Atención plena

La primera vez que oí hablar del concepto de atención plena o atención no-dividida fue gracias a la lectura de uno de los libros de Rebeca Wild (1939). A raíz de ahí, y en primer lugar, empecé a profundizar en el trabajo de Emmi Pikler (1902 – 1984) en Lóczy, Budapest, y su particular e insólita práctica de la atención personal (comida, higiene, sueño, etc.).

Al mismo tiempo, me fui dando cuenta que diversos métodos y escuelas tenían su estrella en la atención plena. Por ejemplo, en la Terapia de juego de Virginia Axline (1911 – 1988), la atención plena, de la mano del acompañamiento no-directivo, construye la compresión profunda y la consideración positiva incondicional del niño, heredados de C. Rogers (1902 -1987). Otro ejemplo, aunque con algunos aspectos bien diferenciados, lo constituye el Floortime de S. Greenspan (1941 – 2010). La técnica Tiempo en el suelo (dentro del modelo DIR/Floortime) es una manera de interactuar con el niño bajo sus condiciones y liderazgo. Los adultos se sitúan al mismo nivel que el niño y, sin interferir -pero, sí, interviniendo y participando con el objetivo que el niño vaya alcanzando pequeños logros-, prestan atención, y se acoplan, a sus intereses emocionales, iniciativas e ideas. En este espacio-tiempo el niño funciona de manera autónoma y, eso, sumado al uso de límites -claros, concisos y firmes- da como resultado la estructuración de un proceso segurizante y de aceptación.

Según lo que yo creo, el milagro la atención plena es una suerte de meditación activa, al estilo de Thich Nhat Hanh (1926), que emerge de la relación entre el niño y el adulto; y se da, tal y como explica C. Naranjo (1932), en la convergencia del ver y del no hacer. Digo meditación porque el adulto vive, en el aquí y ahora, momento a momento, sin distracción ni interrupción, el pensar, el sentir y el hacer del niño; el adulto, sin dejar de estar centrado en sí mismo, le hace al niño, según R. Moss, el mejor de los regalos: su total y plena atención. El adulto deja pasar sus pensamientos, sus urgencias, sus obligaciones… como las nubes pasan por el cielo; y, con base en la conciencia de su respiración, centrado en su cuerpo y en su sentir, atiende de manera incondicional y unificada al niño en su totalidad. Digo activa porque el adulto sigue, por un lado, a él mismo (observando y sintiendo aquello que se le va abriendo en su interior, separando lo que es suyo de lo que es del niño, valorando la utilidad de una posible intervención, etc.); y, por otro, viendo, el afuera -sus movimientos, sus gestos, su lenguaje no-verbal, sus expresiones- e, intuyendo, el adentro -su sentir y su pensar- del niño (observándolo; analizando la relación que se va estableciendo entre sus necesidades-deseos y el entorno; actuando, si es menester -cuando el niño se encuentra en una situación difícil, cuando se da un conflicto que no puede resolver por si solo, cuando se observan signos de cansancio o disgusto, etc.-, siguiendo su intencionalidad, sin avanzarse, respetando su ritmo, permitiendo que sea él mismo quien abrace su particular y propia construcción del espacio-tiempo).

En Lóczy, un centro de acogida para niños y niñas de 0 a 3 años, se trata al niño como un ser que siente, observa, se mueve, aprende y comprende -de manera autónoma- si se le da la oportunidad. Las educadoras no son bruscas ni aparentan prisa, y parecen conceder a cada niño todo el tiempo que necesita. En este centro las actividades de atención personal nunca se interrumpen; la educadora siempre -o casi siempre- termina al ritmo del niño lo que ha empezado a hacer con él. La educadora, durante toda la actividad, habla al niño mirándole; le describe con palabras lo que ella hace, le comenta sus reacciones -las de él-, le pregunta a él qué prefiere, o le expresa su opinión -la de ella- de forma auténtica. Además, la educadora espera del niño una cooperación activa en los gestos necesarios para realizar las actividades de atención personal.

Me imagino un posible relato de E. Pikler en relación a la atención no-dividida. Se encuentra una de las educadoras del Instituto Lóczy de Budapest atendiendo en brazos a un bebé. Mientras, otros tres descansan en sus respectivas cunas. De repente, uno de los bebés acostados, rompe en llanto. La educadora, tranquila y serena, con movimientos suaves, se dirige al niño que tiene en brazos y le dice: “Janosh, vamos a ir a ver qué le pasa a Tamas”. Acto seguido, se acerca a la cuna, toca al bebé, se cerciora que todo está bien, y le dice: “Tamas, ahora, no puedo atenderte, estoy con Janosh. Cuando termine con él, estaré contigo”. Finalmente, mirándole, vuelve a dirigirse al bebé que lleva a cuestas, y, con voz dulce y suave, le dice: “Jansoh, vuelvo a estar contigo”.

Quiero acabar diciendo que, el niño, en esos espacio-tiempo de atención plena, es donde-cuando se siente totalmente aceptado y, por consiguiente, absolutamente querido. Y, eso, es, a mi modo de entender una necesidad verdadera; puesto que, esos momentos, son constructores de la identidad, del sentido propio. Así pues, como afirma H. Maturana (1928), el desarrollo adecuado del niño, a veces, resulta alterado, ya que, en nuestra cultura, el padre y la madre dirigen su atención más allá del aquí y el ahora, más allá del presente de la relación con su hijo.

En algunas ocasiones, y respondiendo a causas diversas, he aconsejado a padres y madres que le dedicaran a su hijo 15-20 minutos de atención plena diaria: cuando los ojos de la madre y del padre se encuentran con los ojos del niño o del bebé, cuando los sonidos del padre y la madre responden de manera congruente a los sonidos de niño o del bebé en el fluir de sus interacciones, cuando el padre y la madre tocan al niño o al bebé cuando éste les toca… los resultado son sorprendentes.

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20 respuestas a Atención plena

  1. leandra dijo:

    Me gustó !
    Sólo hacer un apunte: hablas de atención plena en la infancia. GENIAL !
    Qué pasa con la adolescencia, juventud, la edad adulta … y la vejez ?
    Pienso que todos agradecemos el encontrar a alguien que nos dedica un espacio de “atención plena”, tengamos la edad que tengamos.
    Gracias Gurú😉

    • Coincido contigo.
      Todos y todas lo agradecemos y lo necesitamos.

      Y, además, diría que todos y todas necesitamos, primero, dedicarnos atención plena a nosotros mismo. Todo un reto.

      Un abrazo

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