La mentira (1ª parte)

Haciendo cola en un concurrido parque de atracciones, todavía lejos de la taquilla, descubro, delante de mí, algo que ya empieza a ser una constante en mi vida (véase La vida es sueño), a un padre y a su hijo, de unos 5 años, metidos en una animada discusión. El padre, por lo que entiendo, prueba de persuadir a su hijo con la intención de que mienta en referencia a su actual edad. Parece ser que, con esa estratagema, si funcionara, el padre se ahorraría unos euros en la entrada por poder acogerse, de esta manera, a una especie de descuento infantil. El niño, finalmente, y a regañadientes, acaba accediendo a las demandas del padre; ya sabemos cuan fieles son los niños, a determinadas edades, a ceñirse, única y exclusivamente, a aquello que ellos consideran cierto.

Vagamente recuerdo una historia apócrifa que, supuestamente, se le atribuye a uno de los descendientes de Gandhi (1869 – 1948). Al parecer, un nieto o bisnieto de Gandhi y su hijo, desde el alejado pueblo en el que viven, deciden viajar juntos a la ciudad. Al llegar, se separan para, cada cual por su lado, cumplir con un listado de deberes domésticos previamente establecidos. Antes de despedirse, concretan, de mutuo acuerdo, la hora en la que volverán a encontrarse en el mismo lugar del que ahora parten para regresar juntos al hogar. Por cuestiones que no recuerdo, el hijo llega tarde y, ante una pregunta del padre pidiendo explicaciones, el hijo responde y argumenta su retraso usando una mentira. El padre, cuando lo descubre, compungido y visiblemente consternado, se pregunta en qué habrá fallado él, como padre, para que su hijo, ahora y aquí, tenga que hacer uso de la mentira. Entonces, el padre, sin intención de manipular, chantajeara o culpabilizar, sino buscando en la soledad del camino un contexto adecuado para centrarse y reflexionar, decide regresar al pueblo andando. El hijo, apenado, acuerda en seguirle con el coche, y con los faros del vehículo iluminarle el largo trayecto de retorno.

Si un niño miente pudiera hacerlo, simplemente, por el hecho de jugar. A veces, los niños se enzarzan en mentiras de sueños, explicando historias de sucesos inexistentes; son mentiras que salen de la imaginación y, un adulto bien puesto hará bien en tomar parte de esa juego creativo.

En ocasiones, el niño miente por miedo, por vergüenza y/o para protegerse de posibles amenazas y castigos. Ciertamente, en el prospecto de la medicina del castigo, debería especificarse que, además de una eficacia no probada, y la mayoría de veces contraproducente, su uso tiene muchísimos y problemáticos efectos secundarios o, si se me permite el uso de la jerga militar, efectos colaterales altamente perniciosos.

Según mi experiencia, la habilidad de mentir surge, aproximadamente, a partir de los 3 años y puede ser considerada como un avance en el desarrollo y la maduración infantil. El uso de la mentira marca el descubrimiento por parte de niño que su estructura interna es distinta de la del otro (padre, madre, educadores, etc.). En cierto modo, aunque en otro  orden de cosas, y siguiendo a Wallon (1879 – 1962), ocurre algo parecido con la palabra no,  que ayuda a fortalecer el yo, a demarcar los límites entre sus deseos, pensamientos y sentimientos y los de los demás. Por lo tanto, y en principio, cuando veo que un niño de más o menos 3 años miente, primero, me alegro porqué pienso que su actual desarrollo le permite diferenciar, en referencia a un afuera, su adentro del adentro del adulto. En este sentido, y yendo un poco más allá, como segundo paso, pienso, no es lo mismo interpretar la respuesta de un niño de 3, 4 o 5 años como mentira, que la de un niño de 8 o 9, que la de un adulto. Y, en cualquier caso, y siguiendo al protagonista de nuestra historia, como respuesta a la mentira de cualquier niño (y también de un adulto), me parece muy útil, y antes de nada, por parte del adulto, hacerse la siguiente pregunta: ¿cuáles son las razones que han llevado a este niño, ahora y aquí y en relación conmigo, a alterara determinados hechos? (sigue en La mentira (2ª parte))

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3 respuestas a La mentira (1ª parte)

  1. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Molt ben formulada la pregunta final.

  2. Pingback: La mentira (2ª parte) | Ser para educar

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