Identidad y esencia

La identidad es algo dinámico, en constante cambio. Estamos constituidos por múltiples identidades: padre, madre, amigo, hermano, hija, mujer, etc. A lo largo de nuestra vida, la construcción de la identidad es un proceso en el que se ve implicado todo el cuerpo y, en ese sentido, es orgánica. Desde el punto de vista relacional, la identidad ni es fija ni se puede reducir a una sola imagen; es una experiencia contextual, siempre en cambio. La identidad es una totalidad: compleja, multicolor y multiforme; y, en general, en un determinado espacio-tiempo sólo se activa una (véase Superposición e incertidumbre).

Ahora bien, más allá de la identidad, en toda persona existe un núcleo central donde se encuentra aquello que C. Trungpa (1939 – 1987) ha dado en llamar punto tierno y delicado. Otros se han referido a ello como esencia, alma, yo interno, centro o presencia humana. Es algo que permanece invariable a lo largo de toda nuestra vida; constituye el fondo de nuestro ser, nuestra propia naturaleza. Es aquello que hace que nosotros seamos quienes somos, independientemente de paso del tiempo. Y, es allí donde, si escuchamos, sentimos la Vida.

A veces, como personas, nos encontramos atrapados en maneras de pensar, sentir o hacer que nos resultan insatisfactorias. Según S. Gilligan, esto nos puede sugerir que hemos perdido la conexión con nuestro centro, con aquel lugar, dentro de nosotros, que nos permite sentirnos renovados, capacitados y en confianza. La sensación sentida del centro, a la usanza de E. Gendlin (1926), que caracteriza al cuerpo –yo somático-, es un lugar de conocimiento desde donde podemos responder de manera eficaz al mundo. Cuando perdemos la relación con nuestro centro aparecen los problemas. Posiblemente, cuando nos reconectamos con él emergen nuevos significados, comprensiones y posibles conductas.

P. Coelho (1947), en El Alquimista (1988), recoge un cuento que, para mí, presenta la esencia de la felicidad: estar conectado con nuestro centro y, al mismo tiempo, estar conectado con los demás y con el mundo.

Un mercader envió a su hijo con un gran sabio para aprender el Secreto de la Felicidad. El joven caminó durante días por el desierto, hasta llegar a un hermoso castillo.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, el joven vio mercaderes que entraban y salían, muchas personas conversando, una orquesta y una mesa repleta de manjares. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para ser atendido.

Al fin, el ilustrado escuchó al visitante, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle aquel secreto. Le sugirió dar un paseo por su palacio y volver dos horas más tarde. Y añadió:

  • Quiero pedirte un favor -entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite.- Mientras caminas, lleva este utensilio y cuida que el aceite no se derrame.

El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Y luego de dos horas, retornó.

  • ¿Qué tal?- le preguntó el sabio, -¿Viste los tapices de Persia? ¿Advertiste el jardín, que tarde diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven, avergonzado, confesó que no. Su preocupación había sido no derramar el aceite.

  • Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, -dijo el sabio-. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención las obras de arte, los jardines, las montañas que asomaban, la delicadeza de las flores y de los cuadros del lugar. De regreso con el Sabio, le relató lo visto.

  • ¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el anciano-

El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que se habían derramado.

  • Pues éste es el único consejo que puedo darte. El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.

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11 respuestas a Identidad y esencia

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Bon any Guillem i companyia,

    Imaginem una diligència de les pelis de l’oeste, va per una camí aixecant gran polseguera, en un terrioti bast. La majoria de nosaltres anem al darrera, dins la carreta tapada, allí hi fem la nostra vida. De tant en tant algú puja als cavalls, i té una visió més clara del camí que fem tots plegats però no porta les regnes. Fins i tot hi ha afortunats que viuen al costat del individu que porta la diligència, i aquests poden sentir de ben a prop la conducció de la vida. Alguns escollits, pocs, porten les regnes de la diligència, prenen decissions, valoren, senten, pensen originalment i constreuixen un camí. Quan cal aminoren la marxa, quan cal van al galop, … Hi ha gent que corre rera la diligència desesperadament, treient la llengua i menjant-se tota la pols del camí, no veuen res, només corren sentint l’espetec de la diligència, alguns tenen l’esperança de poder pujar un dia rera la carreta, on la majoria, normalment som una mica reacis a deixar-hi pujar extranys… Hi ha gent que seu a la vora del camí, té el cap cot, i es tapen les orelles ben fort, no volen ni a sentir a parlar de diligències.

    Ara imaginem que arriben els indis, fen aquelles veues de guerrers, disparan fletxes i amb la destral ben alçada . De cop i volta, els que anaven dins la carreta salten a fora i corren en direccions aleatòries, els qua anaven sobre els cavalls cauen i són arrastrats violentament per la carreta, el que seu al costat del individu de les regnes només fa que mirar-se’l esperant el miracle, i el ser de les regnes, sap, com no ho sap ningú altre que tot allò és una pel·lícula de la ment, que només l’ha de deixar passar, sense jutjar-la, sense valorar-la… però ja té un indi a dos pams saltant cap a la seva jugular,… l’individu de les regnes respira encara més tranquil, sap que ho ha de fer… al final l’indi es carrega al que anava al costat, bufff!!!

    Ara l’individu de les regnes condueix tranquil·lament sol per una gran estepa verda, ja torna a estar preparat per recollir gent pel camí…

    Penso que TOT passa, tard o d’hora, per tots els prismes imaginables i sentibles, per tant, no cal atabalar-s’hi massa, més val anar fent consciència per saber més o menys on ens trobem.

    Salut!

    • M’encanta la teva metàfora.
      Qué bonic quan et toca a la cara l’aire de la vida!
      A vegades, tinc la impressió que la sensació de llibertat s’assembla a allò que podríem sentir en una caiguda lliure sense paracaigudes si després la puguéssim explicar.

      Una forta abraçada

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