De lo que aprendí en un campo de fútbol (2ª parte)

Durante esta etapa (véase De lo que aprendí en un campo de fútbol (1ª parte)) el bebé vive y siente según y a través del campo emocional en el que se encuentre inmerso (padre, abuelos, cuidador, etc.). Gutman lo describe así:

El bebé es en la medida en que se fusione con aquello que lo rodea, con los seres que se comunican con él y con los objetos que existen alrededor y que, al tomarlos, se convierten en parte de su propio ser.

Según mi entender, ésta, entre otras, es la razón por la que D. Elkind (1931), en La educación errónea: niños preescolares en peligro (1987), habla de los marcos y de su importancia; aunque él, esta vertiente emocional, no la indique explícitamente. Elkind nos dice:

La forma principal en la que los niños adquieren un sentido de pertenencia es aprendiendo un repertorio (…) de “marcos”. (…) Los “marcos” son situaciones sociales repetitivas que tienen sus propias reglas, expectativas y sobreentendidos. (…) Uno de los problemas que tienen los niños pequeños es el de “cambio” de marcos. (…) Si reconocemos esta dificultad podemos ayudar al niño a cambiar de marcos con más facilidad.

Es decir, por eso valoramos imprescindible que para pasar de un marco a otro (de una situación a otra -de una tarde con los abuelos a ir de compras con mamá, por ejemplo-), respetemos el ritmo del niño y le avisemos con la anterioridad que necesite (“has estado toda la tarde con los abuelos; ahora, dentro de un rato, nos iremos a comprar”; por ejemplo). Y que, de esa manera, cuando le vayamos a recoger, pasemos, en ese espacio emocional en el que el niño ha pasado la tarde, el tiempo que él necesite para despegarse del campo emocional generado y compartido con los abuelos, y le permitamos engancharse al campo emocional que traemos nosotros.

Cabe destacar que este ser con el otro es el camino que le llevará, paso a paso, al yo soy. Es una espectacular maravilla vivir el primer despertar de ese yo soy en los niños que nos rodean. Vivirlo en tus propios hijos es un regalo (no exento de esfuerzo, y con un gran dispendio de paciencia); vivirlo en los hijos de los demás es una fuente de placer. En este sentido, nunca podré agradecer lo suficiente haber podido vivir de cerca el despertar de Itziar. Y, es gracias a la autonomía (y todo lo que conlleva: ira, afirmación, determinación, insistencia, etc.) que el pequeñín sale de la sopa emocional en la que navega y, poco a poco, va siendo consciente de quien es él y quien es el otro.

Me parece curiosa la comparación: la emoción que, al adulto, en un campo de fútbol, le fusiona con el grupo; al niño, le permite separarse del otro y empezar a construir su Yo.

Este largo camino de la construcción del yo empieza alrededor de los 2 años y no termina hasta la juventud, alrededor de los 23-24 años (aproximadamente) en que nuestro sistema cerebral está completamente maduro (véase Quiero vestirme de blanco). Durante todo este tiempo, la mente cognitiva se desarrolla y madura, y dependiendo del encaje que haga con su compañera, la mente somática, el resultado será más o menos armónico. Así pues, cuando mente somática y mente cognitiva cooperan en la observación y la significación de la realidad vivimos en armonía; pero, cuando entran en competición nos llenamos de angustia y dejamos de vivir en paz.

El bebé vive sumergido en el campo emocional de la madre; y, luego, en el campo emocional de todos aquellos con los que mantiene un vínculo. Por ello decimos que aquello que le acontece a un niño nunca es el problema, sino que es algo que funciona como una alarma. Por lo tanto, cuando detectamos algo en un niño vale la pena tomarlo como el síntoma de una situación; ampliar nuestra mirada y profundizar en su sistema familiar para averiguar dónde reside el verdadero problema. A menudo, ese síntoma disfuncional en un niño nos habla de un bloque emocional en la madre y/o en el seno de la familia. Gutman, hablando de bebés, lo plantea en relación a la madre, de esta manera:

Anular un síntoma del bebé no debería ser nunca el objetivo (…) Deberíamos ser capaces de sostener el síntoma hasta entender qué está pasando y cuál es la situación emocional que la madre tiene que comprender o atravesar.

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