¿Cuál es tu canción?

Malidoma Somé (1956), de origen africano, nos cuenta que, en su cultura, se asume que los niños vienen del mundo del espíritu. El espíritu, a través del recién nacido, ha escogido este tiempo, esta familia y esta cultura para nacer en ellos por una razón: tiene un don que entregar al mundo.

No tengo la menor duda. Todos los niños cuentan con un particular y único potencial interno a desarrollar. Para que ese potencial devenga acto, cual semilla que, cuando encuentra el entorno que necesita -suficiente luz, agua y tierra-, echa raíces y despliega todo su saber, el niño requiere del acompañamiento, el amor y el respeto de su entorno. Empezando por sus padres, y terminando por la comunidad que le acoge, todas y cada una de las personas que, a lo largo del trayecto, se cruzan con él pueden honrarle ofreciéndole el más grande de los presentes: presencia humana. Al recibirla, el niño, poco a poco, va aprendiendo a conectar con el espíritu que le habita y, de alguna manera, desde dentro, le va llegando su propia voz. El encuentro con esa presencia -adulta, segura y madura- le permite, al niño, contactar con sí mismo, y poder estar al lado de lo que él es en esencia. Desde ese lugar, raíz y alas, colmado de competencia, el niño nos muestra todo aquello que necesitamos aprender para poder estar a su lado. Ahora bien, en ese maravilloso viaje que se inicia en la infancia no todo es un camino de rosas. En ese proceso de crecimiento, que lleva al niño, en el mejor de los casos, a dar su propio fruto, a menudo, encuentra baches, obstáculos, y alguna que otra herida que sanar. En los momentos difíciles, también es bueno y necesario poder contar con el apoyo de los padres y de toda la comunidad.

Cuando una mujer, en algunas tribus de África, sabe que está embarazada, va al bosque con algunas amigas y juntas oran y meditan hasta que pueden oír la canción del niño concebido.

Saben que cada alma tiene sus propias vibraciones y éstas expresan el sabor y la finalidad del nuevo niño. Cuando las mujeres sintonizan la melodía de la canción la cantan y la cantan. Después vuelven a la tribu y se la enseñan a todos sus miembros.

Cuando el niño nace, la comunidad se reúne y le cantan su canción. Más tarde, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se reúne y canta la canción del niño. Cuando pasa los ritos de iniciación a la vida adulta y cuando contrae matrimonio la persona oye su canción.

Finalmente cuando el alma va a dejar este mundo, la familia y el pueblo se reúnen por última vez alrededor de su cama y le cantan su canción.

En esta tribu africana hay otra ocasión en la que todos cantan al niño. Si a lo largo de su vida esta persona comete un crimen o un acto antisocial, el individuo es llamado al centro del pueblo y todos formando un gran círculo le cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección por la conducta antisocial no tiene que ser un castigo sino un acto de amor y el recordatorio de su identidad. Cuando uno reconoce su propia canción, no tiene deseo ni necesidad de hacer nada que perjudique a los otros.

La primera vez que escuché este relato fue en la voz de S. Gilligan. Gilligan, en su momento, lo ubicó en la isla la Togo. Últimamente, me he vuelto a encontrar con el texto. Y, al parecer, de manera misteriosa, se atribuye a Tolba Phanen, poeta africana.

Para mí, acompañar procesos de crecimiento tiene que ver, también, con aprender la canción de cada niño para poder cantársela en todos aquellos momentos en los que le sea importante volver recordar quien es.

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11 respuestas a ¿Cuál es tu canción?

  1. Anita dinamita dijo:

    Bona nit Guillem, amb aquest tema si que m’enganxes de plè!!!

    Mi onda tiene raices de blues, es así. Algo hay en esta trompeta solitaria que se queja desde lejos pero fuerte, que me llena los sentidos, y me colma!! Luego entran los violines y otros vientos y nos vamos paseando y bailando por las calles de un pueblo del Danubio….

    Entre la música y la infancia hay un romance claríssimo, cómo se gustan!, cómo se encuentran! Cómo acuden al instinto las canciones cuando tenemos un bebé en los brazos, que fuerte! Llegan desde el pasado más olvidado, melodías escondidas en un repliegue remoto de nuestro cerebro… y sin embargo en aquél momento recobran toda la emoción!! Es tan bonito!!… También es un gran disfrute el oir cantar a tus hijos, ahora que ya son mayores, espontáneamente… Este momento me llena totalmente las baterías de madre!!… Y cómo no? el escuchar las canciones de mis padres… En fin, aquí hay tema. No quisiera esagerar… (tal vez sea algo vivido intensamente por un tema personal…) pero, yo me atrevo a decir que hemos dado con una de las fuentes que parece que íbamos buscando, en este periplo de palabras y luces contigo.

    Y bueno es verdad, los rítmos y los inicios vienen de Àfrica.
    Un abrazo.

    • Anna,
      gracias por tu comentario.

      ¿Qué es aquello que podemos ofrecer a los niños para que se reconecten con aquello que Son?
      Aquí está el meollo del asunto, ¿verdad?

      Un abrazo

  2. ESTELA dijo:

    Hola a tod@s!
    solo quiero decir que Anna Dinamita ¡me encantas!
    tus palabras tienen una pasión lúcida que hace falta en tanto intelectualismo, palabras como tú son el motor necesario para que las emociones auténticas salgan de los cascarones herméticos.
    Felicidades, no dejes nunca de escribir.
    Estela

  3. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Las canciones para dormir, las canciones para jugar, las canciones para consolar….y muchas otras. Es verdad. Nos emocionan. Fluyen cuando tenemos por primera vez un bebé. Renacen otra vez como esperando a ser recordadas en este mismo momento. Consuelan y nos consuelan. Unen al bebé con nosotros y con nuestro pasado. Son un hilo conductor de emociones y recuerdos.

  4. Pingback: Encarnar nuestro verdadero Ser | Ser para educar

  5. Mariela dijo:

    Para los que profesamos la religion cristiana, nuestra canción comienza el dia del bautismo, una cancion que nos recuerde que somos hijos de Dios, y con ella llegaremos al final de nuestros días y con la esperanza de volver a Dios, de volver a la casa de nuestro Padre.

  6. sencillamente grandioso lo leído.

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