La evolución cooperativa

P. Kropotkin (1842 – 1921), geógrafo, naturalista y pensador ruso, en El apoyo mutuo: un factor en la evolución (1902), a partir de sus expediciones por Siberia (1862 – 1867), decía que la vida era posible porque se regía por la búsqueda de lo agradable y que su condición primordial era la ayuda mutua, la cooperación.

Según estudios actuales, el desarrollo de los primeros organismos se dio en el marco de una sociedad cooperativa. Un escenario que quedaba lejos de la etapa en la que el funcionamiento de otros seres vivos forzó, millones de años después, a la violencia y la depredación. Según Lynn Margulis (1938), en ¿Qué es la vida? (1996), las primeras comunidades de seres vivos, hace miles de millones de años, se regían siguiendo criterios de eficacia que les llevó a la cooperación continuada. El desarrollo y la felicidad emergían a través de un sofisticado ejercicio de colaboración entre los organismos. Kropotkin, crítico de las ideas de H. Spencer (1820 – 1903) -padre del término darwinismo social- y de T. H. Huxley (1825 – 1895) –uno de los más acérrimos defensores de las tesis de Darwin-, ya decía que cada ser vivo busca su propio bienestar y lo alcanza agrupándose con otros.

La selección natural ha sido enriquecida y, según mi personal visión, matizada significativamente por la bióloga estadounidense Lynn Margulis en lo que se ha dado en llamar la Teoría de la endosimbiosis, una explicación del origen de los Eucariotes, según la cual hemos evolucionado a partir de la asociación y la cooperación entre bacterias. Margulis, en Gaia: implicaciones de la nueva biología (1989), nos explica que la célula eucariota está formada por otras células; a modo de comunidad de microbios que actúan recíprocamente. En la historia de la evolución ha imperado más la colaboración entre las especies que la competencia despiadada entre ellas.

Desde que tengo uso de razón, en mi trabajo en pro de la cooperación y la confianza, han existido voces -dentro y fuera de mí- que me avisaban de lo naif y suicida de mi propuesta. Educar para la cooperación, a los ojos de las teorías darwinianas, parecía antinatural; y, en el marco socioeconómico neoliberal, parecía irracional. Esto llevaba a pensar a algunos que, aquel niño o niña que, por descuido, azar o mala suerte, hubiera vivido en la colaboración y la confianza, en algún proyecto burbuja como en los que yo participaba, estaba predestinado, cuanto menos, a estrellarse en el mundo real, sino a transformarse en un inadaptado.

Un mundo real en el que la mayoría de personas tienden a pensar que los resultados que obtienen son fruto de la competitividad, de su esfuerzo particular e individual e, incluso, a veces, de la suerte. Pero, parece ser que la nueva historia de la evolución nos muestra que tanto nosotros como el resto de seres vivos estamos inmersos en un proceso sistémico el resultado del cual depende del comportamiento de unos y de otros; es decir, de la cooperación y la reciprocidad.

Desde el respeto más profundo al trabajo de Darwin (1809 – 1882) y recogiendo su tremenda aportación a la biología -y al desarrollo humano en general- cuando afirma que el universo es un proceso en evolución constante -en contra del pensamiento imperante en la época-; de lo cual siempre he creído que se deduce (a nivel educativo) que el desarrollo del niño y la niña (y del adulto) -y, por ende, la educación- sólo pueden tener un fin dinámico y no estático, durante casi dos décadas, con el objeto de corroborar mi intuición sobre la importancia de la colaboración, he estado buscando alternativas a la ausencia de aspectos como cooperación o ayuda en su libro El origen de las especies (1859). Hace ya muchos años, cayó en mis manos un panfleto donde se esbozaban las críticas que el filósofo K. Popper (1902 – 1994) hizo al darwinismo, pero desde entonces deambulé por el averno del vacío. No ha sido hasta este último lustro que me he encontrado con H. Maturana (1928), biólogo chileno, quien, como uno de los abanderados de la nueva biología (J. Lovelock (1919), G. Bateson (1904 – 1980), L. Margulis, F. Varela (1946 – 2001), etc.), contradice la tesis evolucionista darwiniana y afirma que la competencia no es el motor del progreso. Según él, como seres vivos somos adictos al amor y dependemos de la cooperación, no de la competencia y la lucha. En otro tono, M. Sandín (1950) –con el que no comparto todos sus modos de desmontar a Darwin-, profesor titular de bioantropología de la Universidad Autónoma de Madrid, afirma que las investigaciones más recientes en el campo de la embriogénesis ponen de manifiesto su absoluta incompatibilidad con la teoría darwiniana de la evolución.

Los organismos vivos colaboran, construyen espacios ecológicos, de conjunto. Incluso el funcionamiento de nuestro cuerpo está regido por la colaboración: los órganos, las moléculas y las células interactúan entre ellas de manera respetuosa y en armonía; un órgano depende del funcionamiento de otro, su relación no es competitiva; las células se mantienen unidas formando tejidos, etc. Tal y como dibuja Casilda Rodrigañez, en El asalto al Hades: la rebelión de Edipo 1ª parte (2010), a partir de la metáfora de L. Margulis y D. Sagan de que la vida es una sinfonía sensible cuya música no cesa nunca, los cuerpos de los animales pluricelulares son un orquestación de música e instrumentos, de energía cósmica biosolidaria.

Así pues, parece que, aquello que algunos ya intuíamos, ahora, al menos para los que queremos creemos en la nueva biología, se nos confirma. Lo natural en el ser humano y en resto de seres vivos no es la competencia, sino la colaboración. Por ello, vivir en la confianza abriendo puertas a la colaboración, nos conecta con lo que nos es propio, con lo profundo e instintivo, con aquello que tenemos gravado a fuego vivo en todas y cada una de nuestras células.

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12 respuestas a La evolución cooperativa

  1. Paula dijo:

    Gracias Guillem por tu artículo. Empecé a leer a Lynn Margulis cuando estudiaba biología, pero no se me ocurrió releerla ahora que estudio Educación infantil, así que gracias por tu reflexión que encuentro muy acertada y revolucionaria.

  2. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones Guillem i companyia, avui hem permetré el luxe de fer una mica d’esgrima…

    qui em coneix sap que sóc molt competitiu. No m’agrada la sensació de perdre i sempre dóno el màxim en tot allò que faig. No em produeix gran satisfacció el fet de guanyar o sentir-me superior a altres, però en canvi sento profunda frustació quan sento que he perdut. Guanyar i perdre. Víctima i vencedor. Dues cares de la mateixa moneda. Una energia gens menyspreable en la nostra societat actual.
    Però amb el temps vaig reflexionar. D’on ve aquest esperit competitu?. En el meu cas no l’atribueixo, d’entrada, a l’educació rebuda a casa, doncs els meus pares són gent molt humil que mai m’han presionat per a res… D’on ve? De la societat? Hem nego a pensar que la societat determini la meva personalitat… Innat? Inconscient col·lectiu primari?,… sempre m’ho he preguntat…

    Fa un parell d’anys vaig començar a descobrir algunes cosetes:

    Competitivitat o ganes de ser acceptat pel grup?, per tant amb qui competeixo, amb mi mateix?. Si entenem competitivitat com una manera de ser acceptat pel grup, el flaire totalment egocèntric del ser competitiu es comença a diluir. Per què volem ser acceptats pel grup?, pot ser encara volem “quedar bé” davant dels pares?, uns pares simbòlics que lògicament en el ser adult s’ha transferit cap a altres grups d’influència?. Quan podem cooperar? Quan som acceptats dins d’un grup… és molt difícil cooperar solidàriament quan considerem que un grup ens margina. Per tant, competim per ser acceptats i després cooperem?

    Uff!, això voldria dir que parlem d’un procés, i per tant que, tant natural és una cosa (la competició) com l’altre (la colaboració), i entenc que el paper de l’educació, i ara em salto vint-i-cinc premises per no allargar-me més, seria armonitzar aquestes dues forces. Meres intuïcions…

    Salut!

  3. Santi dijo:

    Siento volver a no estar de acuerdo en la mayoría de las afirmaciones que haces, amigo Guillermo. No es cierto que la “tesis evolucionista darwiniana” afirme que la competencia es el motor del progreso. Yo no hablaría únicamente de competencia, y no utilizaría el término progreso. Yo diría que la selección natural adapta los organismos a los cambios que se producen en sus condiciones de vida, respetando sólo a los que son más eficaces. Ser mas eficaz puede pasar a veces por la cooperatividad. En muchas ocasiones se resume la teoría evolutiva de Darwin como “la supervivencia de los mas fuertes”. Esto puede llevar a pensar que la selección natural promueve el individualismo, la lucha o la competencia, cuando no es cierto. Acerca del progreso, las especies no progresan, cambian. La imagen de que el hombre está en lo más alto de la escala evolutiva y que todos los cambios llevan al progreso no es cierta. Tampoco estoy de acuerdo contigo cuando afirmas que “La selección natural ha sido reinterpretada por la bióloga estadounidense Lynn Margulis”. La Dra Margulis ha contribuido enormemente a la ciencia con la teoría endosimbiótica del origen de los eucariotas y a la difusión de la ciencia en general. Pero hablar de que ha reinterpretado la selección natural me parece excesivo. Cómo decía antes, para mi la cooperatividad encaja perfectamente con la selección natural.

    Estoy en completo desacuerdo contigo también cuando afirmas que “Durante casi dos décadas, con el objeto de respaldar mi intuición y mi modelo educativo, he estado buscando alternativas a Darwin (1809 – 1882) y su libro El origen de las especies (1859).” Encuentro muy peligroso querer cambiar o buscar alternativas a las leyes naturales para respaldar una intuición, creencia o modelo educativo. Eso por ejemplo es lo que hicieron los nazis con la eugenesia. No creo en absoluto que la selección natural ponga en duda tu modelo educativo y tu firme convicción de que hay que educar en la colaboración y la confianza. Separemos las cosas. La selección natural nos explica la evolución de las especies, pero no sustenta ningún tipo de modelo educativo (ni siquiera el modelo educativo opuesto al tuyo) y querer reinterpretar las leyes de la naturaleza pare que se ajusten mejor a mis pensamientos, intuiciones, modelos educativos, … no es la forma adecuada de hacer progresar a la ciencia.

    También creo que exageras un poco. Yo también diría que vivimos en mundo muy competitivo, individualista, ….. Pero los valores de la colaboración, trabajo en equipo y confianza son una de las cualidades mas buscadas en el entorno laboral. Estas cualidades son las que incluso pueden marcar la diferencia entre el triunfo y el fracaso en una sociedad super-competitiva. Por eso creo que hasta el máximo exponente de una sociedad competitiva estaría de acuerdo en fomentar y educar estos valores. Entiendo también que tu modelo educativo va más allá y que hay otro tipo de valores que tu promueves y que sí que chocan con una parte de nuestra sociedad actual.

    El último párrafo de tu post es literariamente muy bonito. Al margen de que hay muchos otros avances que yo pondría bajo la etiqueta de “la nueva biología” (y no las especulaciones que tu comentas), lo encuentro innecesario, poco preciso y demasiado especulativo. Yo no me atrevo a afirmar que es lo natural en el ser humano y menos en los seres vivos. También encontramos ejemplos de competencia en la naturaleza. También me puedo inventar que como todos los átomos se agrupan para formar moléculas y que los átomos que forman nuestro cuerpo provienen de las explosiones de millones de estrellas durante miles de millones de años de la evolución del universo, somos entes cooperativos, bellos y armonizados con el universo.

    Finalmente una disculpa. Siento escribir sólo para hacer críticas. La mayor parte del blog lo encuentro excelente, aunque no tengo la formación necesaria para opinar en muchos de los temas que se exponen. Aunque creo firmemente que Guillem, no hace falta que busques un marco teórico para justificar tus creencias o tu excelente trabajo. No hace falta, y menos utilizando la química cuántica o la selección natural. Eso sí, un modelo teórico seguro que puede servirte para mejorar o hacer mejor las cosas.

    Un abrazo,

    Santi

    • Primero decirte que estoy encantado que hayas vuelto a escribir. La verdad es que al publicar esta reflexión pensé un par de veces en ti y ,en algún momento, intuí que podrías no estar de acuerdo con ella. De corazón, y muy profundamente, agradezco tu comentario.

      Voy a intentar dar mi punto de vista sobre alguno de tus puntualizaciones.

      La frase “la competencia no es el motor del progreso”, en referencia a la tesis darwiniana no es mia, aunque la haya escrito yo. Tal y como digo en el blog, es la opinión de H. Maturana; con quien coincido. Matizarte que, en este caso, el término progreso, no está utilizado en su acepción de avance, adelanto o perfeccionamiento; sino en en la de acción de ir para adelante. En este sentido, vale la pena leer a Maturana. Tal vez, esta frase, dentro de mi reflexión, y fuera del contexto original, no expresar todo lo que lleva detrás. Por lo tanto, si el interés está en querer profundizar en ella, recominedo fervorosamente una lectura del biólogo chileno.

      En el libro el origen de las especias que seguro te has leído, Darwin, entre otras cosas, -sin querer ser exahustivo- afirma lo siguiente (y copio textualmete del libro que tengo en casa):

      (…) ¡Qué lucha debe de haberse efectuado durante largos siglos entre las diferentes especies de árboles esparciendo cada uno sus semillas por millares! ¡Qué guerra entre insectos e insectos, entre insectos, caracoles y otros animales y las aves y mamíferos de presa, esforzándose todos por aumentar, alimentándose todos unos de otros, o de los árboles, sus semillas y pimpollos, o de otras plantas que cubrieron antes el suelo e impidieron así el crecimiento de los árboles! (…)

      (…) Pero la lucha será casi siempre muy severa entre los individuos de la misma especie, pues frecuentan las mismas regiones, necesitan la misma comida y están expuestos a los mismos peligros. En el caso de variedades de la misma especie, la lucha será por lo general igualmente
      severa, y algunas veces vemos pronto decidida la contienda; (…)

      (…) Cuando reflexionamos sobre esta lucha nos podemos consolar con la completa seguridad de que la guerra en la naturaleza no es incesante, que no se siente ningún miedo, que la muerte es generalmente rápida y que el vigoroso, el sano, el feliz, sobrevive y se multiplica. (…)

      (…) De aquí que, como se producen más individuos que los que pueden sobrevivir, tiene que haber en cada caso una lucha por la existencia, ya de un individuo con otro de su misma especie o con individuos de especies distintas, ya con las condiciones físicas de vida. Esta es la doctrina de Malthus, aplicadao con doble motivo , al reino animal y vegertal (…)

      Estos párrafos, personalmente, en los que se relaciona sobrevivir con lucha no me cuadraban con lo que yo vivía e intuía del mundo y su manera de funcionar. En el libro de Darwin no se habla en ningún momento de apoyo o cooperación y, eso, es lo que yo hechaba en falta. Más allá de eso, Darwin se merece todos mis respetos.
      Me gusta que plantees la cooperación como una de las maneras de ser más competente, ya que ése, com ya sabrás, ha sido un debat abierto durante mucho tiempo, pero tal vez no muy mediatizado (ya que da mucha más audencia el pleito evolucionistas – creacionistas). Aunque ya desfasado actualmente -hablamos de una publicación de 1902-, con el libro Ayuda mútua, Kropotkin alcanzó cierta aceptación al interpretar de manera radical la teoría de la selección natural de Darwin. El naturalista ruso planteaba que no era la competencia sino la cooperación y la ayuda las auténticas fuerzas de la evolución. Por lo tanto, seguramente, y por lo que intuyo, en algún aspecto, seguro que acordarías con él. Si no lo has hecho, como curiosidad, te lo recominendo.

      En cuanto a que te parece excesivo mi comentario sobre las ideas de Margulis, acuerdo contigo que puede parecerlo si aceptas la cooperación como un elemento más; pero, me parece más o menos acertado (salvando mi manera, a veces, exagerada de presentar ciertas hipótesis: lo reconozco y lo acepto) si aceptas que la cooperación no es un elemento más, sinó que, a nivel microscópico, puede ser un elemento fundamental.

      En cuanto a intentar buscar alternativas, voy a matizar.
      Primero, el hecho de querar buscar alternativas a Darwin, no implica que quiera buscar alternativas a las leyes naturales. Las teorías de Darwin, como cualquier teoría científica, es un modelo explicativo de una parte del mundo. Las teorías, por muy bien fundadas que estén, nunca son el mundo; sinó una explicación sobre el mundo. El mundo está ahí y las teorías y las explicaciones van cambiando a lo largo de la historia. Por lo tanto, no estar de acuerdo con ciertos aspectos de las teoría de Darwin no me hace ir en contra de las leyes naturales; simplemente, me hace seguir buscando maneres distintas de entender el mundo y su funcionamiento. Y, eso, a lo largo del timpo, ha sido uno de los motores del avance científico.

      Segundo, bucar alternativas que secunden las intuiciones de uno es la base de la creativaidad y la innovación. Buscar alternativas, aunque nuestra sociedad occidental nos lo haya hecho creer así, no significa que en lo existente veas error (que a veces los ves, o los crees ver), sino que, simplemente, quieres mejorarlo. Los grandes científicos y los grandes inventores -y, por parecerme obvio, me ahorro ejemplos-, movidos por su intución, a lo largo de la hisotria, se han estado planteando alternativas a las teorías vigentes en su época y, gracias a ello, la ciencia a progresado (aquí utilizo el término progresar en su acepción de perfeccionamiento).

      Tercero, me parece desafortuando tu ejemplo de los nacis.

      Estoy en contacto con colegas que trabajan en equipos de recursos humanos de gandes empresas. En el marco de la competitividad, hablar de colaboración es una manera de ser más eficaz, y, por lo tanto (dentro de la lógica neoliberal), ser mejor que el de al lado. Por lo tanto, ese tipo de colaboración, no persigue el avance y la mejora de todos; sino, sólo, el de unos pocos. Para mí, eso es aberrante. Bajo mi punto de vista, se utilzan unos medios que, en sí, no son coherentes con el fin que persiguen. Firmemente, creo que medios y fin deberían tender a reducir distancia. Es decir, los medios y los fines deberían estar unos dentro de los otros. Y, eso, ya sé que es utópico, pero es mi manera de funcionar y, de momento, me gusta que así sea. De la misma manera que llegar a ser árbol es la finalidad de una semilla, y el árbol en sí ya está contenido dentro de la semilla; creo que la finalidad del trabajo cooperatico -como método- debería ser la cooperación (como finalidad).

      Te pido disculpas por el útimo párrafo. Ya sabes que tiendo a la poesía. Ahora bien, y sin querer ser exhaustivo, quiero ser algo prosáico y, respecto a la nueva biología -en relación a la educación-, decir lo siguiente: a Margulis la he leído poco (sólo un par de libros, entre ellos, ¿qué es la vida?), y, por lo tanto, prefiero no opinar con rotundida. Ahora bien, por ejempo, de G. Bateson, H. Maturana y F. Varela puedo hablar con bastante conocimiento de causa. De Bateson sobra decir nada, aunque vale la pena destacar los múltiples campos en los trabajó e investigó. Fervientemente, recomiendo todos y cada uno de sus libros; sobretodo, Mente y naturaleza; y Pasos hacía una ecología de la mente. Las implicaciones que se pueden sacar de lo que dice (y de cómo lo dice) aplicables al campo de la educación (y a muchos otros campos) son bárbaras. De Maturana, sin lugar a dudas, y los que van leyéndo este blog lo han notado, soy un gran devoto. Recomiendo también la lectura atenta de todas sus publicaciones. Tal vez, a destacar, dos colaboraciones con Varela: De máquinas a seres vivios: Autopoiesis y organización de lo vivo; y El árbol del conocieminto. No quiero dejar de mencionar, su obra La realidada, ¿objetiva o construida? I y II. En el caso de Maturana, las implicaciones de sus enfoques aplicados a la educación, a la terapia o a la intervención humana de cualquier tipo, según mi opinión, son revolucionarias. Cabe destacar una recopilación que se hicieron de ciertos escritos suyos bajo el título De la Biología a la Psicologia.

      Acepto tus disculpas, aunque no las merezco; pero reitero que me encanta que participes, y que lo hagas tal y como lo haces. Para mí es un honor y un placer.

      Los seres humanos estamos mediatizados por el momento histórico que nos ha tocado vivir. Generalmente, nos movemos, interpretamos y filtramos el mundo según aquello que se repira en la sociedad (espacio – tiempo) en la que vivimos. Por citar a algunos personajes: Dalí pintó influido por los grandes avances científicos de su época (el descubrimeinto del ADN, la teoría de la relatividad de Einstein, etc.); Darwin construyó algunas de sus hipótesis utlizando el lenguaje económico imperante en su época; Makarenco basó su teoria educativa en las ideas sociopolíticas que en ese momento impregnaban su rusia natal; etc. Salirse de la caja en la que estamos metidos (prejuicios, ideas previas, creencias de nivel fuerte, etc.) por el hecho de haber nacido en el momento histórico que nos ha tocado es tarea cuasi imposible; y, sólo conseguida por unos pocos. Mi forma de funcionar me lleva a plantearme constantemente alternativas a lo que está establecido (no por creerlo erroneo que ,a veces, sí), sino por provar de verlo desde otra perspectiva, darle nueva luz, ver otros enfoques, estudiar nuevas posibilidades, etc. Y, a veces, con ello, pretendo salir de mi caja (¡iluso!). Pero, a pesar de ello, de ese intento, ya ves que estoy mediatizado por el momento histórico en el que me ha tocado vivir. En los últimos 5-7 años, gacias a mis lecturas y mis trabajos de profundización en biología -entre otras cosas: antropología, historia, física, etc.- (por ejemplo, Bateson, Varela y Maturana) he cambiado mi manera de entender el mundo, la educación, y, principalmente, ciertas formas personales y particualres que yo tenía de funcionar y relacinarme conmigo mismo, con los otros y con mi entorno. Doy gracias por ello.

      Recibe un fuerte abrazo desde la cooperación más sincera

    • Santi, ciertamente, después de leerte y después de contestarte, me he planteado reescribir algún párrafo de mi penúltima reflexión. La razón es doble y clara: por un lado, entiendo que con la nueva escritura, aclaro y afino más aquello que, realmente, quiero trasnmitir; por otro, ahora, reconozco el mérito y el trabajo de Darwin que, posiblemente, en la antigua entrada, podía no suponerse.

      Uno de ellos quedará así:

      La selección natural ha sido enriquecida y, según mi personal visión, matizada significativamente por la bióloga estadounidense Lynn Margulis en lo que se ha dado en llamar la Teoría de la endosimbiosis

      El otro, de esta manera:

      Desde el respeto más profundo al trabajo de Darwin (1809 – 1882) y recogiendo su tremenda aportación a la biología -y al desarrollo humano en general- cuando afirma que el universo es un proceso en evolución constante -en contra del pensamiento imperante en la época-; de lo cual siempre he creído que se deduce que el desarrollo del niño y la niña -y, por ende, la educación- sólo pueden tener un fin dinámico y no estático, durante casi dos décadas, con el objeto de corroborar mi intuición sobre la importancia de la cooperación, he estado buscando alternativas a la ausencia de aspectos como cooperación o ayuda en su libro El origen de las especies (1859).

      Agradecerte una vez más tus aportaciones y te invito seguir compartiendo tu punto de vista.
      De moment, sólo he modificado mis textos dos veces y, las dos, han sido gracias ti.
      Por ello, insisto en mostrarte mi gartitud.
      Un fuerte abrazo

  4. Joan Gutiérrez dijo:

    Molt bones, que bonic el noble art de l’esgrima…

    “La teoría de la evolución de Charles Darwin supuso un verdadero hito en la historia del pensamiento. Al desplazar a Dios como creador único de la especie humana, el gran naturalista britànico trasnformó radicalmente la visión que el hombre moderno tenía de sí mismo, iniciando una revolución conceptual cuyas consecuencias pervivien hasta nuestros días. Y si bien el nombre de Darwin quedarà inscrito para siempre en los anales de la Historia, menos conocida es la figura del escocés Robert FitzRoy, sin cuya participación la teoría de Darwin nunca hubiese visto la luz. Brillante oficial de la armada, FitzRoy es nombrado capitán del Beagle con tan solo veintitrés años de edad. Aqunque su misión es cartografiar las costas de Tierra del Fuego, él alberga otros proyectos igual de ambiciosos: demostrar la igualdad de los hombres de distintas razas, tesis contraria al espíritu de la época y, ratificar la teoría del origen del miundo tal y como lo describe el libro del Génesis. En otoño de 1831, FitzRoy admite a bordo del Beagle al joven Charles Darwin, de ventiún años y aspirante a clérigo, (…)”

    Extracte de la sinopsis del llibre: “Hacia los confines del mundo”. Harry Thompson. Editorial Salamadra. Bcna:2007

    Fins i tot la història de la gènesis de la teoría més “competitiva” no hagués estat possible sense una hermosa cooperació, entre Darwin i FitzRoy, és clar, però no ens oblidem dels mariners, els indígines, els promotors del viatge, la gran quantitat d’espécies que es van creuar en el camí d’aquests, les forces de la naturalesa, … Però tampoc ens oblidem de les emocions que hi flueixen, les cruentes discussions entre FitzRoy i Darwin, la malaltia que Darwin va contreure durant el viatge (es va passar la travessia vomitant), …

    Recomano especialment aquesta novel·la, no és un llibre “científic” però, aprofitant per fer un rodolí, és magnífic!

    I, perque no, m’agradaria llençar una pregunta punyetera a la númerosa audiència d’aquest blog que té a veure amb el que discutim, el Guillem no ho pot dir que quedaria lleig, però hi ha lectures amb 2000 entrades (felicitats Guillem!), vaig amb la pregunta:

    Què ens han representat el Guillem i el Santi?

    a) La història de dos egos enfrontats, molt ben formats, lluitant, competint per veure qui té la raó… (esfera mental)

    b) La història de dos impulsos que busquen, cooperant, una construcció més objectiva i equilibrada de la realitat… (esfera de les emocions)

    c) Segur que hi ha millors maneres de definir-ho… o pot ser no són opcions antagòniques…

    Què hem de promoure pares i educadors amb els nostres fills?

    Salut!

    PD: Molta gent amb qui he parlat que es connecta a aquest blog, no hi escriu perquè veient el desplegament d’autors i comentaris es fa enrera. Quina llàstima!

  5. Pingback: Segunda piel | Ser para educar

  6. Pingback: Una educación matrística | Ser para educar

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  8. damian dijo:

    Al fin algo coherente sobre E.C …

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