El llanto

Hoy, he pasado una bonita mañana con Txell, de 2 años y un poquito más. Txell está viviendo su particular y único período de adaptación. Y, a ese respecto, quiero decir que estoy aprendiendo de su aprender y que, en ciertos momentos, dudo completamente de quien se está adaptado, si ella o yo. Seguramente, los dos.

Hoy, el padre de Txell se ha ausentado buena parte de la mañana. Inicialmente, y después de la despidida, he percibido a la pequeña bastante a gusto; pero, ¡bendita prudencia!, no he querido alejarme mucho de la zona por donde se movía. De repente, cuando se encontraba en la cabaña, ha empezado a llorar y a chillar reclamando a su padre. Me he acercado y le he dicho, Txell te veo triste. Quieres que venga papá. Ella, visiblemente contrariada, con movimientos claros y rápidos me alejaba de su lado, y con vehemencia continuaba reclamando a su padre; al mismo tiempo, asentía con la cabeza, como respondiendo afirmativamente a mi frase, Quieres que venga papá. A continuación, y sin dudarlo, he insistido con algunos cambios, Txell te veo triste y algo enfadada. Papá se ha ido y ahora no está. Llora todo lo que necesites. Txell, mostrando su fuerza, ha insistido, cual guerrera sacándose de encima al enemigo, en alejarme físicamente de su zona de seguridad y, con una claridad de ideas fuera de serie, ha empezado a andar en dirección a la salida. Con respeto, y a cierta distancia, la he seguido. Ella, al encontrarse con la primera puerta, ha probado, con dificultad, de abrila. Yo le he preguntado, Txell, ¿quieres que te ayude con la puerta? Ella, sin dejar de llorar, me ha dicho que no, que quería hacerlo sola. En ese momento, aprovechando su parada, me he colocado a su altura y, sin invadir su zona, le he dicho, sé que quieres ir a buscar a papá. Yo voy a acompañarte. Ella, otra vez, insistiendo en su capacidad, y mientras abría la puerta, con claros ademanes me volvía a echar de su lado. Su paso era resuelto, y su dirección segura y cargada de sentido. Sin dudarlo ni un momento, y con el llanto a cuestas, ha dibujado, paso a paso y con su cuerpo, el camino que se dirige a la pequeña carretera que comunica con el pueblo. Yo, a poca distancia, la he acompañado. Ella, de vez en cuando, me miraba de reojo y, de alguna manera, a su manera, mezcla de dulce sutileza y desafío, con sus modos no-verbales ya empezaban a incluirme en su particular búsqueda. El cambio ha sido gradual, sin presión externa, movido desde su adentro. Finalmente, todavía entre llantos, sus gestos me han indicado que yo, más que un acompañante casual, estaba siendo aceptado como un digno compañero de ese íntimo y profundo viaje emocional. Al llegar a la carretera, le he dicho, Txell, papá se ha ido. Yo sé que quieres estar con él. Hemos llegado a la carretera y, de aquí, no quiero que pases. Ella, entre sollozos, y sin perder un gramo de fuerza, me ha mirado y, de alguna manera, en esos ojos, he captado que su interior ya había cambiado. Le he extendido mis brazos y, ella, me ha entregado los suyos y, con ellos, me ha hecho entrega, a su vez, de su confianza y de la posibilidad de colaboración mutua. En ese acto de apertura me ha dicho, te acepto, confío en ti y me apetece colabora contigo. La he cogido en brazos y su lloro ya tenía otro color. Entre líneas he querido encontrar un me he sentido aceptada por ti, me he sentido respetada en mi sentir, me has permitido llorar y ese llanto ha curado mi sensación de sentirme sola y perdida, te has movido escuchado mi cuerpo, me has hecho vivir de manera legítima mi tristeza y mi enfado e, incluso, mi no quererte cerca, y, por todo ello, ahora, me abro a ti, me entrego porque, corporalmente, te siento parte de mí, y, en este momento, sin un atisbo de duda, quiero estar a tu lado. Un pájaro revoloteaba a nuestro alrededor y ella lo perseguía con la mirada. Miras el pájaro, le he dicho. Ella, por primera vez, ha esbozado algo que, a mí, me ha parecido una leve sonrisa. El sollozo era cada vez más espaciado, como las nubes en un cielo de verano. Te veo cada vez más tranquila. Sé que te gustaría estar con papá. Vamos a regresar y le podemos esperar. En ese momento, con su índice y una mueca de alegre sorpresa, me ha señalado un pájaro que bebía de un charco. Este pájaro está bebiendo del charco, le he dicho, y nosotros estamos regresando. Esperaremos a papá.

Para mí, respetar el llanto de niños y adultos no significa taponarles esa emoción ofreciéndoles pecho, chupete o distracción; aunque, quiero aclarar que, a veces,  darle pecho a un niño que llora no significa, necesariamente, taponarle la emoción. Para mí, por muy de acuerdo que esté con ellos, tampoco significa seguir a rajatabla las ideas de A. Solter o A. Janov (1924) sobre el poder sanador de las lágrimas. Respetar el llanto, para mí, a la luz de Gendlin, (1926) significa conectar con el niño, ofrecerle con respeto mí presencia y, a su lado, estando ahí de la manera que él necesite, sostener todo aquello que vaya emergiendo.

Según un estudio de 2008 de la Universidad de Florida, las lágrimas llevan a un mejor estado de ánimo, en especial, cuando, junto a la persona que llora, se encuentra presente otra persona (ni más ni menos; una y sólo una). Ahora bien, al parecer, la actitud de esa persona, para que el llanto pueda ser sanador, debe ser de compasión (véase Estar presente). Es decir, si la persona que llora se siente totalmente aceptada por la persona que la acompaña; si la persona que llora no se siente cuestionada, ni juzgada, ni culpabilizada, ni menospreciada, ni distraída por la persona que la acompaña; si la persona que acompaña se limita a estar y a sostener ese llanto; entonces, el llanto puede devenir sanador. Así pues, de dicho estudio se desprende que la reacción comprensiva y compasiva del entorno resulta decisiva para que el llanto se experimente como liberador o purificador.

Esta entrada fue publicada en Acompañar procesos, Amor, Dentro-Fuera, Libertad y Autonomía, Neurociencia y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

18 respuestas a El llanto

  1. Paula dijo:

    emocionante! me ha llegado al corazón… gracias!
    Paula

  2. Antonio dijo:

    Mi hija me demuestra cada día mi total desconocimiento de sus verdaderas y profundas necesidades; ella me demuestra que nuestro papel como padres está cargado de responsabilidad.
    Se trata de un “camino” que a veces se me hace largo y oscuro.
    Gracias Guillen por tu relato, me da ánimos para afrontar el camino con esperanza.

  3. ángeles dijo:

    Querido Guillem,
    Cuánto de autenticidad hay en tu proceso de acompañamiento a Txell!
    He sentido que has transmitido cosas muy importantes para mí y que comparto contigo. Llorar con alguien al lado es profundamente sanador y sentir la compasión del que acompaña en nuestro llanto es básico para que se pueda completar esa sanación… y en cambio es tan difícil para mí compartir ese llanto. Qué hay detrás del llanto que no nos deja soltarlo, dejarlo ir fluidamente, que lo queremos controlar desde la voluntad, que nos (me) genera vergüenza, sentimientos de inadecuada, un tipo de vulnerabilidad que me desnuda demasiado? … y continuo con mi reflexión en voz alta… y sin embargo, a ratos, anhelo llorar con la fuerza y la espontaneidad de Txell. Qué fuerzas inconscientes reprimen un deseo (el deseo de llorar con esa figura que acompaña) que para mí sería tan liberador a nivel emocional y corporal? es un sinsentido, una paradoja, un misterio ????

    Gracias Guillem por brindarme estas reflexiones….

    ángeles

  4. Laura dijo:

    Me ha encantado!

  5. Maria Magarolas Jordà dijo:

    A grans o petits, l’acompanyament en el plor o en el dolor és profundament “gratificant” tan pel qui plora com per el qui acompanya. Consola a tots dos. El relat que n’has fet és molt tendre.

  6. Marina dijo:

    Me ha parecido un texto muy poético y evocador.
    Y, además, que buen trabajo de acompañamiento…

    Gracias, Guillem
    Un abrazo

  7. Sergi dijo:

    Tu relato me demuestra una vez más que dejo a mi pequeña Txell en buenas manos. Gracias por ese regalo. Podría reproducir la escena que explicas en mi cabeza como si la estuviera viendo, conociéndola a ella. Mi hija tiene carácter y las cosas inusitadamente claras (también sus padres nos sorprendemos a veces), pero también es frágil, como todos nosotros. Yo la quiero (y mucho) así , con todo lo que lleva dentro: por su fuerza, pero también por su fragilidad.
    Gracias otra vez, Guillem.

  8. Pingback: Al lado del miedo | Ser para educar

  9. wawier dijo:

    Impresionante entrada. Enhorabuena por todo el trabajo personal que habrás tenido que realizar para poder acompañar de esta manera un momento y unas emociones como las que relatas. Creo que nunca se valorará lo suficiente la importancia de permitir expresar y dar validez auténtica a lo que sentimos nosotros y a lo que sienten los demás, pero estoy seguro de que, aquel día, Txell apreció enormemente la comprensión que le estabas brindando.
    Un saludo.

  10. Pingback: Atención y emoción | Ser para educar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s