La tristeza

“El papagayo cayó en la olla que humeaba. Se asomó, se mareó y cayó. Cayó por curioso, y se ahogó en la sopa caliente. La naranja se desnudó de su cáscara y se la ofreció de consuelo. El fuego que ardía bajo la olla se arrepintió y se apagó. Del muro se desprendió una piedra. El árbol, inclinado sobre el muro, se estremeció de pena, y todas sus hojas se fueron al suelo. Como todos los días llegó el viento a peinar el árbol frondoso, y lo encontró pelado. Cuando el viento supo lo que había ocurrido perdió una ráfaga. Cuando el cielo se enteró de la mala noticia, se puso pálido. Y viendo el cielo blanco, el hombre se quedó sin palabras.

El alfarero de Ceará quiso saber. Por fin el hombre recuperó el habla y contó (…). (…) Entonces el alfarero reunió toda la tristeza. Y con esos materiales, sus manos pudieron renacer al muerto. El papagayo que brotó de la pena tuvo plumas rojas del fuego y plumas azules del cielo y plumas verdes de las hojas del árbol y un pico duro de piedra y dorado de naranja y tuvo palabras humanas para decir y agua de lágrimas para beber y refrescarse y tuvo una ventana abierta para escaparse y voló en la ráfaga del viento.”

E. Galeano (1940) recoge está historia en su libro Las palabras andantes (1993). Este pasado fin de semana, en casa de mi hermana, al releerla en formato de cuento infantil, me conecté con mi propia tristeza.

Según D.J. Siegel, la tristeza es una de las emociones categóricas (ira, alegría, miedo, etc.) y, coincidiendo con S. Gilligan, creo que este tipo de emociones nos envían un mensaje de nuestro cerebro antiguo -el sistema límbico- en relación a nuestra Identidad. En el caso de la tristeza el mensaje nos habla de una pérdida; nos indica que hemos sufrido una pérdida (física, emocional, cognitiva) a nivel de nuestra Identidad.

Hernán y Gabriela son unos amigos que, en el espacio de los últimos 3 años se han instalado en mi Identidad; a través de los lazos que crea el vínculo, han pasado a ser parte de mí, de lo que constituye mi edificio personal, convirtiéndose en un pedacito más de aquello que emocionalmente define mi sentido más íntimo del Yo. Hace ya algún tiempo que sé de su partida, de su regreso al lugar que les vio nacer y, desde que me llegó la noticia, una parte de mí ya empezó a añorarles. El duelo por su marcha ha transitado por mí y hace unos días llegó al puerto de la tristeza.

Las lágrimas son útiles para que la tristeza no se quede en el fondo de uno mismo. Un niño que, por no encontrar aceptación en los adultos que le rodean, reprime su llanto conserva su dolor dentro de sí; aderezándolo con una pizca de soledad y un sensación de no sentir emociones adecuadas. Cuando Herán y Gabriela estén allende los mares desenfundaré la nostalgia y me permitiré sumergirme en la red de recuerdos compartidos para poder asimilar la realidad de la pérdida y, así, repararme; reconstruir mi identidad después de haber sufrido un desgarro. Cuenta Homero en la Odisea que Penélope lo hizo con Ulises; y, yo, de la misma manera, con los hilos de la tristeza, día a día, tejeré mi propia identidad: visitando mis conexiones internas con aquellos que quiero y he perdido, rellenaré las brechas, airearé los sentimientos ocultos, remendaré los rotos y arreglaré los descosidos. Y, como el alfarero de Cearé, reuniré toda la tristeza y con ella me rearé a mi mismo asimilando, aceptando, integrando y transcendiendo a mi nueva realidad.

Como educadores es importante acompañar la tristeza de niños y niñas. Firmemente creo que, para acompañar la tristeza es simplemente imprescindible dejar lugar para el llanto, un llanto verdadero, sanador; expresión de la pérdida. En palabras de M. Wild, siguiendo la estela de la psicóloga A.J. Solter (quien, a su vez, fue alumna de J. Piaget), un llanto de desahogo para regresar al equilibrio perdido. En este proceso de acompañamiento (véase Acompañar tocando), si cabe y se presta, con respeto, se puede acoger corporalmente al niño y respirar, desde nuestro interior, con atención plena (véase Atención plena), tranquila y profundamente, su tristeza. En este camino, probablemente, se abra en nosotros un espacio interior: el de nuestras propias tristezas. Por lo tanto, desde ahí, sosteniéndonos a nosotros mismos -y solamente si eso nos es posible-, podremos sostener al otro. El adulto -conectado con él mismo, y acogiendo y aceptando lo que en él se abre- podrá estar conectado con el niño, y éste, entonces, le sentirá cerca. En mi caso, además, animo verbalmente al niño a llorar todo lo que necesite: Llora, Itziar, llora todo lo que necesites.

El adulto, de esa manera, le brinda al niño cobertura y presencia humana (véase Dar cobertura humana); desde su hacer le transmite que la tristeza es algo propio de los humanos; que le pertenece, que le es útil y propia. El adulto, desde su posición, le envía al niño el siguiente mensaje: me honra ver tu tristeza; y tu llanto te hace digno.

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6 respuestas a La tristeza

  1. Maria Magarolas Jordà dijo:

    La tristesa pot ser fruit de la separació temporal o definitiva (la mort). Jo en tinc una experiència, no de mort que va ser molt profunda. Crec que va durar més d’un any. Sembla, dic sembla…no ho sé, que en un nen segons quines tristeses són més fàcils d’acompanyar. També es produeixen tristeses més profundes que són més difícils de gestionar, però tan en grans com en petits l’acompanyament, l’empatia, el ajudar a verbalitzar-ho fan que el procés sigui menys feixuc. En els grans, en mi particularment, va ser un procés molt llarg que he anat superant emocional i racionalment. Parlar-ne ajuda molt. Sentir-te acompanyat també. És un procés que si no has passat mai et resulta dolorós, llarg i una mica incomprensible…
    Les persones que saben de la teva tristesa no sempre són capaces d’acompanyar-te durant tant de temps… És complicat, però en pots sortir. A vegades hi ha persones que necessiten de professionals.
    Quan en surts, realment ets un “ocell” nou fet, construït des de moltes coses que eres, has viscut i has refet, però…ara tot recordant queda una mica d’anyorança d’allò que va ser.
    Ser curosos en les tristeses dels infants és molt important. A molts nens els hi costa verbalitzar el que els hi passa i les sensibilitats de les criatures són molt diverses. Hi ha persones que ho despatxen ràpidament com a criaturades, però no ho són. Els nens sobre tot a segons quines edats (7,8,9 anys) tenen pensaments molt profunds que els resulten incomprensibles i els hi produeixen por o tristesa que és important prendreu seriosament i acompanyar-los.

    • Gabi dijo:

      Querido Guillem, creo que aún es pronto para contestarte, aunque también la tristeza y la nostalgia me han visitado muy asiduamente en estos años, y ( lo sabes) no sólo por mi lejanía de mi tierra, sino por el inminente alejamiento de esta.
      Decía que aún es pronto, porque no me mereces una respuesta ligera, y estoy en un estado emocional nuevo que no puedo encajar en ninguno de los conocidos por mí.
      Por todo ello, tomo de tus palabras: “desenfundaré la nostalgia y me permitiré sumergirme en la red de recuerdos compartidos para poder asimilar la realidad de la pérdida y, así, repararme; reconstruir mi identidad después de haber sufrido un desgarro.” Y me lo llevo como nuevo aprendizaje a vivenciar, gracias por otra perla más de tu sabiduría.
      Te quiero. Te espero. Te abrazo. Hasta pronto compañero!!!

    • L’altre dia, parlant amb tu, vam acordar que la tristesa que encara ara et conmou, per ventura, fa més de 5 anys que et remou.
      Ben profund i a un gan alt nivell havies de tenir aquest vincle per a que la cicatriu trigui tan en tancar-se, oi?

      Això em va fer pensar en dos coses:

      1.- Hi ha relacions i vivències que ens marquen en el més profund de nosaltres mateixos; i, generalment, tenen a veure amb allò que podríem anomenar el nostre nivell transpersonal. L’espiritualitat, penso, estaria en aquest nivell transpersonal.
      2.- La manera en com es trenquen certs vincles també influeix, i molt, en la manera en com ens marca la ruptura. Les formes en les que algú (o alguna cosa) desapareix de la nostra vida marca la forma, la profunditat i la grandària de la cicatriu i del nostre dolor.

      En el teu cas, penso, es donen els dos elements. El vincle el tenies situat en el teu nivell transpesonal i, alhora, la ruptura del vincle va ser de tal manera que et va provocar una gran cicatriu i molt de dolor.

      Gràcies per compartir-ho i per ajudar-me a reflexionar
      Una abraçada

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