Integrar orgánicamente

En octubre de 2007, decidimos poner estufa en casa. Lo primero que pensamos es cómo protegeríamos a Jan de posibles accidentes. Él, de 1 año, se acercaba a la estufa con el balanceo propio de aquél que empieza a andar, y nosotros nos acercábamos a él, bajábamos a su altura, le tocábamos y le decíamos: “A la estufa, no. ¡Quema!”

En verano del 2009, con los compañeros de proyecto, conversábamos sobre marcar o no los límites del pequeño barranco que linda con la zona de juegos de los niños. Yo pensé: “Los animales no se distraen y se caen; y, entonces, ¿por qué pensamos que los niños y niñas pueden ser más estúpidos que una cabra o un ternero?”.

En septiembre de 2009, Unai, de 3 años, se cayó de una escalera que abrimos en el patio donde realizábamos la actividad. Llegando a casa, conecté la caída de Unai, la conversación sobre el barranco y la manera cómo habíamos protegido a Jan del peligro de la estufa. Acto seguido, como por arte de magia, me vino la imagen de la primera vez que Jan se quemó con un plato de sopa. De repente, fui consciente que fue entonces cuando él descubrió realmente lo que quería decir “¡Quema!. Y, seguramente, ese momento coincidió con el momento en que comenzó a ir con más cuidado con la estufa.

Haciendo una base con lo que decía J. Piaget (1896 – 1980) y adornándolo con virutas de las ideas de H. Maturana (1928), creo que el concepto de inteligencia debería abarcar todas las funciones consensuales de nuestro sistema nervioso: las racionales, las emocionales e intuitivas y las instintivas.

En 1949, P.D. MacLean (1913 – 2007) enunciaba su teoría del cerebro triuno. Según ésta, nuestro cerebro funcionaría -más o menos eficazmente- según cómo sea la interrelación entre los 3 niveles cerebrales (reptiliano – límbico – neocórtex) que habríamos heredado a través del largo proceso evolutivo (véase Nuestro cerebro: 3 + 1 colaborando).

Ahora bien, aquello que quisiera destacar es que, según recientes hipótesis, los impulsos sensoriales captados por el cerebro reptiliano y límbico han de ser aprovechados por el neocórtex para poder acceder a la solución de aquellos problemas en los que la información sensorial es necesaria para su resolución. Es decir, cuando quemarse nos ayuda a concluir que los platos humeantes se han de coger con cuidado; o, cuando caerse de una escalera nos ayuda a concluir que las escaleras que se menean no son demasiado seguras y mejor no subir en ellas.

¿Por qué es importante que Jan se quemara con el plato de sopa? ¿Por qué es importante que Unai se cayera de la escalera? ¿Por qué es más útil que los niños y las niñas experimenten con el entorno, con seguridad y según sus posibilidades, que avanzarnos con frases del tipo: “No lo toques, te quemarás”; “Cuidado, te caerás”? Pues, porque, más allá de los efectos perniciosos que este tipo de frases pueden tener en el proceso de autoaceptación del niño, las experiencias sensoriales aportan un nivel efectivo de conocimiento del entorno muy superior al de las simples advertencias verbales.

¿Por qué es importante que los niños y niñas vivan sus propias experiencias? ¿Por qué es importante que los adultos se limiten a describir verbalmente las experiencias infantiles en lugar de explicar y/o justificar? Pues, porqué, entre otras cosas (por ejemplo, el respeto a la propia construcción de significados), intentar transmitir conocimientos de manera verbal, o facilitando agarres cognitivos sobre la manera de resolver problemas, tiene una eficacia más bien baja; en cambio, combinar los puentes cognitivos con las vivencias hace que la eficacia aumente y el aprendizaje sea profundo.

El neocórtex aporta lógica y análisis; el límbico, con la ayuda integrativa de las emociones y las experiencias, nos sirve para aprender. Como reza el dicho africano: para aprender debes integrarlo en el músculo.

Ya antes de McLean, Gurdieff (1869 – 1949) hablaba de una falta de integración entre nuestros 3 centros, y subrayaba el necesario trabajo en todos los niveles: el hacer, la emoción y la razón; así como el cultivo de la atención plena (véase Atencion plena). Coincidiendo con Claudio Naranjo (1932), la educación en al que creo, aspira a integrar, de manera armónica y cotidiana, las partes instintiva del cerebro más antiguo, las emocionales del cerebro medio, y las intelectual del cerebro nuevo.

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6 respuestas a Integrar orgánicamente

  1. Almudena dijo:

    Entonces, en un niño muy “emocional”, que tiende a dejarse llevar mucho por las emociones del momento, aún seria mas importante el proceso de acompañar las situaciones con palabras y el tacto ¿es así?.
    Muchas gracias por este artículo, me resulta muy útil con lo que estoy viviendo con mi hijo.

    • Acompañar con palabras descriptivas aquello que el niño hace-siente-piensa, entre otras cosas, ayuda al niño -y al adulto- a ir conectando dentro y fuera.
      ¡Qué maravillosa sincronicidad cuando encontramos esas palabras (lo explícito) que casa a la perfección con aquello que sentimos (lo implícito)!
      Acompañar con palabras descriptivas aquello que el niño hace-siente-piensa, entre otras cosas, ayuda al niño -y al adulto- a vivir en el ahora y el aquí.
      ¡Qué maravilla cuando estamos aquí sintiendo el ahora!
      Acompañar con palabras descriptivas aquello que el niño hace-siente-piensa, entre otras cosas, ayuda al niño -y al adulto- a ir gestionando su hecer a través de su pensar, y sostenerlo todo con su sentir.
      ¡Qué maravilla cuando, inconscientemente, hacemos lo que, inconscientemente, pensamos y, a su vez, sentimos, inconscientemente, la coherencia de todo ello?

      Decir y tocar con respeto, poner música a las acciones, contener amorosamente las emociones, limitar el hacer cuando sea necesario, acompañado al niño en su proceso, ayuda al niño a desarrollarse con seguridad y a buscar su seguridad para desarrollarse.

      Almudena, gracias por comentar esta reflexión
      Un fuerte abrazo

  2. mar dijo:

    Hola, he leído tu entrada este domingo y me parece que abordas un aspecto importantísimo para todas las personas, sea cual sea la edad. Cuando reviso mis propios momentos de integración orgánica caigo en la cuenta de que son momentos muy especiales por dos motivos: por su carácter solitario y porque me hacen crecer.
    Gracias Guillem y saludos a tu familia.

    • Maria Magarolas Jordà dijo:

      Recibo tus saludos por la parte que me toca. Un abrazo muy fuerte. Realmente la integración emocional en estos momentos és muy especial.

    • Estoy completamente de acuerdo contigo, Mar.

      Desde aprender a ir en bicicleta
      hasta aprender cuánto y cómo te quiere tu hermana
      pasando por mil y una cosas…

      ¡Toda una aventura del vivir!

  3. Pingback: Pintura de dedos | Ser para educar

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