Autopoiesis

Maturana (1928) y Varela (1946 – 2001), en 1974, en De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo, definen un sistema autopoiético como una red cerrada de producciones moleculares que produce de manera recursiva la misma red de producciones moleculares que la produjo y marca sus bordes a la vez que permanece abierta al flujo de materia a través de ella. Maturana siempre cuenta que el origen de la noción de autopoiesis se remonta a 1960 cuando un estudiante de primer año de medicina le hizo la siguiente pregunta: ¿qué comenzó hace 3800 millones de años que le permiten a usted decir ahora que los sistemas vivos comenzaron en ese entonces?

Maturana y Varela son doctores en biología y, por tanto, el concepto de autopoiesis emerge desde la biología. Y, eso, ya puede abrir una primera cuestión. A saber, ¿por qué alguien que trabaja como educador está interesado en un principio teórico proveniente de una disciplina, al parecer, nada conectada con la suya? Aquí, quiero matizar un par de cosas. La primera que, en mi caso particular, me considero seguidor de Bateson (1904 – 1980) y, por ello, confieso que una de mis aficiones, por llamarlo de alguna manera, es encontrar la conexión que existe entre cosas aparentemente dispares. Y digo aparentemente dispares porque la educación y la biología, según mi parecer, están más cerca de lo que el currículum del Departamento nos quiere mostrar, intentando encasillar y separar lo que, en primera y última instancia, está unido. Pero bueno, dejando esta vereda, no por parecerme poco atractiva, sino porque no me llevaría a conseguir el objetivo de esta breve reflexión, paso a declarar la segunda razón. De nuevo, a la luz de Bateson, puedo decir que el concepto de autopoiesis más que un concepto es un metaconcepto y, por lo tanto, sus implicaciones y aplicaciones no son exclusivas de lo biológico, sino que se extienden a todos los campos saber. Aquí quiero matizar que Varela sólo aceptó la extensión del concepto a otras esferas del saber por continuidad. Según el chileno, se trata de tomar en serio el hecho de que la autopoiesis busca poner la autonomía del ser vivo en el centro de la caracterización de la biología, y abre al mismo tiempo la posibilidad de considerar a los seres vivos como dotados de capacidades interpretativas desde su mismo origen. Es decir, asociar la autopoiesis, como una opción epistemológica más allá de la vida celular, al operar del sistema nervioso y a los fundamentos de la comunicación humana.

Maturana y Varela, en 1984, glosan en el Árbol de conocimiento: las bases biológicas del entendimiento humano, que de su constructo teórico no se deriva la preferencia del dominio del más apto (véase La evolución cooperativa), sino del amor, o si no queremos usar una palabra tan fuerte, la aceptación del otro junto a uno en la convivencia, es el fundamento biológico del fenómeno social; sin amor, sin aceptación del otro junto a uno no hay socialización y sin socialización no hay humanidad. Cualquier cosa que destruya o limite la aceptación del otro junto a uno, desde la competencia hasta la posesión de la verdad, pasando por la certidumbre ideológica, destruye o limita el que se dé el fenómeno social, y por tanto lo humano, porque destruye el proceso biológico que lo genera.

Coincido con J. Torres, en 1995, en la introducción de la versión española de libro de Maturana, La realidad: ¿objetiva o construida? Fundamentos biológicos de la realidad, en que la potencia del concepto de autopoiesis se encuentra en el hecho que nos invita a mirar desde otra perspectiva una gran número de certezas que usamos en nuestro cotidiano. Y quiero matizar que, aun creyendo a ciegas en la excelencia de esta teoría, cuando digo desde otro punto de vista, quiero decir eso, desde otro punto de vista, y no desde un mejor punto de vista.

Así, por ejemplo, quiero resaltar tres propiedades que caracterizan al fenómeno autopoiético. Una, la autonomía; una autonomía de lo orgánico que significa que sólo desde la perspectiva de la célula se puede determinar lo que le es relevante y, sobre todo, lo que le es indiferente. Dos, la clausura operacional; las operaciones son cerradas y sus componentes son producidos en el interior de un proceso recursivo que se lleva a cabo dentro de una retícula clausurada. Tres, la autoconstrucción de estructuras; es decir, en la célula, en la producción de sus propios cambios estructurales, no existe una intervención causal del entorno en el sistema sin que el mismo sistema lo provoque; todo cambio de estructuras es autoinducido.

El sistema nervioso se puede explicar a la luz de la autopoiesis y, desde ahí, afirmar que éste no capta información del entorno, como a menudo se escucha, sino que, al revés, trae un mundo a la mano al especificar qué configuraciones del entorno son perturbaciones y qué cambios gatillan éstas en el organismo. Y, esto, me lleva a enunciar otro concepto del chileno ya tratado sobradamente en este espacio: los seres vivos estamos determinados por nuestra estructura.

Yendo un poco más lejos, y dudando de sí podemos extender o no este concepto de la autopoiesis a los organismos pluricelulares, podemos afirmar que éstos, los pluricelulares, poseen clausura operacional en su organización: su identidad está especificada por una red de procesos dinámicos cuyos efectos no salen de esta red.

Y ya para acabar, y refiriéndome concretamente a la forma en la que entiendo el aprendizaje, puedo decir que el concepto de autopoiesis me ha ayudado a confiar en la Vida. Me ha dado el coraje para atreverme a construir entornos preparados, con las condiciones necesarias, para que los niños y las niñas que en ellos se encuentren puedan construirse a sí mismos, puedan autoorganizarse, puedan autorregularse, puedan funcionar de manera autónoma y encuentren por sí mismos el mejor camino para conseguir sus propios objetivos; tomando como base la confianza, la seguridad y el respeto, andando hacia la colaboración, la responsabilidad y la libertad, por la triple vía del hacer-sentir-pensar en dirección al Ser. Y, todo ello, asumiendo que, entre los seres vivos jamás imperan las relaciones instructivas (véase No aprendemos a través de la instrucción), sino vida, despliegue y progreso en función de un mutuo acoplamiento estructural.

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12 respuestas a Autopoiesis

  1. Macarena dijo:

    no entiendo >< eh leído miles de artículos es realmente complicado D: y tengo que exponer de esto

    • Macarena,
      ¿podríamos decir que la autopoiesis de los seres vivos significa que la vida se hace a sí misma? Y, si así fuera, ¿no sería interesante confiar en la Vida porqué ella ya sabe lo que se está haciendo? Y aún un poco más allá, y como decía el pintor, sí, vale, la vida ya sabe lo que se hace, pero, para que todo ello emerja en mí, la vida me ha de pillar despierto.
      Un abrazo

  2. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Gràcies per la resposta a la Macarena. També ho he trobat una mica complicat. Petons

    • Realment, aquest concepte és un pèl complex;
      però, penso, és vital per a percebre la importància de la possibilitat que cada ésser humà,
      fent ús de la seva autonomia
      pugui arribar a desenvolupar tot el seu potencial intern…

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  5. alicia dijo:

    NO LOGRO ENTENDER CON CLARIDAD EL CONCEPTO????

    • Alicia,
      voy a ver si logro afinarlo un poco, aclararlo, matizarlo; en definitiva, hacerlo más amable.

      La autopoiesis, con el permiso de Maturana, podría venir a significar que la vida se hace a ella misma. No la hacen; sino que, es ella, que se hace a ella misma. La vida se origina de sí misma. Y, tal vez eso, es lo que, de alguna manera, persiguen los niños: encontrar qué es aquello que les conecta a la Vida y que, a su vez, lo conecta todo con todo. Los niños buscan las explicaciones, las razones de por qué el mundo es y funciona de una determinada manera; pero lo buscan para conectarlo con su “adentro”. De esta manera, el mundo los transforma y ellos, en relación con el mundo, se van “haciendo a sí mismos”.

      De todas maneras, para que un ser “se haga a sí mismo”, para que la Vida pueda fluir a través nuestro, se deben dar una serie de características. Dentro de nosotros hay orden y fuera desorden. Ese desorden de fuera es importante “ordenarlo”. De esa manera, en las escuelas intentamos ofrecer un entorno en el que el niño pueda sentirse tranquilo, seguro y relajado. Cuando los seres vivos nos sentimos así, seguros y tranquilos, podemos dedicarnos a desarrollarnos, a desplegar nuestro potencial interno, a desplegar nuestra capacidad autopoiética. Si el entorno lo percibimos como algo inseguro, entonces, nos protegemos, nos cerramos, nos volcamos a la supervivencia.

      Autopoiético, en relación a los seres humanos, también podría significar que los seres humanos somos capaces de autoregenerarnos; de regenerarnos en caso de heridas, bloqueos, trastornos… llegando a un nuevo equilibrio, a una nueva organización interna.
      Y, eso, también podría ser válido para la familia. La familia, como organización viva, también tiene la capacidad de autoorganizarse, manteniendo su manera de ser y estar, velando por que se den determinadas formas de convivencia y de ayuda mutuas.

      Ya para acabar, creo que del concepto de autopiesis, puede sacarse también la idea de la importancia de las “membranas”. En biología, al hablarnos de las células, al menos a mí, siempre nos habían hablado de la importancia del núcleo. Ahora, se sabe que, tal vez más importante que el núcleo, sea la membrana. Esa membrana semipermeable que separa “dentro” de “fuera”; ese membrana que permite que entre lo “adecuado” y que mantiene “fuera” lo que no es adecuado. Por lo tanto, en educación, vale la pena poner atención a las membranas.
      Primero, a las nuestras, y a las de los niños: la membrana física, la membrana emocional y la membrana cognitiva. Poner atención a estas membranas implica, entre otras cosas, impedir que sean agredidas. En la física, lo tenemos muy claro, ya que los daños físicos son muy evidentes. Pero, los daños emocionales y los cognitivos son más sutiles y, a menudo, nos pasan -a nivel consciente- más desapercibidos. Vale la pena, pues, defender, con límites claros y amorosos, esas tres membranas para que, así, el niño, internamente, puede ir haciendo -inconscientemente- su trabajo de crecimiento y desarrollo.
      Segundo, a las de nuestro entorno: las membranas que nos separan de los otros, las membranas que separan al centro de la familia, las membranas que separan al centro del barrio o del pueblo; etc. Esas membranas semipermeables nos permiten ser nosotros mismos en interacción con los otros. Dejar entrar “dentro” de nuestros sistema aquello que os parece adecuado y alejarnos de lo que nos puede resultar dañino. Permitir la colaboración, teniendo en cuenta el orden; es decir, asegurando que cada cual ocupa su sitio, asume sus responsabilidades y, así, puede desplegar todas sus funciones.

      Bueno, me paro, y espero que mi respuesta te haya ayudado.

  6. Omar dijo:

    Hola, estoy trabajando sobre Maturana y su último libro al lado de Ximena Dávila El Árbol del Vivir, sin embargo estoy limitado porque en Venezuela no logró ubicar el libro. Me ayudas con algunos comentarios.

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