El cambio de perspectiva

En mi trabajo en justicia juvenil, entre otras cosas, estuve realizando labores de mediador. El trabajo, debo reconocer, es uno de los más fascinantes que jamás he hecho. Según mi criterio, el mediador no hace de árbitro, ni de juez, ni de consejero, ni de sabio; simplemente, acompaña con respeto a las personas implicadas en la afrenta en un paseo por un mundo de nuevas perspectivas –doble salto mortaly en un proceso que les lleve a saberlas utilizar y relacionar de manera útil triple sato mortal con pirueta– con el fin de que emerjan nuevas posibilidades. Estas nuevas visiones de la realidad, que por diferentes velos (instintivos – emocionales – cognitivos), cada uno de los implicados tenía vetadas, pueden serles de gran valor si saben manejarlas con maestría para resolver el pleito.

Me apetece guiar esta reflexión a través de un viaje por las perspectivas que probaba de visitar en mi trabajo como mediador y, para ello, me valdré de recursos pictóricos y de un visión y uso, ya avisó, sui génersis, de retales de la historia de la perspectiva en la pintura de la Europa occidental.

La pintura rupestre de hace unos 15.000 años no muestra perspectiva alguna. Las visiones del mundo se plasman en cuevas y en 2 dimensiones; aunque, a veces, aprovechando salientes de la roca, se produce una tímida sensación de volumen. Me imagino que éste es el primer intento de salirse de la propia perspectiva y probar de mostrarle al otro (o a uno mismo) el propio punto de vista; es decir, me expreso para que el otro me entienda (cambio de perspectiva).

Llamo primera perspectiva a estar plenamente asociado a uno mismo, al propio espacio físico – emocional – cognitivo. El cambio a la segunda perspectiva implicaría estar plenamente asociado al otro y expresar el mundo desde su punto de vista. Ahora bien, cual proceso empático, aquello que realmente uno hace para reorganizarse y poder procesar desde el punto de vista del otro es, inevitablemente, recoger datos de su propia base experiencial (sensaciones – emociones – cogniciones).

Durante la Edad media la perspectiva usada era teológica; los personajes ocupan sitio y lugar dentro de la composición según su importancia espiritual. La profundidad también brilla por su ausencia, como se observa en este románico Cristo de Taüll (siglo XII). En esta época, todo es observado por Dios y, Éste, representa, sin lugar a dudas y sin competidor alguno, la tercera perspectiva.

El Renacimiento representa un gran cambio en la pintura y, en general, en el arte. Ahora y aquí, quiero destacar la revolución que supuso el nuevo uso que se le dio a la composición y a la perspectiva. Para mí, no es hasta estos momentos que se plasma la tercera dimensión, la profundidad, con naturalidad y realismo. Como ejemplo, La Santa Cena que Leonardo Da Vinci (1452 – 1519) pintó a finales del siglo XV. Este reencuadre se enmarca dentro de la gran modificación de objetivo que se da en esta época: el paso del teocentrismo al antropocentrismo. Dios ya no es el gran observador, sino que el hombre pasa a ser el observador de todo lo que pasa y sucede (tercera perspectiva). Además, estas variaciones de perspectiva me gusta relacionarlas con los cambios de posición y de mirada global que acontecen también en esta época, en particular, en la ciencia y, en general, en toda la esfera social. A destacar, el paso del geocentrismo al heliocentrismo defendidos, principalmente por Copérnico (1473 – 1543) y, posteriormente, por Bruno (1548 – 1600) y Galileo (1564 – 1642).

Llamo tercera perspectiva a estar plenamente asociado al observador, más allá de uno mismo y del otro. Vale la pena diferenciar, aquí, entre tercera perspectiva y la posición del observador. Así como la tercera perspectiva se sitúa fuera del bucle comunicativo (primera – segunda) pero te permite incorporar las perspectivas recogidas estando asociado a esas 2 posiciones; el observador, también situado fuera del bucle, suspende (buscando la neutralidad) cualquier suposición que pueda tener respecto a las posiciones primera y segunda.

Velázquez (1599 – 1660), rizando el rizo, en  Las Meninas (1656), nos planeta la perspectiva del observador del observador. En este cuadro, la tercera perspectiva está afianzada (yo – tú – él), y lo que se introduce es la figura del observador del observador; es decir, yo, salgo de mí mismo, y observo el conjunto: al yo, al tú y al él.

Llamo Metaposición a una tercera perspectiva especial, fuera del bucle, pero en la que sólo se incorpora la perspectiva de la primera posición (o sea, la propia).

 

Tal vez sea Piscasso (1881 – 1973) uno de los representantes más destacados del cubismo. El cubismo, entre otras cosas, se preocupa por la dimensión del movimiento, del tiempo; la cuarta dimensión. Tras la teoría de la relatividad de A. Einstein (1879 – 1955), el tiempo se resignifica. El cuadro cubista, cual superposición cuántica, pretende representar, al mismo tiempo, todas las formas posibles de ver una figura. Para ilustrarlo, el cuadro que dio el pistoletazo de salida a este movimiento artístico que representó el inicio del arte abstracto, Las señoritas de Avignon (1907). Me imagino, aquí, la introducción de la cuarta perspectiva, la sistémica, la que pretende abarcar todos los puntos de vista a la vez y al mismo tiempo (yo – tú – él – observador).

Llamo cuarta perspectiva a estar asociado con todo el sistema comunicativo en su conjunto; experimentar la perspectiva global de todo el sistema. Es la base de la perspectiva del nosotros, sistema, grupo.

Me gustaría terminar con Dalí (1904 – 1989) y el hipercubo. El hipercubo es un objeto de 4 dimensiones inimaginable en nuestro mundo tridimensional, y que el pintor prueba de representar en su cuadro La Crucifixión (1954). Las dimensiones de las experiencias que no podemos abarcar quedan fuera de nuestra realidad y pertenecen a otros mundos. Querer representar en nuestra propia visión del mundo aquello que puede suponer la suma del resto de puntos de vista, a veces, es tarea imposible o, al menos, harto difícil; además, habiéndolo conseguido, poder sacar provecho de ello, todavía lo convierte en más difícil todavía. Cabe decir, pues, que la suma de nuevas perspectivas no es suficiente para conseguir una descripción múltiple de la realidad. Como mediadores podemos conseguir que las personas a las que acompañamos aumenten sus descripciones singulares, pero si no saben (o no pueden o no quieren) coordinarlas, si no saben qué hacer con ellas, si no las relacionan adecuadamente -entre ellas y con ellos mismo-, en lugar de serles algo útil puede generarles sobrecarga y confusión.

Esta entrada fue publicada en Acompañar procesos, Constructivismo, Otra mirada y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El cambio de perspectiva

  1. Juan Ma dijo:

    Entonces, me pregunto que si alguien no puede o no quiere o no sabe, ¿que salida le queda para poder salir de la confusión y la sobrecarga? Para mi solo hay una posibilidad, de las que hasta ahora conozco: la aceptación, la relajación y el centro. Pero si no nos es posible relajarnos, si nadie nos ha aceptado tal como somos y nunca hemos experimentado el centro, la vida puede ser una verdadera confusión.
    una abraçada,
    Juan Ma

    • Si uno cree que vivie en una confusión, ya es mucho.
      Si uno sabe que vive confundido, ya es muchísimo.
      Algunas veces, aunque se viva en confusión y/o se viva confundido, uno puede no darse cuenta ni de una cosa ni de la otra… y, eso, puede generar caos.

      Gracias por el comentario
      Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s