Wu-wei

Este verano, a orillas del mar, entre arena y sol, poco a poco y con agradables interrupciones infantiles, me estoy releyendo el Tao Te King. En la introducción de la versión que ha caído en mis manos se habla del Wu-wei. El autor apunta que, cuando los primeros budistas llegaron a la China y oyeron hablar de él, dijeron que era un estado de iluminación y lo compararon al Nirvana; y que, cuando muchos siglos después, los cristianos recibieron el mismo concepto lo bautizaron con el nombre de Gracia.

Parece ser que Wu-wei, literalmente, significa no-acción, no actuar. Y, según mi criterio, muchas veces, el educador es interesante que haga sin hacer, realice sus intervenciones sin esfuerzo, actúe naturalmente, espontáneamente; e, incluso, la mayoría de veces, es útil que abra un espacio (santuario somático) para poder soltarse, permitiendo que las cosas sigan su curso natural. Cuando el educador está centrado (véase Conectados con la Vida), cuando está conectado con su esencia, entonces, en palabras de Bateson (1904 – 1980), no existe división entre mente y naturaleza.

Cuando esta paz interior desaparece, cuando el educador siente, en él, el peso de la impotencia, entonces, la prepotencia, sin previo aviso, le abduce. El educador, entonces, salta al campo de juego y, a la manera de un grotesco autómata, desconectado, cual si estuviera poseído interiormente por un tentetieso que todo lo puede -o todo lo ha de poder-, intenta manejar las riendas de lo que ocurre con el soporte de los ritos, con la muleta de las ceremonias, con la hoja de doble filo de los elogios y las críticas, con la muerte anunciada de los premios y los castigos.

En cambio, cuando el educador está (véase Estar presente), sin intención alguna, sin propósito deliberado, con el simple y complejo objetivo de acompañar, entonces, como persona, tiene la oportunidad de no enredarse en el tortuoso mundo de las expectativas, los prejuicios, las exigencias, los retos…y adherirse al Wu-wei; empapado, de pies a cabeza, por el amor de Maturana (1928). De esa manera, delicadamente, y no siempre, el educador, se aparta de las intervenciones que pretenden dirigir e imponerse a los procesos autónomos del niño. Y, curiosamente, en ese no-hacer, nada queda por hacerse. En esa actitud de no avanzarse a las situaciones, en esa actitud de no ayudar a solucionar, en esa actitud de no aconsejar, en esa actitud de no imponer desde el saber, en esa actitud de no iniciar guerras preventivas…el educador, estando en relación con el niño, consigue, y no siempre, que sea el pequeño quien tome el timón de su vida.

Esa no-acción de la que nos habla el Wu-wei no tiene que ver con la inactividad, sino más bien con la acción libre de objetivos. Y, por decirlo de alguna manera, esa acción libre no estaría al servicio del ego, no estaría a las órdenes de uno mismo con la finalidad de satisfacer las propias necesidades o protegerse de los propios miedos, sino al servicio del Ser. Ese Ser del que nos habla Naranjo (1932) o Gurdjieff (1869 – 1949). El ser no hace, es. No hay duda alguna que el no-hacer, entendido de esta manera, es un proceso que tiene que ver con seguir nuestro propio camino, como si de un particular Tao se tratara. Un camino lento y sin pausa, de apertura, reconocimiento, aceptación y presencia, que nos lleva, como dijo Juan Ramon Jiménez (1881 – 1958), hasta nuestro interior.

La cala que acoge mis lecturas tiene forma de herradura. Los brazos, agrestes y monumentales, como dos grandes espolones que se adentran en el mar, parece que quieran darse la mano en la concavidad, dulce y maternal, que, los años de erosión, ha transformado en una placentera calita de cálida arena. El mar, primitivo, con alma infantil, dionisíaco, cambia constantemente de carácter: ora plácido y remolón, ora juguetón y exaltado, ora terrible y enojado… La tierra, con alma de madre, como aquella que nada hace, lo recibe y acepta, venga en la forma que venga, naturalmente, sin juicios ni quejas, y, en ciertos recodos privilegiados, con amor caritativo, lo sostiene y le da forma. Y, lo más importante, mar y tierra, en sus recurrentes interacciones, se van transformado mutuamente.

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10 respuestas a Wu-wei

  1. ángeles dijo:

    Querido Guillem, celebro tu nueva entrada y la poesía con la que describes la cala a la que te asomas, una cala inspiradora… tal vez tú mismo estés experimentando ese estado de gracia, de iluminación, de presencia, de Wu-wei!
    Esta mañana he sentido dos cosas que deseo compartir aquí y que relaciono con lo que acabo de leer.
    Mi gato (el gato negro que cuido), últimamente, ya sea por la edad, ya sea por el calor, parece que está alcanzando el estado de no-acción, está más presente que nunca cuando come, cuando duerme, cuando se deja acariciar, cuando descansa, cuando se acicala. Su manera de estar, mejor, su manera de ser, de Ser un gato, lo convierte en un animal conectado con su Esencia y por lo tanto Esencial. Me gustaría yo misma ser esencia conmigo misma. Es maravilloso tener referentes y he descubierto que en casa tengo un referente del Wu-wei.

    Mi segunda reflexión tiene que ver con un -<> de mi hermana que ha venido acompañado de -<>. Ando observándola y probablemente esta noche o mañana le pregunte cómo ha sido eso de no hacer nada… tal vez, ella también, como el gato negro del que hablaba antes, como tú mismo, como yo misma estemos buscando y experimentado ese estado de gracia. Me reconforta, me alivia sentir que algunos valoramos el hacer sin hacer, el hacer sin esfuerzo, desde la naturalidad, soltando, sin dirigir… aunque no resulte fácil puesto que el control , y es mi caso, se me impone como un modelo y una manera de hacer muy interiorizada.

    Gracias Guillem, siempre es un regalo leerte.

    • Qué alegría leerte!!!
      También es un regalo, para mí, poder asomarme a estas pequeñas ventanas de tu vida. ¡Un lujo!

      Tu último párrafo me conecta con mi viaje de regreso a casa: …el hacer sin esfuerzo, desde la naturalidad, soltando, sin dirigir… aunque no resulte fácil puesto que el control, y es mi caso, se impone…
      Ayer, al llegar al puerto de Barcelona, tuve unas sensaciones muy intensas y, sin más, me ENTREGUÉ a ellas… y eso me llevó a llamar a una amiga. Qué bonita es la ENTERGA y que difícil se vuelve cuando el CONTOL se impone. Se me antojan, control y entrega, como dos caras de una misma moneda.
      Ahí estamos, pues, en un camino parecido. De alguna manera, quiero regalarme más ENTREGA…

      Gracias de todo corazón, por ayer y por hoy

      • ángeles dijo:

        Guillem, como dice Alexander Lowen, psicoterapeuta en Análisis Bionergético, la entrega consiste simplemente en soltarse a los sentimientos propios.

        controlamos desde la cabeza y soltamos desde el cuerpo con el cuerpo, al soltar, Sentimos, y eso no siempre es fácil ni cómodo… pero es la única manera que yo conozco de conectar con mi Ser

        un abrazo sentido

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  6. raquelsuma dijo:

    La entrega supone saber a qué se está entregando. Entregarse al Ser supone saber quién eres. Cuando sabes quién eres puedes entregartes. Asíque empezar por la pregunta ¿quién soy yo?? parece lo esencial.

    • Parece que sí, ¿verdad?
      Saber quin soy…

      Tan simple y, a veces, tan difícil…
      Tanto tiempo mostrando aquél que no somos; tanto tiempo usando estrategias útiles para poder “estar” que, a la vez y a modo de peaje, nos alejaban de nosotros mismos.
      Tanto dolor escondido, o tanto miedo, o tanta necesidad de ser visto, o… que llegar a nosotros mismos, intuyo, es un camino largo, duro y difícil.
      Y, a pesar de todos los pesares, también creo, vale la pena.

      Un abrazo

  7. Pingback: De niño a niño interior, o cómo el trabajo con niños puede ser una segunda oportunidad (3/4) | Ser para educar

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