La hormona del vínculo

En un estudio realizado por la Universidad de Nueva Gales del Sur una serie de voluntarios debían pronunciar, lo más rápido posible, una serie de palabras (amor, odio, beso, etc.) que iban apareciendo frente a ellos, letra a letra, en una pantalla. Según los resultados, aquellos que aspiraron un dosis suficiente de oxitocina reconocían de forma inmediata las palabras con significado positivo vinculadas con las relaciones sociales y el sexo. La conclusión que se extrae de este experimento, y de otros parecidos, es que la oxitocina centra su acción especialmente en la información social positiva creando de ese modo confianza.

Por ejemplo, la oxitocina desarrolla un papel significativo en el enamoramiento. Cuando dos personas se deleitan con el sexo, liberan oxitocina, cuyo efecto, comparable al de un opiáceo, a la vez excita y, en cierta forma, relaja. Cuando se les inyecta oxitocina a aves domésticas de corral, la mayoría, un minuto después de la inyección, empiezan a moverse a ritmo salsero, a agarrarse por las crestas y a montarse con fruición. M. Odent (1930), médico obstetra francés, la llama la hormona del amor, y los experimentos realizados con ratones de la pradera le otorgaron a esta hormona el título de hormona de la fidelidad u hormona del vínculo.

A diferencia de los ratones de la montaña, parientes próximos de los de la pradera pero menos provistos de receptores de oxitocina, los ratones de la pradera son monógamos. En pro de la ciencia, un equipo de investigadores destruyeron felices parejas de ratones de la pradera inyectándoles a los animales bloqueadores de oxitocina; los ratones se volvieron tan lujuriosos como sus colegas de las montañas. A su vez, a los lascivos ratones de la montaña, después de inyectarles vasopresina (muy parecida a la oxitocina) les dio por atraerles la fidelidad.

Este neuropéptido asocia los contactos sociales con emociones agradables y, al parecer, sin la oxitocina no podríamos sobrevivir las especies sociales; de esta manera, el cerebro recompensa las conductas que conducen a la aproximación social. La oxitocina proporciona magia al contacto amoroso piel a piel, disminuye el estrés y nos torna generosos; es el brebaje de la confianza, preserva la amistad, une a los amantes y vincula a padres-madres e hijos.

Barudy y Dantagnan, en su libro Los desafíos invisibles de ser madre o padre: manual de evaluación de las competencias y la resilencia parental (2010), consideran que los receptores de oxitocina ejercen una influencia importante en la capacidad y las ganas de crear vínculo de los seres humanos. Parece ser que el psicólogo S. Pollack ha demostrado que los niveles de oxitocina de los hijos huérfanos son más bajos que los de los hijos con estrecha relación con sus padres. La oxitocina, por lo tanto, puede asemejarse a una especia de pegamento de relaciones humanas. La carencia de atención y/o el abandono reducen el número de receptores de oxitocina y la cantidad de este neuropéptido que se segrega.

Según M. Odent, la hormona del amor forma parte de un equilibrio hormonal complejo. La liberación de oxitocina activa la necesidad de amar, pero ésta puede tomar distintas direcciones según qué otras hormonas sean segregadas a la vez. Por ejemplo, cuando al mismo tiempo se da un alto nivel de prolactina, el amor se dirige a los bebés, ya que la prolactina abandera la maternidad (por ejemplo, en experimentos con ratones, se ha demostrado que una inyección de oxitocina directamente en el cerebro de las hembras vírgenes inducía una conducta maternal). En otras ocasiones, puede liberarse oxitocina sin una cantidad significativa de prolactina y, en este caso, el amor podría ir dirigido hacia nuestro compañero sexual.

La liberación de oxitocina, relacionada con el parto, las relaciones sexuales y el amamantamiento, va ligada al reflejo de eyección; el reflejo de eyección del feto, el reflejo de eyección de la leche, el reflejo de eyección del esperma. En este aspecto, en los varones, esta hormona, está ligada a las contracciones de la próstata y las bolsas seminales durante el orgasmo; y, en las mujeres, además de estar presente durante el orgasmo, desencadena el parto, está ligada al aporte de leche durante la lactancia, e induce e intensifica la relación con el hijo.

Según M. Odent, la primera hora que sigue al nacimiento conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar. Las hormonas liberadas por la madre y el feto durante la primera y la segunda fase del parto siguen activas durante la hora siguiente al mismo; y todas ellas juegan un papel específico en la interacción madre – recién nacido. Es justo después del nacimiento y antes de la expulsión de la placenta cuando las mujeres tiene la capacidad de llegar a los niveles máximos de oxitocina, asociados, a su vez, a un nivel alto de prolactina;; y, por lo tanto, todo ello relacionado con la capacidad de amar y de vincularse con su bebé. Ahora bien, eso es así, siempre y cuando el parto transcurra con respeto y sin que medien hormonas de sustitución administradas a la madre durante el mismo. En relación a ello, C. Naranjo (1932) afirma que el nacimiento es la experiencia más importante de nuestra vida fuera de la muerte y que, a pesar de ello, en el nacimiento, recibimos nuestra primera dosis de violencia.

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3 respuestas a La hormona del vínculo

  1. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Oh l’oxitocina, la prolactina i d’altres són un prodigi de la mare natura. Jo he tingut tres feliços parts i realment no penses en cap d’aquestes substàncies però la persona es sent vinculada a la criatura i al pare de la criatura. De totes maneres voldria afegir que crec que també hi ha una part de “voluntat” i “responsabilitat” que no sé a quines substàncies estan vinculades… que fan un tot més complexe. Amb els anys aquestes substàncies van a menys, suposo, i els vincles perduren; d’un altre manera, sense la urgència de la cura immediata de l’infant, però perduren.

  2. Em sembla crucial que els vincles els puguem mantenir durant tota la vida.
    Em sembla imprescindible que els vincles es continuïn mantenint més enllà de la mort.

    Gracias per fer-ho possible.

  3. Pingback: En brazos. Necesario pero no suficiente | Ser para educar

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