terminar con la escisión creada por occidente entre mente y cuerpo, palabra y gesto, razón y corazón. Esta es la razón por la que creo que la aceptación o el rechazo corporal del otro es la aceptación o el rechazo del alma del otro en la unidad de todo el ser. Para poder dar cobertura humana a todo lo que el otro siente y piensa es imprescindible, pues, dar cobertura humana a su corporalidad. Según H. Maturana (1928), al ser la clase de animales que somos, estamos siempre dispuestos a aceptar al otro en su corporalidad, a menos que tengamos teorías culturales que limiten u objeten tal cercanía haciéndola ilegítima; al hacer ilegítima la cercanía corporal del otro, lo negamos. En este sentido, E. Galeano (1940) nos regala un pedacito de sabiduría en este cuento que encontramos en el Libro de los Abrazos (1989):

“¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir el lenguaje que dice la verdad. ”

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13 respuestas a Acompañar tocando

  1. Juan Ma dijo:

    Mi reflexión hoy es la siguiente,Guillem, y quería compartirla…

    Para aprender primero de todo hace falta que nos vaciemos de lo que ya sabemos. Debemos creer que no sabemos para poder aprender. Eso no quiere decir que lo que sepas no sirva. Es muy útil, pero para aprender creo que debeiamos darnos cuenta que ya sabemos y también darnos cuenta que hay cosas que no sabemos. `
    Para que un niño aprenda, para que un adolescente aprenda hace falta primero que se sienta querido, que se sienta tocado, acompañado, amado y para que pueda leer un libro y le sirva lo que ha leído, o un texto o un artículo tiene que estar previamente dispuesto y abierto a aprender.
    Como educador, yo me planteo, ahora que comienza el curso con mis alumnos crear un ambiente, un clima previo al aprendizaje, un “hogar”, un lugar donde nos sintamos importantes, valiosos, únicos, especiales. Entonces podemos comenzar a sacar provecho y fruto de nuestras lecturas, de nuestro aprendizaje. Entonces los alumnos sentiran que quieren leer porque entenderan lo que leen, y querran hacer otras actividades de aprendizaje como observar al profesor en el taller, etc.
    No podemos olvidar que hay muchos factores mas que intervienen en la construcción del aprendizaje, como superar los miedos, salir de la zona de seguridad, asimilar y acomodar, etc.
    Pero pienso que conversando y abrazando y recordando que se les quiere cada dia es la mejor forma de transformación que he conocido. Tocar, conversar, recordar que estmos ahí aún cuando puede ser que un dia no estemos.
    El psicoanalisis a mi no me ha dado esto, me cuesta entender el psicoanalsis, quiero y debo respetarlo, pero pienso que además de no tocar, tampoco nombra con mensajes a la identidad entre el educador y el chico.
    Yo pienso que con respeto, un abrazo, un mensaje al corazón, al alma, transforma a la persona. Se que muchos piensan que no se saca nada, pero yo no voy a dejar de intentarlo, aunque cada día sienta el fracaso, no pienso dejar de intentarlo.
    Para mi no hay mejor terapia que la del abrazo de mis amigos. Sóc feliç
    Juan Ma

    • Me honra que escribas tus reflexiones en este espacio.
      Y, me apetece destacar tres cosas:

      1.- Cuan cierto es que debemos vaciarnos; Krishnamurti decía que par aprender tenemos que ser como tazas vacías; en una taza llena no cabe nada más…
      2.- Últimamente, cuando creo que un niño “no aprende” pienso en dos posibles causas que me regaló Maturana: o bien que el niño sufre algún tipo de bloqueo emocional, o bien que yo no estoy mirando en el lugar adecuado donde el niño sí está aprendiendo.
      3.- En relación al psicoanálisis, creo que, como todas las corrienets, tiene cosas útiles y cosas que no lo son. El secreto es saber qué cosas son capaces de “movernos” y por lo tanto de sernos útiles en cada momento. Según lo que yo pienso, cada corriente funciona como una especie de “arte de sanar”. Y, para mí, la pregunta general sería: ¿por qué esta técnica, o esta teoría, le ha funcionado a esta persona?

      Muchas gracias de todo corazón
      y recibe, aunque sea virtual, un abrazo de un amigo
      Guillem

      • juan Ma dijo:

        Gracias Guillem, por estos matices,
        ya que entiendo mucho mejor. Consideraré las causas que apunta Maturana, pienso que son de gran interés.
        También me siento mucho
        mejor y puedo ser más equanime a la hora de considerar
        todas las posibilidades terapéuticas que existen y que funcionan
        como tu dices des de una especie de “arte de sanar”. Para mi,
        todas las corrientes son consideradas des del más profundo respeto y des de la máxima curiosidad.
        Recibe también un fuerte abrazo,
        Juan Ma

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