¿Quieres jugar? 2/3

(Viene de ¿Quieres jugar? 1/3) En este segundo fascículo, iniciaré la singladura volviendo la vista atrás. ¿Cómo dimos, en nuestro proyecto, inicialmente, la seguridad al entorno educativo? En nuestro centro, establecimos, ya hace 4 años, una regla que, según nosotros, era imprescindible para salvaguardar el espacio infantil; aquí no se pega, en ese momento, nos pareció la mejor manera de proteger la membrana física, el cuerpo, de los niños y las niñas, y, ahora, todavía nos lo sigue pareciendo. Pero, arrimada al nuevo año, como la lava de un volcán que intuimos extinguido, quemante y desgarradora, explosiona dentro de mí la siguiente duda: ¿por qué no disponemos de ninguna regla para proteger la membrana emocional, el cuerpo –también–, de los niños y niñas? ¿no sería el aquí no puedes decirle que no juegue, o aquí pueden jugar todos una manera de preservar, también, el espacio infantil? ¿podríamos aplicar este nuevo límite en el centro?

Desde que esta cuestión me martillea la mollera, hay otras preguntas que se pelean por salir: ¿podríamos imponer esta regla de la misma manera que aplicamos la que asegura el bienestar físico?, ¿dónde quedaría la libertad de elegir a los otros sin presiones, obligaciones, reglas ni mandatos? Lo cierto es que, lejos de prohibir que uno juegue con el otro, ¿no sería esta nueva ley una manera de asegurar que no se pueda excluir a nadie? ¿Existe una necesidad verdadera, en los niños, que les lleva a incluir a ciertos compañeros y a excluir a otros? Si la respuesta fuera sí, ¿debería, entonces, respetarse? Y si, por el contrario, fuera un deseo, ¿podríamos ponerle límite? ¿Deben depender los buenos momentos individuales de los malos tragos de los demás?

En un espacio que quiere ser respetuoso y quiere velar por la autorregulación de la infancia hay ciertas reglas que, a priori, resuenan peor que otras. Y, ahí, en ese desafiante eco que produce el aquí no puedes decirle que no juegue, sigo mi interrogatorio. Y, ¿no sería ese límite una forma de evitar el conflicto? A decir verdad, y volviendo a nuestra regla estrella, aquí no se pega, ésta no ha evitado los conflictos; pero, ¿no es cierto que nos ha ayudado a saber qué hacer en ciertos momentos? Así pues, aquí no puedes decirle que no juegue, ¿no desempeñaría una función similar?

¿No sería el aquí pueden jugar todos una manera de mantener el conflicto dirigiendo la atención, no a la exclusión, sino a la inclusión? Me explico: cuando un niño abre un conflicto con el no quiero que juegues, se posiciona dentro del juego y, con sus palabras, sitúa al otro fuera. Ciertamente, con el fogonazo de esas palabras, el conflicto está servido y la frontera ha sido marcada. Un bando está dentro; el otro, fuera. Los esfuerzos, a partir de entonces, irán encaminados, por una de las partes, a mantener la linea y, por la otra, a franquearla. Ahora bien, si, ahí, introducimos una regla del tipo aquí no puedes decirle que no juegue, el conflicto no se cierra, sino que se mantiene. La nueva regla, lejos de clausurar el problema, lo mantiene vivito y coleando. Es decir, sigue habiendo un niño (o varios) que tienen un problema/oportunidad con otro/s pero, ahora, esa nueva regla, impide que se construya la frontera. Por lo tanto, los tira y afloja, los sentimientos encontrados, las negociaciones y otras martingalas, ahora, irán de dentro a dentro. Si en el primer caso, unos quieren echar y el otro/s quiere entrar; en el segundo, todos, desde dentro, deberán ingeniárselas para estar juntos. Y, eso, creo, es mucho más complejo y, sin duda, transforma el problema en oportunidad (física – emocional – cognitiva); y no sólo para el excluido sino también para el que excluye.

  • Quiero jugar y soy un indio -manifiesta Erik (4;6)
  • No puedes. Estamos jugando a hacer cemento -contesta Jan (5;5)
  • Puedes ser el indio que guarda nuestro cargamento de cemento, y con tu caballo defenderlo de los ladrones -interviene Oriol (5;10)

(Sigue en ¿Quieres jugar? 3/3)

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8 respuestas a ¿Quieres jugar? 2/3

  1. Pingback: ¿Quieres jugar? 1/3 | Ser para educar

  2. Margalida dijo:

    A mi también me resulta más fácil el “no se pega” pero me ha dolido en el alma siempre el “tú no juegas” o versiones más sutiles y menos directas del “tú no juegas”, el corremos hacia allá y no decimos dónde vamos, o nos reímos…
    Excluir e incluir son verbos que Candela (7) conoce y comprende ya ahora… y que apareceieron tal vez a los 5 años, no sé. A través de ponerse en el lugar de la persona excluida o siéndolo alguna vez y recordando las sensaciones dotó de contenido ese verbo como también otro… a ella se las hemos puesto también como regla cuando somos grupo y sí ahí entra la negociación creativa como la que nos pones como ejemplo.
    Gracias

  3. Pingback: ¿Quieres jugar? 3/3 | Ser para educar

  4. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Creo que és una buena el “aquí todos entran en el juego”. La regla és que nadie quede fuera. La gestión del conflicto desde dentro.

  5. Silvia Durá dijo:

    “aquí pueden jugar todos una manera de mantener el conflicto dirigiendo la atención, no a la exclusión, sino a la inclusión”
    ¡Exacto! Así es como resuelvo las exclusiones cuando estamos en algún lugar en el que algunos niños deciden de pronto mostrar una actitud hostil. “Aquí pueden jugar todos, o esto es de todos…” son fórmulas que funcionan. Más difícil es el tú no vengas, no me sigas, no decir a dónde van, reírse o formas sutiles de agresión como hacer de dinosaurio gruñendo ensordecedoramente pegados a la oreja de otro niño. Sería interesante ver cómo se podrían resolver los de este último tipo.

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