Las batas blancas

Desde que Noa estuvo en el Hospital (véase Abrir y cerrar puertas) que, cuando ve a alguien con bata blanca, huye despavorida. Y, desde entonces, vengo buscando la razón de esa especial forma de recordar que manifiestan los niños en su primera infancia y que, a menudo, arrastramos durante toda nuestra existencia. Es decir, la causa por la que respondemos a situaciones del presente (Noa se encuentra a alguien con bata blanca) aplicando una respuesta como consecuencia de una experiencia que se ha quedado grabada en nuestro cerebro, en el pasado, sin ser conscientes de ello (Noa sintió mucho dolor las innumerables veces que alguien con bata blanca tenía que buscarle la vena para colocarle una vía). Según D. Siegel, la posible explicación se encuentra en el funcionamiento de la memoria.

La memoria vendría a ser la forma que tiene el cerebro de dar respuesta a los sucesos creando, para ello, nuevas conexiones. Las dos principales formas de memoria son la implícita y la explícita.

La memoria implícita es una suerte de memoria primitiva no-verbal que está presente desde el momento en que nacemos y perdura a la largo de toda nuestra vida. Este tipo de memoria incluye memorias emocionales, perceptuales y, muy posiblemente, corporales. Según D. Siegel, nuestro cerebro registra elementos en la memoria implícita sin necesitar que, en el momento de ser grabados, tengamos que estar prestándoles atención consciente. Ahora bien, según mi opinión, la característica mas alucinante de este tipo de memoria es que, cuando la usamos, no va acompañada de la sensación de estar recordando, con lo que, en ese momento, no somos conscientes que nuestra experiencia está siendo generada a partir de determinados contenidos del pasado.

Un elemento fundamental de la memoria implícita son los llamados modelos mentales que permiten a la mente reproducir las experiencias repetidas del pasado. Los modelos mentales son una especie de filtros que condicionan el modo en que procesamos nuestras percepciones y elaboramos nuestras reacciones ante el mundo. De esta manera, estos modelos de filtrado nos llevan a desarrollar nuestro particular modo de ser y de percibir el mundo. La potencia de los modelos mentales es que, cuando creemos estar dando respuesta a la realidad que nos circunda, realmente, no estamos respondiendo a lo que percibimos y significamos, ahora y aquí, sino que, aquello que pensamos, sentimos y hacemos está mediatizado por nuestro modelo del mundo que, fruto de nuestras vivencias pasadas, nos hemos ido construyendo.

A su vez, la memoria explícita se subdivide en la memoria semántica u objetiva, accesible entre el año y el año y medio de edad, y la memoria autobiográfica, que empieza su desarrollo alrededor de los dos-tres años. Contrariamente a lo que pasa con la implícita, para registrar ambos modos de memoria explícita requerimos prestar atención consciente, y su evocación va acompañada de la sensación interna de que estamos recordando. Cabe decir que para que se pueda dar la memoria explícita objetiva es imprescindible el funcionamiento del hipocampo y la maduración de esta área cerebral se da, aproximadamente, durante el primer año y medio de vida. Más adelante, durante el segundo-tercer año de vida, la finalización del proceso de mielinización del córtex prefrontal (véase Quiero vestirme de blanco) hace posible la emergencia del yo y del tiempo, señalando el inicio de la memoria explícita autobiográfica. Así pues, antes de llegar a este punto evolutivo, el bebé está sumido en esa amnesia infantil donde sólo está presente la memoria implícita (la que hizo que Noa grabara los incidentes del Hospital). Vale la pena resaltar que, a pesar del salto que se da a los dos-tres años, los niños de estas edades todavía tienen dificultades para manejarse con la memoria explícita de manera continua. Y no será hasta los 6-7 años que, debido a la maduración del cuerpo calloso y a un nuevo empuje del córtex prefrontal, que se dará una consolidación del yo a lo largo del tiempo y, esto, abrirá las puertas reales a la memoria autobiográfica.

Según Siegel, las experiencias estresantes y traumáticas, a cualquier edad, pueden inhibir el modo explícito y, por el contrario, activar el modo de procesamiento implícito. De esta manera, ciertas experiencias estresantes y/o traumáticas (de nuestra infancia antes de los dos-tres años y de más adelante) pueden quedar grabadas en forma implícita y dar lugar a ciertos modelos mentales. De esta manera, vamos haciendo acopio de un legado de bloqueos emocionales y/o temas no resueltos que, al cabo del tiempo, aparecerán y se activarán, en nuestro presente, sin ser conscientes que provienen de nuestro pasado. Así pues, como adultos, en la relación con los niños, a menudo, es nuestra propia experiencia interna la responsable de los estados perturbadores que, creemos, nos provocan las acciones de los más pequeños; de la misma manera que la reacción de Noa frente a alguien de bata blanca no es a causa de las acciones presentes del médico en cuestión, sino que, sin ser ella consciente de ello, está provocada por lo que la bata blanca ha gatillado en su propia experiencia interna. Así pues, si prestamos atención a nuestro interior en las ocasiones en las que, de manera repetitiva, más nos perturban las conductas de los niños y niñas (cuando gritan, cuando se enfadan, etc.), podemos empezar a descubrir de qué manera nuestros modelos mentales construidos de forma implícita durante nuestro pasado interfieren en el tipo de relación que queremos mantener con ellos, ahora, en nuestro presente. Y, en este sentido, defiendo que, el trabajo y la relación consciente con niños nos brindará, si estamos abiertos a ello, una segunda oportunidad para reelaborar, integrar y transcender nuestros bloqueos y temas no integrados.

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Una respuesta a Las batas blancas

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones Guillem,

    el mecanisme implícit que fa reaccionar a la Noa davant de la bata blanca és associatiu. Associa la bata blanca a una experiència dolorosa, en el seu cas de forma implícita. Em pregunto, què passaria si un dia els pares de la Noa es disfressen amb bates blanques?. Seria prou potent aquest símbol per reescriure en el cervell noves connexions que ajudessin a fer conscient aquest comportament reactiu, i per tant més treballable?. No seria com dir-li hola a la por de la mà de les figures amb qui ella se sent protegida?.
    Bé, pot ser la Noa també peta a córrer si veu al seu pare vestit amb una bata blanca… Pot ser per evitar una sorpresa també dolorosa, les bates blanques haurien de ser posades davant de la Noa, explicant en tot moment el que estem fent, demanant la seva aprobació, un joc …
    Si realment tota experiència deix una impronta corporal, diríem un llogarret físic on el malestar es concentra per avisar al cervell d’un possible perill, entenc que també és una via per sanar acompanyar aquest malestar, en edats com la Noa, físicament, amb la mà, amb el contacte corporal, la mirada, les olors dels pares, … si això ho podem fer vestits de blanc, treballem de fora a dins, i de dins a fora simultàniament?.

    Agafant, la línia del curs que va fer “ser per educar”…
    Treballem la ment somàtica amb l’acompanyament corporal, la ment cognitiva a través del símbol alterat “bates blanques vestides pels meus pares” i com hem relaciono amb aquest símbol alterat. Si l’infant demana que el pare vestit amb bata blanca l’abraci, es pot ser en aquest moment que la ment de camp s’obre i podem re-simbolitzar la bata blanca, … no sé, és una hipòtesi. Pot ser en el cas de nens abans dels 3 anys, aquestes tres ments estant poc diferenciades, dominant la ment somàtica per damunt de tot. Per exemple, no hem quedar clar si realment amb aquest procés hi intervé massa la ment cognitiva, i pot ser hi ha recorreguts que van directament de la ment somàtica a la ment de camp, saltant-se la significació del que se sent, és a dir, que l’infant d’aquestes edats no veig com pot comunicar-nos com se sent al sentir això que la fa reaccionar. Intrioduir la bata blanca en el pare o la mare, seria una forma de manipular el procés, oferint noves sensacions associades a la bata blanca.

    Amb la Berta, ara ens passa una mica amb els insectes, però és clar és més difícil disfressar-se de libèlula, i encara més moure’s com elles…je, je, …

    Una abraçada,

    Joan

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