¿Quieres jugar? 1/3

Hace tres semanas que me mueve la angustia. Y, creo que, por vez primera, voy a escribir desde esa zona gobernada por la zozobra y el malestar. Este aviso, este anuncio previo, quiere indicarte, lector, que todo lo que encuentres en ésta, y las dos siguientes entradas, son reflexiones abiertas -más abiertas que de costumbre- que la práctica cotidiana me han traído de la mano. Por lo tanto, te pido indulgencia, calma, y, si cabe, participación constructiva y reflexiva. Y, tal y como dijo Iosif Brodskij (1940 – 1996), desde fuera, la creatividad es objeto de atracción o de envidia; desde dentro, es una práctica continua de incertidumbre y una terrible escuela de inseguridad. Así que, sostenido por las dudas, zarandeado por la vacilación, me pongo manos a la obra.

  • Tú no puedes jugar – le dice Miriam (3;4) a Mar (3;4)
  • Dile que no vas a ir a su casa – le dice Miriam a Olga (3;4)

Después de tanto tiempo acompañando procesos de crecimiento, ahora, el tú no puedes jugar me aparece como algo terrible, abusivo, áspero; y, de pronto, cuando lo oigo, resuena, en mí, como un espantoso portazo. Y, a la mente, me viene, inmediatamente, la posibilidad de que haya sido yo quien, por haberme dejado alguna ventana abierta, por descuido o desconocimiento, haya provocado la corriente de aire responsable del atroz estruendo.

Cierto es que, ya desde pequeños, algunos niños avanzan con el derecho, por decirlo de alguna manera, a limitar las experiencias comunitarias de sus compañeros. A veces un líder, otras veces un grupo que manda, comunicará al resto quienes son los admitidos; y los excluidos deberán aprender a convivir con el dolor de la expulsión. Y, ¿no es ese mismo dolor –o el miedo a sentirlo– el que provoca que el agresor discrimine al agredido? Un mismo dolor y dos maneras -¿sólo dos?- de gestionarlo que arrastramos también en el mundo de los adultos.

Hasta ahora mi trabajo ha consistido en acompañar dos malestares: el del excluido en su condena al ostracismo, y el del cabecilla en su acto de supuesta prepotencia. Pero, ahora, me pregunto ¿podría ser de otra manera?

Durante los últimos años he oído expresiones de muchos tonos y colores: no te sientes a mi lado, tú no puedes jugar, márchate de aquí, deja de seguirnos… Y, confieso, no es hasta ahora que me parece la cosa más hiriente que un niño puede recibir de la mano de un compañero.

  • Quiero deciros que no me gusta cuando no me dejáis jugar con vosotros – explica, Itziar (4;5), con voz trémula, casi apagada, cabizbaja, dirigiéndose a todos sus compañeros.
  • Y, tú, Óscar (6), ¿cómo te has sentido, esta mañana, cuando no te han dejado jugar? –pregunta un adulto.
  • Mal – responde, rápido, como sin quererse detener en ello.
  • Entonces, puedes entender como se siente Itziar –sigue el adulto.
  • Yo, ayer, también me sentí mal cuando le tiré piedras a Erik (4;6) – interviene de inmediato Jan (5;4)
  • ¿Puedo marcharme fuera? –salta Óscar
  • Mira, Óscar, yo, ahora, quiero que te quedes. Hay algo dentro de ti que te duele y no te hace sentir bien. Me gustaría que estuvieras con eso; y que te quedaras aquí con nosotros – contesta el adulto.

¿Cuál es el objetivo del juego colectivo?, ¿sirve el juego grupal para conservar cierto tipo de relaciones?, ¿qué elementos individuales emergen -emociones, estrategias, etc.-, por el hecho de sentirnos tironeados por los lazos que nos unen a los otros?, ¿qué papel juega en todo ello la construcción del sentimiento de pertenencia? (Sigue en ¿Quieres jugar? 2/3)

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13 respuestas a ¿Quieres jugar? 1/3

  1. Antonio Bistouras dijo:

    Me ha tocado.
    Desde siempre he sentido un lejano pero poderoso respeto/miedo por el “patio” de los niños, –a la par que una profunda preocupación por mi hija en ese espacio en concreto–, y éste relato ha sacado a flor de piel esa sensación…como un recuerdo grabado muy profundo.

    No deja de maravillarme el inmenso soporte que brindáis a los niños del proyecto!

  2. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Tots hem sentit l’exclusió: de petits i d’adults. Això ens provoca uns sentiments molt barrejats: incomoditat, tristesa, falta d’estima, desconcert i ganes de desapareixer i tancar-te en un mateix. Quan ets petit això no ho pots racionalitzar i es converteix en un garbuix que et pot provocar una síndrome que et pot canviar el caràcter.
    M’ha agradat molt el “joc assembleari” amb els nens, però crec que el que es sent excluit li costa reconèixer davant de tots el fet. Crec que ho viu com una vergonya que l’excloguin. Per altra part el que exclou li costa menys reconèixer el que fa malament. Demanar perdó te un punt d’orgull personal, ja que et presenta d’alguna manera com a capaç de ser generós.
    El tu a tu amb cadascú i posteriorment el joc grupal ho trobo més adient-
    De totes maneres és difícil. Jo penso que el mal, la maldat en molts diferents graus hi és en el cor de l’home i de la dona i suposa una lluita permanent de la persona. Això comença des de l’infància. L’egoïsme que és la mare de tot mal n’és el responsable. Educar i educar-se és el gran i maravellós repte .

    • No comparteixo la idea que en el cor de l’home i de la dona, des d’un inici, hi hagi un niu per a la maldat; per bé que, aquesta creença meva només la puc defensar des de l’emoció. És a dir, des de les meves ganes que així sigui.
      I, mogut per aquest desig, treballo i visc.

      Gràcies pel teu comentari

      • joan dijo:

        Desgraciadamente, el BUENISMO del ser humano. entendido como ausencia de espacio NATURAL en su corazón para la “maldad”, está excesivamente refutado por la experiencia diaria.

        No en vano, la Biblia, pretendiendo (entre otras cosas) explicar la presencia y la esencia del ser humano, coloca el llamado PECADO ORIGINAL en el mismo punto de partida, intentando con ello explicar la tendencia (¿INNATA?) a buscar la propia satisfacción, incluso abusando de los demás.

        Por otro lado, entiendo que tal tendencia está totalmente en sintonía con las “leyes naturales” de la propia supervivencia en beneficio de la supervivencia de la especie: gana el fuerte (fuerza, poder, inteligencia, astucia) y pierde el débil.

        Añadiría, lamentando que sea así, que ignorar tal realidad, puede resultar tan ¿…? como considerar plana la superficie terrestre o creer que nuestro planeta es el centro del universo.

        Un fuerte abrazo desde la “cultura del ojalá” (“tant de bo”). Joan

        • Me complece tu comentario y comparto esa perspectiva (tanto la natural como la social y cultural).
          A su vez, también creo que la realidad (la natural y la socio-cultural) se puede resignificar y jerarquizar de un modo distinto al que planteas, lo cual nos puede presentar otros modos de explicarla y de funcionar en ella. Modos de funcionar que sean más respetuosos para cada uno de nosotros, para los otros y para el entorno.

          Un fuerta abrazo y ojalá los “ojalás” se transformen en “tal y como soñábamos”

      • Silvia Durá dijo:

        En cambio, yo comparto plenamente tu idea, Guillem, y no ya sólo como un deseo, sino desde la convicción de que es una realidad, por mucho que la experiencia diaria nos haga ver espejismos hacia el sentido contrario.

  3. Pingback: ¿Quieres jugar? 2/3 | Ser para educar

  4. joan dijo:

    Hay un refrán BESTIAL:
    “Mientras haya tontos, los listos irán montados”.

    A lo largo de la historia que conocemos,
    una parte mínima de la humanidad ha ido a caballo de la gran mayoría:
    los ricos y poderosos, pocos en cantidad,
    (ab)usaban de los pobres y débiles, muchos en cantidad.

    Hoy, desgraciadamente, eso sigue igual:
    aumenta el número de multimillonarios
    (muy pocos en relación a la población total del planeta)
    y también aumenta el número de “pobres de solemnidad”
    (muchísimos, teniendo en cuenta que su pobreza es causa directa de muerte).

    ¿Será positivo preparar a los niños para entrar en el club de los poderosos?
    ¿Será bueno prepararlos para asumir la “desgracia general”?

    Independientemente de que el ser humano sea bueno o sea malo,
    la experiencia cotidiana raspa la sensibilidad hasta los huesos,
    con la visión de tantos comportamientos que perjudican a muchas personas.

    No resulta fácil integrar ese aspecto de la realidad en una visión globalmente optimista.

    “Ojalá” cambiemos para que eso cambie.

    joan

  5. Pingback: Juego y juegos (2/2) | Ser para educar

  6. Pingback: Un “no” a una visión romántica (2/2) | Ser para educar

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