Educar para Ser

Estos días he disfrutando de la lectura de L’eremetisme a Montsant (2011) de Eduard Miquel Solsona. En las consideraciones preliminares, Miquel nos presenta al eremita. Según él, el asceta se retira del mundo para, a través de un silencio místico, abrazar la inefabilidad del gran misterio. Como proceso vivencial más allá del verbo, la mística que persigue el eremita, al querer explicarla, se escapa como arena entre los dedos. Y, en referencia a ello, Miquel nos regala un bellísimo párrafo de T. Merton (1915 – 1968):

Dios espera comunicarse conmigo de una manera que yo nunca podré hacer saber a los demás y que ni tan solo me la podré explicar coherentemente a mí mismo. Lo debo desear en el silencio. Esa es la razón por la que debo dejarlo todo. (…) Poseer Aquél que no puede entenderse es renunciar a todo aquello que puede ser entendido.

Sólo gracias a la contemplación y el silencio se puede abrazar la realidad insondable y trascendente; sólo, así, uno se puede abrazar a Sí mismo.

Alejandro Jodorowsky (1929) en El dedo y la luna (1997) reúne una serie de cuentos. De todos ellos, ahí va un koan:

  • Maestro, ¿qué es el espíritu directo al centro?
  • ¡Alto! ¡Alto! No es necesario explicarlo. Mi enseñanza es sutil y difícil de comprender.

Ir directamente al centro es ir directamente hacia uno mismo. Y, eso, no puede comprenderse con la cabeza, no puede explicarse, no se le puede poner palabras. Poseer información e instruirse es una cosa. Poseerse a uno mismo, estar en contacto con uno mismo, aprehender la propia respuesta interior, es algo muy distinto. Ir al centro de uno mismo es algo que sólo uno mismo puede experimentar, es algo que sólo uno mismo puede vivir. C. Trungpa (1939 – 1987), en Shambhala, la senda sagrada del guerrero (1984), para describir el aspecto central de la presencia humana de cada persona, el centro, usa el concepto de punto tierno y delicado. Cuando nos sentimos atrapados en formas de pensar, sentir o actuar que nos resultan dolorosas o poco eficaces hemos perdido la conexión con nosotros mismos. La respiración, la contemplación, el silencio del eremita nos pueden ser útiles para recuperar la conexión con nuestro centro; con el santuario somático, en palabras de Gilligan, donde nos podemos sentir renovados, tranquilos, capaces, seguros y confiados.

A nivel práctico, tal y como me recuerda e insiste mi buen Joan, cada uno de nosotros tiene sus propias maneras de volver a estar bien: pasear por la playa, escuchar o practicar música, una buena conversación, escribir, estar en contacto con la naturaleza, pintar, meditar, bailar, leer, cantar, estar en silencio y soledad, reír, etc. Todos estos modos nos pueden devolver a nuestro centro; y la vivencia de esas experiencias, que quiero llamar místicas, y que nos pueden llevar de regreso a nuestro interior, a estar, de nuevo, con nosotros mismos, es, en palabras de Gendlin (1926), una sensación sentida.

El camino que nos lleva hacia nosotros mismos es todo un aprendizaje. El camino que nos lleva a poder sentir que estamos con nosotros mismos es también todo un aprendizaje. Así pues, Educar es un proceso de vía doble: por un lado, ofrecer experiencias diversas para que los niños puedan vivenciar lo místico; por otro lado, acompañarles a que puedan darse cuenta de la huella, de la sensación sentida que, éstas, imprimen en su cuerpo. En este proceso, como educador, sigo a Gendlin: una presencia humana segura y consistente que esté dispuesta a estar con cualquier cosa que aparezca es el factor más poderoso que puedo ofrecer. El educador, como el eremita de Miquel, aunque no comparta siempre con él los modos que le son propios (silencio y soledad), también quiere abrazar el gran misterio de llegar a Ser él mismo -esa conexión con nuestro Dios interior-  y, en ese camino, a su vez, poder alumbrar y acompañar el proceder, el pensar y el sentir de los niños.

A todo eso, entre otras cosas, yo le llamo Educar para Ser.

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14 respuestas a Educar para Ser

  1. Juan Ma dijo:

    Que bonito, que interesante Guillem…si de alguna manera me resuena lo que dices en este artículo, me hace pensar en las personas que fueron un referente para mi, personas que más allá de lo que me decían, eran presencia, eran sensación sentida, estaban con el corazón y con el cuerpo, con respeto frente a mi y se ocupaban de su hacer de forma responsable, sin inmiscuirse apenás en nada de lo que yo hiciera. Me recuerdan esas experiencias a lo que tu escribes aquí. Gracias. Opino también, que hay grados de dolor y que hay personas que necesitamos o necesitan más que otras y de manera más cotidiana y continuada estar bien, y hacer toda una serie de actividades místicas para volver al centro. A veces, en esta sociedad, con miles de dificultades, problemas, miedos, angustias, consumismo, desorientación…se nos olvida que la naturaleza nos puede volver a conectar con nosotros mismos y en la naturaleza también estan los amigos. Un fuerte abrazo. Juan Ma

    • JuanMa,
      gracias por tu comentario.

      Qué bueno irnos encontrando personas que son (y han sido) sensación sentida.
      Qué bueno volver a la naturaleza; qué bueno darnos cuenta que nosotros también somos naturaleza.

      Un abrazo

  2. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones Guillem i companyia,

    a vegades el nostre ser es torna pesat o massa lleuger, tot sembla una gran muntanya, o un barranc sens fi, segons preferències del consumidor d’emocions… les espurnes de la vida volen encendre un blog de gel, o bé un glaçó innocent del congelador vol refredar “el coloso en llamas”… bé, suposo que no només em passa a mi, je, je, … és en aquests moments on rau la gran oportunitat de moure quelcom per dins, és en aquests moments on cal parar o córrer, vull dir canviar la inèrcia, amb un gest o el seu contrari. Uns dies serà entendre que hem de baixar una o dues marxes i respirar profundament en silenci, i altres que el nostre ser necessita moure’s per sortir del nostre ensimismament… no és això l’art de viure i educar?

  3. Anita dinamita dijo:

    Esta lectura se asemeja a un recorrido.
    Sale alguien desde una ladera soleada del Montsant; el silencio es amable entre las redondas rocas rojizas… Este rincón del mundo se siente tan especial!!, que la soledad es apetecible puesto que la montaña habla, acude a tus sentidos, acompaña tu interior. Pero a pesar de ello la extrema belleza de estos barrancos recoje soledades tan infinitas, que duelen… Por suerte, el retiro empieza a ser positivo. (meditar, practicar ioga… no tienen per se una carga positiva o negativa; pueden ofrecer tanto a la vida cómo a la muerte)
    Éste, que sigue el camino del rio hasta las orillas del mar, y pasea por sus playas encontrando el gusto al reconocerse, cantando, hablando y simplemente situandose en la zona blanda de su ser, vuelve a jugar!! Pertenece al presente, al mundano mundo!! Y nos alegra con sus relatos y su sabiduría.

    Me gusto mucho también el comentario de Juan Ma. Creo que yo tambien estoy de acuerdo en situar el dolor en las raices del misticismo.
    Hasta la vista, “hermanos”.

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