Periodo sensible

Debo reconocer que cuando llevamos a nuestra hija, Noa, a su primera visita pediátrica quedé fascinado por la facultativa que la atendió. Noa nació el 2 de octubre de 2009 y la primera visita se produjo el 15 del mismo mes. Después de las exploraciones pertinentes, ya en la entrevista, la doctora nos preguntó: ¿ya han empezado a enseñarle matemáticas e idiomas?

Olga, mi compañera, me miró atónita y yo, descolocado, contesté un seco y tímido no. Acto seguido, la mujer de blanco, nos ametralló con una batería de ejercicios que, desde ya, si se los imponíamos con ahínco, harían de Noa un portento en matemáticas, y facilitarían en sobremanera su posterior aprendizaje de idiomas. Como colofón, y con voz de avisó, nos amenazó: Y, sepan que, lo que no aprenda en su primer año de vida, luego, ya no lo aprenderá.

Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana, en su libro Del gesto a la palabra (1995), nos habla de la famosa impregnación. Este fenómeno revela que una misma información puede adquirir, según el momento de desarrollo del organismo que la recibe, un valor fundamental o, por el contrario, insignificante. En este sentido, tal vez el experimento más conocido fue el desarrollado por el etólogo Konrad Lorenz (1903-1989), que mostró cómo una cría de pato puede seguir cualquier objeto que se mueva en su campo visual, siempre que tal movimiento se produzca en un período -llamado periodo sensible– comprendido entre la 13ª y la 16ª hora después del nacimiento. Cabe decir que, aunque este período no tiene una rigidez matemática, sí es cierto que tiene unos límites bastante bien definidos.

M. Spitzer en Aprendizaje: neurociencia y la escuela de la vida (2002) nos cuenta que diversas especies de pájaros consiguen pasar el invierno porque han escondido comida hasta en 10000 lugares diferentes, lo cual les permite acceder a ella cuando en el entorno ya no crece nada. El hipocampo de estos pájaros, comparado con el de otras aves, que no manifiestan esta conducta, es claramente mayor. Esto no es raro, pues estos pájaros requieren de un área de memorización mayor para poder recordar tantos escondites. Lo aún más curioso es que, en el momento del nacimiento, estos pájaros poseen un hipocampo igual, en tamaño, que el de otras especies que no manifiestan esta conducta de ocultación. Estudios detallados han mostrado que el hipocampo de las aves que esconden comida crece de forma extraordinaria entre el día 30 y el 50 de vida -y, simultáneamente, en este período, comienzan a mostrar este comportamiento de ocultación-. Parece ser, pues, que existe una especia de ventana temporal –período sensible- dentro de la cual debe producirse el comportamiento y en el que puede tener lugar el crecimiento de la estructura cerebral responsable del mismo. Si ese lapso temporal pasa, el comportamiento ya no puede ser aprendido.

En el ser humano también se dan esos períodos sensibles. Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith en Cómo aprende el cerebro: las claves para la educación (2005) profundizan en los dos más conocidos: la afinación temprana de los sonidos y el reconocimiento de caras.

En referencia a la afinación temprana, M. Spitzer nos cuenta que ciertos estudios demuestran que los lactantes de 4 a 6 meses pueden distinguir los sonidos de su lengua materna tan bien (o tan mal) como los sonidos de otros idiomas. A partir de esa edad, los sonidos de la lengua materna se van distinguiendo cada vez mejor, y los de otras lenguas cada vez peor. Los niños de 10 a 12 meses pueden distinguir sólo sonidos de su lengua materna.

En relación a las caras, parece ser que los bebés nacen con una formidable capacidad para reconocer caras. Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith afirman que del mismo modo que los anadones llevan a su madre grabada en la memoria y, dentro del período sensible, siguen a cualquier objeto que se mueva, parece ser que a los bebés recién nacidos se les queda grabada la cara de aquellos a quienes ven más. M. Spitzer nos cuenta que, según el entorno social en el que nos ha tocado vivir -siguiendo una lógica parecida a la del idioma- , a lo largo del tiempo, los rostros humanos que siguen el prototipo de nuestro entorno social se reconocen cada vez mejor e, inversamente, la capacidad de distinguir otros rostros es cada vez peor. Esta sería la razón por la que para un europeo tipo, todos los orientales (japoneses o chinos, por ejemplo) nos parecen iguales a primera vista. Así pues, parece ser que el sistema para el procesamiento de rostros se adapta a un prototipo humano durante el primer año de vida.

En ciertos círculos se han comparado los períodos sensibles con una ventana para el aprendizaje, que se cierra de golpe tras un determinado intervalo de tiempo. Además, se ha especificado que ese aprendizaje, que se abre y se cierra, está directamente vinculado con las funciones y la formación académica (idiomas, lectura, matemáticas, lógica, música, etc.). Y, esto, para más inri, se ha utilizado para vender una serie de productos llamados de estimulación temprana que, supuestamente, servirían para enseñar a los niños destrezas académicas usando tarjetas ilustrativas, vídeos y otros materiales audiovisuales que transformarían al niño en un Einstein.

Las ventas para el aprendizaje existen pero la sabia naturaleza las cierra porque es útil y necesario cerrarlas. Al principio, el bebé es capaz de distinguir un amplio surtido de caras y voces, pero, a medida que crece, algunas de estas distinciones se vuelven menos necesarias y se pierden. La afinación de ciertas distinciones y la pérdida de otras es útil para el necesario procesamiento rápido de estímulos importantes.

Los dos ejemplos de ventana que he puesto (visual y auditivo) hacen referencia al desarrollo sensorial; ya que éste, según lo que yo sé, es el único aspecto del desarrollo cerebral humano que se ha estudiado en profundidad. Por lo tanto, disponiendo de los datos de los que se disponen, es aventurado e inexacto generalizarlos a todo tipo de aprendizaje y, más concretamente, a los de tipo académico. Además, las investigaciones nos animan a creer que, en cierta medida, es posible recuperar determinadas capacidades que en su momento no pudieron ser activadas (aunque acaban siendo ligeramente distintas y se basan en estrategias y vías cerebrales diferentes).

Teniendo en cuenta lo que se sabe sobre el desarrollo cerebral, todas las funciones estudiadas hasta el momento (visuales, de movimiento, de memoria…) se adquieren en casi cualquier entorno del mundo (suficientemente enriquecido) aproximadamente a la misma edad. Además, cabe decir que (véase Quiero vestirme de banco) estos aprendizajes se realizan de manera natural si el niño encuentra en su entorno la estimulación básica adecuada -que no sobreestimuación- y unos adultos, suficientemente competentes, que le traten con amor.

Se desconoce si existen períodos sensibles para el desarrollo de habilidades no sensoriales (aunque hay pruebas de que existen varios períodos sensibles para el desarrollo de lenguaje). Y, tal y como apuntan Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith, una posibilidad fascinante, aunque puramente especulativa, sería que el proceso sinaptogénico que se producen en los lóbulos frontales durante la adolescencia (véase Quiero vestirme de banco) estuviera acompañado de ciertos períodos sensibles relacionados con el ajuste del autocontrol y las funciones ejecutivas, como sucede en el ajuste de la percepción de caras y voces.

Para terminar, una buena noticia, otra mala y un apunte histórico.

A finales de pasado 2009, la compañía Disney hizo púbico un comunicado en el que hacia saber que devolvería el dinero a todos aquellos que habían adquirido, desde el 2004, los DVD de la colección Baby Einstein dirigida a niños y niñas de 0 a 3 años. Las causas: a) la ausencia de evidencias que el materia, tal y como se afirmaba, mejoraría las capacidades infantiles; b) las denuncias de este hecho.

Desgraciadamente, la medida sólo tiene aplicación en Estados Unidos; y, en España, no todos los pediatras están informados de ella.

M. Montessori (1870-1952) ya intuyó, a su manera, hace más de 60 años en su libro La mente absorbente del niño (1949), que existían una serie de períodos sensibles. Para mí, la segunda gran intuición de la italiana (véase Quiero vestirme de banco).

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10 respuestas a Periodo sensible

  1. Mirta Pola Rossi dijo:

    Hermoso artículo, lo felicito soy docente y neuropsicoeducadora quisiera ponerme en contacto con Ud. lo saluda MPR

  2. Pingback: Observaciones al método Montessori | Ser para educar

  3. Rosa Roma dijo:

    Sembla una cursa per aprendre les coses, els nostres infants estan sobre estimulats. Com molt bé dius la natura és molt sàbia, i aquestes finestres es tanquen. Això no vol dir que no es puguin aprendre aquestes capacitats més endavant, si es que ens seran útils o les necessitem. Com dius en una altra reflexió, no per tenir més competències som més competents. Una reflexió personal, em sembla que ens hem allunyat tan del que és natural… Moltes pares, tot i que volen el millor pels seus infants, els acaben estressat i sobrestimulant, dirigint tot allò que el nen/a fa o aprèn, i sense saber-ho o sense cap mala intenció estant aconseguint el contrari del que ells voldrien. Totes aquestes capacitats són importants però els objectius dels infants no són els dels pares, i els pares hem de intentar observar les coses com els nostres fills, deixar-los fer i aprendre i acompanyar-los però no dirigir i embotir el coneixement que nosaltres o la nostra societat ens fa creure que és important.

    Un cop més, Guillem, gràcies per provocar el meu pensament!

    • En referència a això que dius hi ha un llibre de Gregory Bateson que es titula MENTE Y NATURALEZA.
      És ben interessant quan vivim adonant-nos que nosaltres, malgrat que som els animals més desenvolupats, també formem part de la natura.

      gràcies per passar-te per aquí.
      una abraçada

  4. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Sí hi ha pares que apunten als seus fills a multitud de classes que ells creuen que faran un bé als seus fills i acaben estressant-los. Jo penso que la societat de consum també es manifesta en això. És possible que els nens de petits siguin capaços d’aprendre idiomes amb més facilitat, però no per això hem de fer-los traductors simultanis des de petits. La vida ens permet obrir la gran finestra del coneixement quan volem saber, experimentar…Sempre som a temps a obrir-nos al món i als altres. Jo no seré una gran informàtica mai, però en sé el suficient per connectar-me aquí i per demanar ajuda quan no en sé. Visca la formació continuada!!!

    • A vegades penso que per a molts l’educació és una via envers l’èxit; a vegades penso que per a mi voldria que l’educació fos una via envers la felicitat. A vegades penso que, en determinades ocasions i maneres, l’èxit i la felicitat són oposades. I, és clar, tot depèn de com cadascú entengui l’èxit i la felicitat.

      Gràcies pel comentari

  5. Pingback: Motivación y aprendizaje o el sorprendente caso del Sr.Pink (2ª parte) | Ser para educar

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