Ritmos y procesos

Últimamente, me reconozco con una idea que está empezando a abrazarme por completo: respetar los procesos de las personas. En estas estoy, que cae en mis manos un artículo de la pediatra Judit Falk, continuadora del trabajo de la húngara Emmi Pikler (1902 – 1984) en el Instituto Pikler-Lóczy (véase Soporte al Instituto Lóczy de Budapest). En el artículo, titulado Desarrollo lento o diferente (2001), la autora se pregunta qué es la normalidad en el desarrollo de los niños. Además, afirma que la confianza, la relación cálida, estable y continua, son la base indispensable para ese desarrollo.

Durante la carrera de Física, para mí, Einstein (1879 – 1955) fue un mito. Entonces, y en mi caso, estaba a la altura de otros grandes personajes: Che Guevara (1928 – 1967) o Gandhi (1869 – 1948), por poner dos ejemplos. Cabe decir que, con los años, estos seres humanos han ido recolocándose y resituándose, dentro de mí, de maneras bien diversas. Pero bien, lo que quería resaltar es que, estudiar Física y, finalmente, dedicarme a la educación me ha llevado a vivir creyendo que arte y ciencia se dan la mano, se fusionan, como el metafórico abrazo que se dieron en el diálogo que mantuvieron, en 1930, los dos premios Nobel: Einstein y Tagore (1861 – 1941).

En el artículo de Falk, bonita casualidad, encuentro ciertas referencias a la niñez de Einstein. Señala su biógrafo que, en la infancia del físico, no había nada que indicara al genio dormido. Al contrario, el hecho más característico de su niñez es, sin duda, un desarrollo lento en general, sobre todo en lo que respecta al lenguaje. Se dice que no empezó a hablar correcta y normalmente hasta cerca de los 9 años. Respondía a las preguntas después de un lapso bastante largo. Sus padres se inquietaron y llegaron a pensar que era un poco débil. Creían que manifestaba signos de un cierto tipo de dislexia.

El hijo de Einstein le explicó al biógrafo que su padre era un chico apagado, un pobre de espíritu desdibujado. Sus maestros no esperaban de él demasiados éxitos. Según la leyenda familiar, una vez, cuando su padre pidió consejo a uno de los profesores acerca de hacia qué trabajo se le podía orientar, la respuesta fue simple: “Da igual, de todas maneras no llegará demasiado lejos en nada”.

Einstein, sobre su retraso evolutivo, dijo: “A veces me planteo cómo es posible que yo sea el que ha desarrollado la teoría de la relatividad. Creo que el ser humano desde su infancia reflexiona constantemente sobre los problemas del tiempo y el espacio. Como mi desarrollo era lento, llegué tarde a estas cuestiones, y, por ello, es evidente que podía sumergirme más profundamente en ellas de como lo hubiera hecho en la edad en que habitualmente un niño de capacidad intelectual normal busca respuestas a estas preguntas”.

En el terreno donde tenemos ubicada la escuelita, en menos de 300 metros, crecen tres cerezos. Esta primavera, en un momento dado, uno de ellos estaba completamente en flor; otro, estaba ya cubierto de hojas, sin apenas flores; y, el tercero, presentaba un peculiar aspecto a medio camino entre sus dos hermanos. Durante el desarrollo infantil, también, y a pesar de las estadísticas y las curvas porcentuales, todas y cada una de las adquisiciones muestran una gran diversidad en lo referente a los detalles y a la edad de manifestación. El alquimista suizo Paracelo (1493 – 1541) lo expone de manera poética: Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve… Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor… Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas.

Para mí, el reconocimiento a esa diversidad es indispensable para apreciar el fenómeno del desarrollo en toda su complejidad y belleza. Y, según mi opinión, sólo se consigue con humildad y respeto, con escucha, con paciencia, con estar en el aquí y el ahora, sin avanzarnos, empapados de esa emoción, el Amor, de la que nos habla Maturana (1928). (véase Los tres chilenos y el amor) Una admiración a los procesos a la que se llega, sin duda, aceptando, como íntimo valor, ¡inseguridad fructífera y creadora!, aquello, tan grande como olvidado, de confiar en la Vida.

Ciertamente, respetar el ritmo de cada niño, se acepta con cierta facilidad cuando se trata de la parte somática, corporal, e incluso la emocional, pero cuesta un poco más (o un mucho) cuando se trata de áreas como la cognitiva. Aceptar que un niño aprenda a andar más o menos tarde es una cosa; aceptar que un niño aprenda a leer más o menos tarde es otra bien distinta. En esta área, y también en otras, me parece interesante dejar que resuene en nosotros la frase de R. Steiner (1861 – 1925): “el nivel se considera normal cuando responde a aquello que el adulto espera”.

Pero, en realidad, cuando somos capaces de despojarnos de nuestras supuestas esperanzas, de las expectativas, de las etiquetas, de los juicios previos, de los debería… nos encontramos con la Vida y su gran variabilidad y grandeza. ¡Qué relativas se tornan las velocidades, los ritmos, las ideas y venidas, según con aquello que las relacionamos y comparamos! Y, ahí, regresa Einstein cuando, a la pregunta qué es la relatividad, responde: Si te sientas al lado de una chica bonita durante dos horas, crees que ha pasado un solo minuto. Y si te sientes encima de un ardiente fuego durante un minuto, crees que han pasado dos horas. Esto es la relatividad.

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2 respuestas a Ritmos y procesos

  1. Margalida dijo:

    Bonic post… per un dia de ritmes lents i pausats amb el Nil i la Candela.
    La Candela ha escrit espontàniament una carta a un amic seu dient-li que se l’estima molt, que vol que juguin junts molt de temps però que no li agrada gens que li digui dracula i que això la posa trista. Brillant manera d’expressar emocions, sentiments i de transmetre-les… Petons m

  2. Em sembla brillant el fet que la Candela faci apreciacions que van més enllà del blanc i el negre. És a dir, és capaç de dir: m’agrades tu i al mateix temps no m’agrada això que fas. A voltes, els adults, i també els infants, jutgem l’altre com un tot i som incapaços d’anar més enllà del concepte “bons/dolents”, “em caus bé/em caus malament”, etc.
    És fascinant com li pot dir al seu amic que se l’estima molt i que, alhora, no li agrada gens que li digui dràcula.
    És fascinent com és capaç de separar “naturalment” la identitat (t’estimo tal i com ets) de la conducta (no m’agrada que facis i/o diguis tal cosa…).
    Això, als adults, a vegades, ens costa mil!!!!

    M’encanta la Candela!!!

    Marga tens una petita/gran mestra a casa teva.
    Una abraçada

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