La mentira (2ª parte)

(viene de La mentira (1ª parte)). Siguiendo a Maturana (1928) (véase de De Kafka a Samsa), y según la idea de que uno vive como legítimo aquello que, en su historia recurrente de interacciones, es aceptado como válido, podríamos concluir, aunque no siempre, que en un contexto familiar donde se viva aceptando -consciente o inconscientemente- el uso de la mentira, los hijos usaran la mentira de manera legítima. En la misma dirección, pero en sentido opuesto, podríamos afirmar, aunque no siempre, que si queremos que los niños crezcan en la confianza podría ser útil vivir en la confianza y no hacer uso de la mentira.

Cambiando la dirección del objetivo y apuntándonos a nosotros mismos, según mi criterio, el uso de la mentira, por parte de los adultos, en general, y de los educadores, en particular, responde a diferentes causas y motivos. A menudo, e incluso con buena intención, buscamos la buena conducta de los pequeños; a veces, queremos quedar bien, conservar nuestro estatus, reforzar nuestro rol, seguir construyendo una cierta aura de grandeza. A menudo, no nos permitimos el derecho a equivocarnos (véase La vida es sueño). Ahora bien, según Neill (1873 – 1973), la mayor dificultad a la hora de establecer relaciones basadas en la confianza y la honestidad es que ninguno de nosotros se dice la verdad a sí mismo. Como adultos, a veces, vivimos nuestras mentiras cual si fueran ciertas, y probamos de refrendarlas -consciente o inconscientemente- en todas aquellas ocasiones que nos es posible hacerlo. Gurdieff (1869 – 1949), considerando al hombre como una máquina que no se conoce a sí misma y que no empieza a dejar de serlo hasta que no se reconoce como tal, afirma que de la mentira, uno, no puede escapar, ya que mentir quiere decir hablar sobre cosas que uno no conoce, y que incluso no puede conocer, como si uno las conociese y como si las pudiera conocer.

Dolto (1908 – 1988) nos habla de que los sucesos que traumatizan a los niños son aquellos de los que no se habla, aquellos que permanecen en secreto, aquellos que se disfrazan o se endulzan con mentiras, a veces piadosas, a veces llenas de perfidia. Aquello que crea el trauma no es aquello que el niño vive, sino la manera en como el niño se relaciona con ello. Aquello que se vive, creo firmemente, solamente se puede aceptar, integrar y trascender si, primero, se reconoce, se comparte, se expresa abiertamente. En resumen, si no se conversa sobre aquello que el niño vive no podemos darle, a eso, cobertura humana. Así pues, si, delante de un determinado hecho, vivido por el niño, se reconocen abiertamente todas aquellas emociones que van emergiendo, entonces, éstas, no se reprimen y, de alguna manera, pueden integrarse útilmente en el proceso vital del niño. Hablar de lo que pasa, hablar de lo que se vive, no esconder información ni vivir en el secreto, permite que no se generen heridas dentro de la familia, posibilita evitar la maleza de posibles taras emocionales que, poco a poco, si se dieran, pudieran complicarse y arrastrase por largo tiempo (incluso de una generación a otra).

En una carta, Dostoievsky (1821 – 1881) explica, sin ahondar en el desafío que ello supone, su creencia de que a los niños se les debe decir siempre la verdad. Naranjo (1932) afirma que, su sentimiento de que siempre se debe decir la verdad a los niños forma parte de una tendencia a verlos como más inocentes que los adultos y de considerar que cada niño que viene al mundo es tan puro como una flor que comienza a abrirse.

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8 respuestas a La mentira (2ª parte)

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  2. Juan Ma dijo:

    Hola Guillem,
    me sirve lo que escribes…gracias. Poco a poco, y con grandes dosis de humanidad, como educadores y también como personas, podemos conseguir ser “la mejor vesión de nosotros mismos…”y eso es una gran liberación para uno mismo y también seguro libera a los demás.
    Un abrazo a todos/as.

  3. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones Guillem i companyia,

    Penso que una de les primeres mentires que com adults transmetem als nouvinguts és que el dolor no existeix, o bé que no existeix un dolor permanent, o bé que el dolor és menys intens del que sembla, o bé que el dolor és bo d’amagar…

    Ho fem de maneres molt subtils, i després els infants ho reprodueixen en el joc. Quan la Berta, de 2 anys i 4 mesos, cau i es fal mal, de veritat, plora i ràpidament busca la mare, en el seu defecte el pare, i en el seu defecte l’àvia, i en el seu defecte qui ella creu que li pot donar consol. Moltes vegades del seu entorn rep missatge com:

    Això no ha estat res!, posarem una mica d’aigua i curarà!. No passa res!!!. NEGACIÓ / FALSES EXPECTATIVES
    O bé, del tipus, vols la pilota?, vols aquesta joguina?, mira que passa un avió?. DISTRACCIÓ /EVITACIÓ

    Per sort, també rep altres indicacions, que com a família hem anat desenvolupant amb interacció amb el model educatiu del submarí Lila, tals com:

    Berta, ara t’has fet mal, no?. On et fa mal?. Ara et fa mal i vols la mama, no?. Vols explicar com has caigut?. Vols que posem una mica d’aigua?. ACCEPTACIÓ FÍSICA / CONNEXIÓ EMOCIONAL

    La Berta moltes vegades reprodueix aquestes diferents conductes de l’adult en el joc, per exemple agafa el seu nino, a qui té apreci, el llença per les escales i llavors va ràpidament a buscar-lo i li diu: No passa res!!!, no ploris!!!. Alguna vegada tímidament, reprodueix en el joc amb el seu nino alguna conducta més en el sentit de l’acceptació, però domina clarament la reproducció de conductes que tendeixen a minimitzar el que ha passat, restar importància als fets, … seguirem batallant en aquest sentit. Penso que ara li he de permetre també que interaccioni amb conductes evitatives i de negació, doncs forma part del seu desenvolupament, i espero li serveixin de contrast per interioritzar maneres de ser més connectades amb el seu exterior i el seu interior tal com són.

    El dolor existeix. El dolor de venir i portar al món una nova vida. El dolor d’una caiguda. El dolor per una pèrdua d’un ser estimat. El dolor per una llarga malaltia d’un fill. El dolor del canvi… El dolor és natural i forma part del GRAN PROCÉS que fem TOTS durant la nostra vida. No mentim als infants i no ens enganyem nosaltres mateixos, hi ha dolors que no es poden guarir des de fora, hi ha dolors que només poden començar a sanar (que no desaparèixer) des de l’acceptació d’un/a mateix.

    Una abraçada,

  4. Pingback: Dolor | Ser para educar

  5. Oihana dijo:

    No mentir a mi hija es una premisa que trato de seguir en todo momento. Pero estoy en pleno debate ahora que sólo quedan unos meses para los dichosos Reyes Magos. ¿Es tan raro no hacer partícipe de esta gran mentira a nuestros hijos? Cierto es que la fantasía apasiona a los niños y niñas y a muchas personas adultas también pero, ¿qué queda de fantasía en esta “fiesta”? Creo que el consumismo ha sustituido toda buena intención de esta “trola”.

    • Oihana,
      entiendo com te sientes y entiendo tus dudas…

      Me gustaría, un día, poder escribir sobre como veo y percibo los “dichosos Reyes Magos”;
      y, cuando lo haga, espero que nos sirva (a tu y a mi, al menos).

      Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu comentario

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