Motivación y aprendizaje o el sorprendente caso del Sr.Pink (1ª parte)

Los que me conocen saben que huyo de todo aquello que huele a empresa, pero… ¿será que las cosas están cambiando? Descubrí a Daniel H. Pink en La Contra de La Vanguardia que, digo, de paso, es lo único que leo de los periódicos, en general, y de La Vanguardia, en particular, a excepción de las maravillosas definiciones de sus crucigramas. Esa fructífera lectura dejó en mí una semilla, que me llevó a pedir en préstamo su último libro, La sorprendente verdad sobre qué nos motiva (2010), a la biblioteca municipal. Hace unos días, lo terminé. Lo fascinante es que en lo referente a la motivación (como motor del aprendizaje y el desarrollo) y, sobretodo, a los factores que la aplastan y a los que la potencian, estoy de acuerdo con este norteamericano que aplica sus teorías al mundo de la tecnología y los negocios.

El libro empieza con los experimentos de los psicólogos H. F. Harlow (1905 – 1981), en 1949, y E. Deci, en 1969, enmarcados en lo que se ha dado en llamar La teoría de la motivación. Por espacio, obvio el detallaros. Ahora bien, según los resultados y las valoraciones de estos dos experimentos, aquello que nos mueve a hacer lo que hacemos, no sólo tiene que ver con la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades básicas (primer impuslo), o conseguir gratificaciones y/o evitar castigos (segundo impulso) – motivaciones extrínsecas –, sino que – en palabras de Pink –existe un tercer impulso; la recompensa de este tercer impulso, más allá de lo que ganamos o perdemos, estaría relacionada con el goce de estar haciendo lo que hacemos –motivación intrínseca–. En referencia al resultado de sus experimentos, Harlow advierte: (…) parecería que este impulso puede ser tan básico y fuerte como los demás impulsos. Además, hay ciertos motivos para creer que éste puede ser igual de eficiente para facilitar el aprendizaje (…). Y, Deci afirma: las personas tenemos una tendencia inherente a buscar novedades y retos, a ampliar y ejercitar nuestras capacidades, a explorar, a aprender. Y, añade: (…) alguien que esté interesado en desarrollar y potenciar la motivación intrínseca en niños (…) no debería concentrarse en sistemas de control externo (…). Cabe resaltar que los dos experimentos resultaron, y resultan, muy polémicos y, no tanto por lo dicho hasta ahora, que también, como por el curioso hecho que, en los dos, el uso de recompensas (premios) tuvo un efecto negativo en relación a la motivación.

Según D. Pink, este tercer impulso estaría vinculado con: 1) nuestra necesidad innata de dirigir nuestras propias vidas (autonomía), 2) de aprender y crear cosas nuevas (dominio) y 3) de mejorar tanto a nosotros mismos como al mundo que nos rodea (fines).

La autonomía de Pink, a mí, me conecta con la idea de la autorealización de A. Maslow (1908 – 1970) o la tendencia actualizante de C. Rogers (1902 – 1987): (…) los individuos tienen dentro de sí vastos recursos de autocomprensión y para la alteración de conceptos propios, actitudes básicas y conducta autodirigida (…). Siguiendo por ahí, y parafraseando a E. Gendlin (1926) me atrevo a decir que, esa autonomía en el hacer – pensar – sentir emergería del cuerpo que, cuando nos damos permiso para prestar atención a una sensación sentida interior que tienen que ver con la globalidad – implícito–, a través del fluir de esa misma sensación, nos da nuestra propia respuesta a nuestra propia búsqueda – explícito–. Bien, y todo ello conectado, sin ninguna duda, con las ideas del Premio Nobel de Física I. Prigogine (1917 – 2003): (…) en lo sucesivo debemos reconocer a los sistemas una cierta autonomía que permite hablar de las estructuras lejos del equilibrio como de fenómenos de “autoorganización” (…); y con el concepto de Autopoiesis elaborado por lo biólogos H. Maturana (1928) y F. Varela (1946 – 2001).

El domino de Pink, para mí, igual que para él, empieza por la sensación sentida de fuir. Según M. Csikszentmihalyi (1934) esa sensación estaría vinculada con esas experiencias óptimas que suceden cuando existe sintonía entre aquello que hacemos y aquello que somos capaces de hacer; y, eso, nadie mejor que nosotros podemos experimentarlo, atenderlo y valorarlo mejor.

Los fines de Pink, a mí, me conectan con la mente de campo. Ese sensación de que lo que hago tiene un sentido más allá de lo inmediato; es decir, aquello que estoy realizando no sólo me es útil a mí, ahora y aquí, sino que, incide, ecológica y útilmente, en otros y en el entorno. M. Csikszentmihalyi nos recuerda que uno no puede vivir una existencia realmente excelente si no siente que pertenece a algo superior y más permanente que uno mismo. Siguiendo por ahí, parecería lógico pensar que si uno valora algo y lo consigue, como resultado, debería sentirse más feliz; pero lo sorprendente es darnos cuenta que si uno valora y consigue ciertas cosas, y, a su vez, por atender demasiado a su propia satisfacción, está desconectado de este sentimiento de pertenencia, como resultado, se siente más infeliz.

De momento, me planto ahí, pero no sin antes afirmar que lo mejor todavía está por llegar. En la tercera parte del libro, ¡asombroso!, Pink se plantea: ¿qué escuelas son aquellas que comprenden, respetan y favorecen este tercer impulso en los niños y niñas? Es decir, ¿qué escuelas, según Pink funcionan favoreciendo la autonomía, el dominio y los fines de sus alumnos? (sigue en Motivación y aprendizaje o el sorprendente caso del Sr.Pink (2ª parte))

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7 respuestas a Motivación y aprendizaje o el sorprendente caso del Sr.Pink (1ª parte)

  1. Margalida dijo:

    I el millor és que ens deixes amb el suspens i la motivació😉 d’esperar la segona part de l’entrada i les que vinguin…

  2. Alter dijo:

    Les escoles Waldorf entre altres … obviament …

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