Neurodiversidad

Acabo de leer una entrevista a Thomas Armstrong, profesor e investigador norteamericano. Me quedo con la siguiente frase: todos los niños y niñas son inteligentes y están dotados de potenciales únicos, que han de ser reconocidos, alimentados y celebrardos.

Maturana (1928), en Del Ser al hacer (2004), defiende que todos los seres humanos somos igualmente inteligentes. Según el chileno, la inteligencia tiene que ver con la flexibilidad y la plasticidad interior, con la capacidad global de variar la propia conducta en un mundo cambiante. La inteligencia, nos dirá, se manifiesta en el consenso y no tanto en la resolución de problemas. Los seres humanos vivimos en el lenguaje, un dominio de coordinación de coordinaciones conductuales, y, sólo por ese hecho, y por la plasticidad en el actuar que ese hecho supone, somos todos y todas igualmente inteligentes. Y las diferencias, ¿quién las crea? Por un lado, las emociones son las que determinan y modulan decisivamente las conductas inteligentes; por ejemplo, hay niños que no pueden concentrarse porque tienen miedo. Por otro lado, nuestra propia especialización; si yo elijo una forma de vida y un determinado camino profesional, me autolimitaré una serie de capacidades. Y, sin duda, toda una serie de múltiples posibilidades emergen de una manera o de otro en función de la manera en como vivimos nuestra crianza: cuando fuimos niños, ¿nos sentimos queridos?

Thomas Armostrong defiende que la existencia del trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) es un mito. Según este investigador, que está escribiendo un libro sobre neurodiversidad, deberíamos aplicar el mismo tipo de raciocinio a las diferencias cerebrales que el que aplicamos a la biodiversidad o a la diversidad cultural. Si a una persona que tiene un color de piel diferente al nuestro no le diagnosticamos un trastorno de déficit de pigmento (eso sería racismo, ¿verdad?), ¿por qué etiquetamos a niños y niñas que tienen formas distintas de tratar con el mundo como portadores del trastorno por déficit de atención?

Rafael de Mora, en El Alma del disléxico (2010), nos presenta la Constitución Simbólica. Según de Mora, las personas con Constitución Simbólica tienen una manera particular de relacionarse con la realidad. En ese concepto, Constitución Simbólica, de Mora, aglutina su especial sensibilidad, su forma de ver y sentir el mundo, sus potencialidades innatas, sus debilidades cuando se descompensan y, en esencia, su Ser interior. Cuando los niños con Constitución Simbólica se encuentran en ambientes donde no se respeta su manera de tratar con el mundo (por ejemplo, en la escuela), manifiestan graves problemas de adaptación. Esa desadaptación de los niños con Constitución Simbólica, en los contextos donde no son comprendidos, en los entornos donde son sometidos a un fuerte estrés, se manifiesta en una serie de supuestos problemas con etiqueta propia: dislexia, trastorno por déficit de atención, hiperactividad, etc.

Maturana, en El Sentido de la humano (1991), afirma que, desde el punto de vista del ser biológico no hay errores, no hay minusvalías, no hay disfunciones. Una araña es un ser distinto a una mariposa, y son seres distintos porque viven de manera distinta. Una buena conocida mía ve doble, y ella es un ser distinto a alguien que produce una imagen integrada y única. Ahora bien, si alguno de vosotros miráis el espacio biológico de mi amiga descubriréis que se mueve con la misma soltura que vosotros, pero en otro mundo. Por ejemplo, al escanciar vino ella ya sabe cual de las dos copas que ve es la verdadera. En el momento en que nosotros nos relacionamos con ella como ser limitado, emerge el sufrimiento. Cuando nos relacionamos con ella como ser distinto, florece. Así pues, según Maturana, un niño o una niña que desde el espacio de las relaciones humanas aparece como limitado, desde la biología no lo es, es solamente diferente. Yo preferiría ser una mariposa y a mi compañera le gustaría ser una araña; pero la araña y la mariposa son seres distintos que viven en mundos diferentes. Es en el espacio de las relaciones humanas que ciertos niños pasan a ser limitados (cuando queremos que todos sean mariposas iguales). En su biología no lo son.

Steiner (1861 – 1925), criticando el concepto, dijo que un niño normal era aquél que satisfacía las expectativas del adulto que lo evaluaba. La limitación no pertenece a lo biológico sino a la relación desde la cual un ser humano considera que otro ser humano no satisface cierto conjunto de expectativas.

Cuando pretendo que todos los niños y niñas se relacionen con su entorno de la misma manera, entonces, en lo humano, construyo, con mi manera de mirar, seres adaptados y seres limitados.

Cuando acepto la manera distinta, única diría yo, de tratar con el mundo que tiene el otro (soy capaz de ver a la araña), entonces, puedo ser capaz de darme cuenta del espacio en el que le estoy pidiendo al otro que sea distinto de lo que es (le estoy pidiendo a la araña que vuele alto como una mariposa) y, además, puedo darme cuenta del posible espacio en el que puedo encontrarme con el otro en su total aceptación y no en su negación (preparo el entorno y coloco árboles para que la araña pueda trepar alto para encontrarse con la mariposa, y acomodo el suelo para que la mariposa pueda aterrizar bajo para encontrarse con la araña).

Respetar los procesos de todos los niños y niñas implica, entre otras cosas, cambiar nuestra manera de mirar, aceptar de manera incondicional sus particularidades -únicas en cada caso-, y adaptar el entorno para que todos y cada uno de ellos pueda satisfacer sus verdaderas necesidades, en lo individual y en el encuentro con el otro.

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3 respuestas a Neurodiversidad

  1. Sonia dijo:

    Lo primero querría felicitarte, me encanta tu blog.
    Es preocupante el uso que se está haciendo de TDHA, en niños que son considerados molestos en sus casas y en la escuela. Es importante reflexionar sobre esto y generar un debate al respecto. Muy buen post.
    Un saludo,
    Sonia

  2. Pingback: Pintura de dedos | Ser para educar

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