Variaciones I sobre Segunda Piel

Cuando a mediados de febrero escribí Segunda piel, vino a mí el recuerdo de una historia de G. Rodari (1920 – 1960) de su libro Cuentos por teléfono (1960), que resumo libremente:

En una lejana ciudad nació un niño transparente. Se podía ver a través de él como se ve a través del aire y del agua. Se veía latir su corazón y se veían sus pensamientos, inquietos como los peces de colores en su pecera. El niño creció, y todos podían leer sus pensamientos, y cuando se le hacía una pregunta adivinaban su respuesta antes de que abriera la boca. Se llamaba Jaime, pero la gente le llamaba Jaime de Cristal, y lo apreciaban por su lealtad, y a su lado todos se volvían amables. Desgraciadamente, un día subió al gobierno de aquel país un feroz dictador y comenzó entonces un período de opresiones. El que osaba protestar desaparecía sin dejar huella. Pero Jaime no podía callar. Aunque no abriese la boca, sus pensamientos hablaban por él: era transparente y todos leían en su frente sus pensamientos de desdén y de condena a las injusticias y violencias del tirano. Luego, a escondidas, la gente comentaba los pensamientos de Jaime y así renacía en ellos la esperanza. El tirano hizo detener a Jaime de Cristal y ordenó que lo encerraran en la más oscura de las prisiones. Pero entonces sucedió algo extraordinario. Las paredes de la celda en que había sido encerrado Jaime se volvieron transparentes, y luego también las paredes del edificio, y finalmente también los muros exteriores de la prisión. La gente que pasaba cerca de la cárcel veía a Jaime sentado en su taburete, como si la prisión fuese también de cristal, y continuaban leyendo sus pensamientos.

La segunda piel, decía, nos permite presentar lo más profundo de nuestro ser interior, ser auténticos, ser nosotros mismos sin sentirnos vulnerables; ofrecer al mundo, recogiendo la idea de Aristóteles (384aC – 322aC), todo nuestro potencial hecho acto. N. Madela (1918), recogió esta idea en su discurso inaugural como presidente de Sudáfrica en 1994 cuando pronunció las siguientes palabras extraídas del libro Volver al amor de M. Williamson (1952):

“Lo que más miedo nos da no es ser incapaces. Lo que más miedo nos da es ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta. ¿Quién soy yo para ser una persona brillante, hermosa, dotada, fabulosa? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Eres hijo de Dios, y si juegas a empequeñecerte, con eso no sirves al mundo. Encogerte para que los que te rodean no se sientan inseguros no tiene nada de iluminado. Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños. Nacimos para poner de manifiesto la gloria de Dios, que está dentro de nosotros. No sólo en algunos, sino en todos nosotros. Y si dejamos brillar nuestra propia luz, inconscientemente daremos permiso a los demás para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente liberará a los demás.”

En el sendero que me lleva a darme permiso para brillar, que me permite conectarme con mi esencia (véase Identidad y esencia), puede serme útil ir soltando, desnudarme de todo lo añadido, de todo aquello que me engorda y me enmascara, de todo lo superfluo. El poeta y ensayista español P. Salinas (1891 – 1951) lo plasma de manera magnífica en uno de sus poemas de amor: (…) enterraré los nombres, los rótulos, la historia. Iré rompiendo todo lo que encima me echaron desde antes de nacer. Y vuelto ya al anónimo eterno del desnudo, de la piedra, del mundo, te diré: “Yo te quiero, soy yo” (…).

Según C. Naranjo (1932) cada ser humano cuenta con dos fuerzas antagónicas en su interior. Una, el ego o personalidad, relacionada con la ignorancia, la inconsciencia, el egocentrismo, la insatisfacción y el miedo. La otra, nuestra esencia, conectada con la sabiduría, la consciencia, el bienestar y el amor incondicional. Cuando no estamos en contacto con nuestra esencia estamos en vías de despersonalizarnos, pues poco a poco vamos olvidando y marginando nuestra verdadera misión, nuestros particulares y únicos valores, nuestro potencial interno… lo que repercute en nuestra forma de pensar, sentir y hacer.

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4 respuestas a Variaciones I sobre Segunda Piel

  1. Pingback: ¿Hay algo que cierra? | Ser para educar

  2. colin dijo:

    Hola Guillem, soc el Colin del curs ser per a educar…en aquets temps tan llunyats em trobo llegin-te y las tevas paraules resonan molt en mi. Qué bueno poder acudir a este manantial de paz e inteligencia.

    un abraço grande

  3. Pingback: Sra. Vergüenza | Ser para educar

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