Yo crezco, tú creces, él crece… todos crecemos (2ª parte)

(Viene de Yo crezco, tú creces, él crece… todos crecemos (1ª parte)) Podemos liberarnos del síntoma si indagamos en él. La mente somática usa el síntoma para enviarnos señales de alarma ante ciertas situaciones. Cuando desciframos aquello que la mente somática ha registrado, y el por qué eso es un problema, podemos plantearnos actuar de otro modo. En el momento en el que superamos esa dificultad, el sistema límbico detecta que el problema ha desaparecido, la huella se diluye, y el síntoma desaparece. Tal y como apunta S. Gilligan, detrás de todo síntoma hay una emoción que necesita ser escuchada.


En un momento dado, como un relámpago en la noche, Marga recuerda unas experiencias con su padre. Como un fogonazo, destello del saber, Marga comprende que es importante hablar con él. En su infancia, y en la preciosa y estrecha relación con su padre, el delicado proceso autonomía – dependencia dejó una intensa huella en su cuerpo. Marga viaja a la casa de su madre y su padre, y conversa  profundamente con él. Gurdjieff (1869 – 1949) en su momento lo dijo de la siguiente forma: si queréis el bien de vuestros hijos, deberéis querer el vuestro. De hecho, si cambiáis, también ellos cambiarán. Pensando en su porvenir, debéis olvidarlos por un tiempo y pensar en vosotros mismos… sólo conociéndonos a nosotros mismos podemos ver a los demás. Cuando Marga sane su proceso autonomía – dependencia con su padre podrá ser luz para el proceso de Acán.

A veces nuestro día a día, y otras veces un trabajo terapéutico, pueden ayudar a nuestra mente somática a recordar. En ciertas ocasiones, la mente somática, cual un viaje retrospectivo, llega hasta el momento en el que se creó el síntoma. Se remonta hasta aquellas circunstancias, situaciones  y/o presiones que vivimos cuando apareció por vez primera. Ahí, en el recuerdo, en el momento de su creación, nos reconecta con las sensaciones, emociones y síntomas que entonces emergieron. Cuando somos capaces de sostener esas sensaciones, en el recuerdo contextual en el que se crearon, podemos lograr darles sentido y significado.

Son las 10:00. Como cada mañana, desde hace unos días, el pequeño Acán ya no llora. Acán ya no busca exclusivamente a Marga. Acán, en el trayecto de su proceso vital, ha dejado una estación para encaminarse hacia otra; su proceso continúa. El trabajo personal de Marga ha sido uno de los elementos que han sumado en el viaje de Acán. Marga también ha dejado la estación en la que estaba para encaminarse hacia otra; su proceso, como persona, sigue su camino.

La mente somática produce el síntoma con el objetivo de protegernos. Cuando logramos descifrar su mensaje, el síntoma desaparece. A menudo, aquello que vive el niño, si no lo tapamos, si lo respetamos y le damos espacio – tiempo, abre algo en el educador. Trabajar respetando el proceso de los niños puede ser, entonces, una segunda oportunidad para el adulto. Una segunda oportunidad para reconectarse con sus propios procesos; emociones bloqueadas, traumas. Según W. Reich (1897 – 1957), la vivencia del niño, sus manifestaciones, le recuerdan al educador sus propios temas reprimidos. Y, entonces, para el educador, como mínimo, hay dos opciones. La primera, tomar a las expresiones infantiles como algo peligroso para la subsistencia de las propias represiones. La segunda, agradecerlas y aprovecharlas para poder sanar lo propio. Esta última, sin duda, transforma el sentido de la palabra Educar. P. Freire (1921 – 1997) lo diría así:  es importante que el educador y la educadora no sean autoritarios, que no se crean que en la relación educador – educando el único que educa es el educador. Y, en otro sentido, y volviendo a Vigotsky, podríamos afirmar que el trabajo del educador consigo mismo ilumina al educando. Cuando el adulto ya tiene el trabajo hecho, entonces, éste, ya ve aquello que el niño todavía no puede ver. El adulto, según Malaguzzi, hace un préstamo de su conocimiento, de su conciencia y, nosotros añadimos, de su Ser. Acán recibe el préstamo de Marga y, haciendo uso de sus propias potencialidades de desarrollo y avanzando en su propio proceso, Acán, acepta y cumple la única condición que se establece en la relación: Acán puede aceptar el préstamo porque está capacitado para devolverlo.

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5 respuestas a Yo crezco, tú creces, él crece… todos crecemos (2ª parte)

  1. Pingback: Yo crezco, tú creces, él crece… todos crecemos (1ª parte) | Ser para educar

  2. gloria dijo:

    Guillem, fa dies que no llegia el blog però m’havia quedat amb ganes de llegir aquests dos articles sobre Marga i Acán.
    M’han agradat molt.
    Em quedo amb “Marga sabe que cuando ella resuelva su nudo, entonces Acán podrá resolver el suyo”. Penso en mi i en la meva parella i en els meus fills, … i la importància de mirar-nos més a nosaltres que no pas a ells. Estic d’acord amb aquestes paraules. Però, sovint, desprès de saber això tinc períodes difícils on no sé desxifrar exactament si el que els hi passa als meus fills és una cosa que hem de treballar els pares o, sovint, com diu la gent: “va, deixa’ls estar, ja es faran grans o … el que necessiten és mà dura”. Em dol quan la gent em parla així dels nens, de qualsevol nen, és clar, però especialment si parlen dels meus fills i sovint això fa que em tanqui i ni tan sols vulgui parlar amb aquestes persones. A vegades, Guillem, vull dir, és complicat … i em dol.

    • Gloria, les teves paraules m’arriben ben profundament.
      Percebo els teus dubtes i també el teu dolor. I m’hi sento reflexat en ambdós.

      M’agrada la teva sinceritat i, especialment, el teu procés per provar de ser més responsable de tot allò que et passa com a persona, en general, i com a adult, en particular. Posar consciència, sense angoixa, amb tranquil·litat, en allò que fem, pensem i sentim, crec, és ja començar a caminar en aquesta direcció.

      Gràcies per compartir el teu camí; gràcies per compartir les teves dificultats
      Una abraçada

  3. Pingback: Al lado del miedo | Ser para educar

  4. Pingback: De niño a niño interior, o cómo el trabajo con niños puede ser una segunda oportunidad (2/4) | Ser para educar

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