Tres niveles de adaptación

Berta, con sus maravillosas 28 lunas, este setiembre, se reincorporaba a nuestro proyecto. Quiero decir que para mí ha sido -y está siendo- un lujo poder acompañar su período de adaptación. Jan, con sus casi 5 años, en la misma fecha, ingresaba, por vez primera, en nuestro centro. Para mí, valga la redundancia, ha sido -y está siendo- un regalo poder sostener todas las vivencias de su particular y único proceso. Así que, ya de entrada, me gustaría darles sinceramente las gracias por haberme permitido estar a su lado. Después de casi dos meses, puedo afirmar que, según lo que yo he observado y significado, Berta y Jan, están adaptando su estructura interna a una nueva realidad y, estoy seguro de ello, este trabajo, que no es fácil y, a veces, nada placentero, les será útil durante toda su vida porque, seguro, podrán volver a él cuando lo necesiten.

Entre otras cosas, de Jan he aprendido que todo período de adaptación se subdivide en dos fases o niveles. Cabe decir que, Jan, desde el primer día, ha asistido al proyecto sin contar con el acompañamiento físico, corporal y presencial de sus padres. A ojos de un observador externo, parecía -o podía parecer-, que, desde un inicio y por diferentes razones, el chico disfrutaba de una adaptación casi instantánea. Ahora bien, un análisis más pormenorizado me ha llevado a matizar el grado de su adaptación. Me explico. En ciertos momentos, emocionalmente difíciles (un llanto por una caída, una frustración por una dificultad no resuelta, un conflicto de compleja gestión, etc.), Jan no encontraba sostén en los adultos que formamos parte del equipo de educadores. Jan, en esas situaciones, necesariamente, requería de la presencia de su madre. La buscaba, la reclamaba, corría a su encuentro, pedía llamarla… Ciertamente, estaba adaptado físicamente, pero estaba lejos de estarlo a nivel emocional. Es como si su cuerpo dijera, este espacio no amenaza mi integridad física, y las personas que lo habitan parecen agradables y llenas de buenas intenciones. Eso me lleva a deambular con cierto desparpajo cuando me siento relajado. Ahora bien, cuando siento tensión, vacío, revuelo… y un sin fin más de sensaciones desagradables no encuentro la presencia externa humana que necesito para que, internamente, pueda abrazar esas presiones y estar a su lado el tiempo que preciso para averiguar qué esconden y satisfacer aquello que reclaman; y, así, después, poder regresar a un estado de calma y distensión.

Entre otras cosas, de Berta he aprendido a desaprender lo recién aprendido; por ejemplo, que todo período de adaptación no se subdivide en dos fases, sino en tres. Urge decir que, Berta, desde un inicio, ha estado acompañada físicamente, en la cercanía, por su madre. Inicialmente, y después de crear la distinción puedo nombrarlo, Berta, no estaba adaptada ni física ni emocionalmente. Y, no es hasta ahora, desde hace poco más de una semana, que su madre empieza a ausentarse y ella a quedarse aparentemente tranquila. Berta, en estos últimos 10 días, está aprendiendo a lidiar y a gestionar ciertas situaciones de manera autónoma y sin su madre; con el sostén de unos adultos que no son ni su padre ni su madre, y que, además, no forman parte de su familia extensa. Esto, sin duda, después de subir el primer escalón que fue la adaptación física, le va a suponer un segundo esfuerzo: la adaptación emocional. Durante este período, que justo empieza, y en el que está experimentando unas nuevas maneras de relacionarse con el mundo, Berta, está estructurando una red de respuestas emocionales que le permitirán sentirse segura y relajada -a nivel emocional- en este nuevo ambiente en el que no están presentes ninguno de sus progenitores. Este entramado segurizante autoconstruído, cual la red que protege a los trapecistas, no funciona ni como bastón ni como una mano tendida; es decir, su cometido no es el de urdir un soporte externo. Más bien, su objetivo es el de amarrar internamente una serie de cabos que, de esta manera atados, facilitarán que, a través de la relación con el otro, construyendo y/o desplegando las habilidades necesarias para bregar con todas aquellas situaciones con las que va a encontrarse, vaya transformando la relación con ella misma; vaya rehaciendo su estructura interna. Cuando este andamiaje de seguridad emocional esté montado, Berta, creo, podrá decirse, ahora me siento segura. He experimentado que en este ambiente me puedo relajar. He vivido diversidad de situaciones y las he resuelto de manera autónoma. Los adultos que acompañan mi proceso han estado a mi lado y me he sentido sostenida por ellos. Así que, ahora, puedo decirles a mis estructuras responsables de sobrevivir y buscar seguridad que no hace falta que colapsen el 100% de mi sistema. Ahora, puedo permitirme poner en marcha mis estructuras de desarrollo. Sin atisbo de duda, puedo dedicarme a crecer. En estos momentos, Berta empezará su adaptación cognitiva y su estructura interna estará disponible y preparada para desplegar todo su potencial.

Ahora puedo decir que son muchos los niños que no pueden dedicarse a su propio desarrollo por tener su sistema ocupado en sobrevivir y/o buscar seguridad (física, emocional o cognitiva). Ahora puedo decir que, después de una adaptación física, viene una emocional y, a continuación, llega una cognitiva. Ahora puedo decir que este proceso que aquí he separado por razones pedagógicas no se da ni de manera lineal ni escalonada; sino que podría compararlo con el movimiento que seguiría una espiral que en una suerte de giro recursivo avanzara hacia arriba, volviendo hacia atrás -recuperando el camino ya trazado, pero desde una altura mayor- y yendo hacia adelante -buscando nuevos horizontes- y siempre ganando amplitud y perspectiva.

Necesitamos sentirnos mínimamente seguros para poder desarrollarnos y, a la vez, seguir desarrollando nuestra seguridad y, así, sintiendo, a diferente niveles, esa seguridad en desarrollo, poder continuar el desarrollo, sin perder esa seguridad en crecimiento, y, de esta manera, poder desplegar todo nuestro potencial interno.

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8 respuestas a Tres niveles de adaptación

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Bona nit Guillem i companyia,

    Com a pare de la Berta agraeixo molt aquests comentaris, aquesta mirada profunda de processos que normalment als pares se’ns escapen per ser tant difícil fer d’observador del creixement dels fills i d’un mateix.

    Com adult, fa temps que intento desapendre i desfer camí fet. Normalment m’invaeix la por, i quan busco dins meu la sensació sentida és que no hi ha vores (bordes), no hi ha on agafar-se i sentir-se segur. Llavors la meva estructura interna està en senyal d’alerta permanentment, com qui camina a les fosques i busca amb les mans algun lloc on agafar-se… Aquesta situació, que intento no dramatitzar en excés, intueixo que bloqueja el meu potencial de desenvolupament a tots els nivells (físic, emocional i cognitiu). Si alguno cosa desitjo amb totes les meves forces per la Berta és que ella no s’hagi d’ocupar tantíssima energia en buscar aquesta seguretat interna, que li vingui d’una forma natural, sense resistències, i que pugui dedicar tota la seva energia a ser qui vulgui ser, a sentir el que vulgui sentir, a pensar el que vulgui pensar.

    Gràcies de tot cor,

    Joan

    • juanma dijo:

      Hola Joan, Guillem i companyia,
      jo també em sento molt identificat amb aquesta sensació que comentes, en la què “la meva estructura interna està en senyal d’alerta permament(…) i que bloqueja el meu pontencial de desenvolupament…” Penso que trobar la millor versió d’un mateix és una de les maneres que he trobat més honestes de creixer i deixar creixer i que et porta a que sigui menys dramàtic l’acceptació d’un mateix..
      Una abraçada,
      Juan Ma

    • Benvolguts Joan i JuanMa,
      estic encantat que, entre altres coses, la por també ens uneixi.

      A vegades, la por em fa estar uns dies ben remogut.
      Llavors, m’agrada aturar-me i no desepallegar-me’n;
      sentir-la en tota la seva profunditat.
      Em fa mal i vull estar amb aquest dolor.
      M’omple d’inseguretats i dubtes (malaïts dubtes!)
      Poc a poc, si sóc capaç d’estar-hi a la vora, es va disolvent i em deix algun regal (no sempre m’agrada!)

      Joan,
      m’agrada treballar pel mateix que tu!
      m’agrada sentir que anem en la mateixa direcció i sentit!
      Endavant amb la Berta!

      Una abfraçada a tots dos

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