¿Quieres jugar? 3/3

(Viene de ¿Quieres jugar? 2/3) En esta tercera y última entrega, se me antoja empezar por un principio que, sin duda, regula mi quehacer educativo. A saber: un niño para poder desarrollarse debe tener y sentir ciertas seguridades. En referencia a este enunciado, cabe decir que, por parecer fundamental pudiera, incluso, resultar obvio, y, por ello, de difícil valoración y, lo que es peor, de despreocupada ejecución; lo cual, a mi modo de ver, juega en contra de este axioma (y de otros de igual evidencia). Pero bueno, defensas de lo imposible a un lado, reclamo en voz alta que, no me cabe la menor duda: cuando un niño no tiene que ocuparse de buscar su protección, entonces, puede permitirse dedicar su energía a desplegar todo su potencial. Y, desde ahí, me planteo tres preguntas más, ¿un espacio que permita la exclusión puede sentirse como un lugar seguro y relajado para poder desarrollarse?; la soledad, la tristeza y el dolor que vive el discriminado, ¿no minan sus estructuras de desarrollo y activan las de búsqueda de seguridad? Y el dolor –o el miedo a sentirlo– del que excluye, ¿no le impide también la posibilidad de crecer en armonía?

Yo, en mi casa, discrimino. Lo confieso. No dejo entrar a cualquiera. Mi casa, espacio íntimo, no tiene sus puertas abiertas para todo el mundo. Es un redil al que sólo permito la entrada a ciertas ovejas, las que siento como amigas, cercanas. Pero, ¿es la escuela, el parvulario, el centro de tiempo libre, un espacio particular, íntimo y privado? Si no lo es, y por lo tanto lo tratamos como espacio público, ¿tengo derecho a levantar muros privados para dejar fuera a los que no gozan de mi simpatía?

Cierto es también que, aunque asegure el proyecto con esta nueva ley, no voy a poder evitar que estos niños vivan, en un futuro, la exclusión. Pero, ¿debo dejarles sin comer, para que vayan acostumbrándose a posibles y futuras hambrunas; o, por el contrario, debo proporcionarles una buena alimentación para que, si llegara el caso, pudieran resistir más y mejor la penuria de la necesidad?

Si, tal y como plantea Maturana (1928), en la base del Amor encontramos todo el abanico de conductas que me hacen sentir la aceptación incondicional del otro, ¿cómo pueden lidiar ciertos niños con ese sentir que les marca al rojo vivo como extraños? A pesar del acompañamiento que pueden recibir de los adultos, ¿en qué emoción viven ciertos niños que no se sienten aceptados por el resto?, ¿qué tipo de conductas son aquellas que le hacen sentir a un niño la exclusión, la negación, el rechazo, la agresión? ¿No serían esas conductas las vinculadas con el tú no juegas?

Tania (6;3) juega con Rubén (5;8). Ahora están los dos solos en el arenal. Hace unas horas, en grupo, Tania prohibió a Rubén unirse al juego colectivo. Delante del resto de compañero lo excluyó; ahora, en otro contexto, más íntimo, lo admite. ¿No será que, a veces, la exclusión tiene fuerza porque me permite posicionarme jerárquicamente dentro del grupo? ¿No será, tal vez, el miedo a la soledad, a la posible exclusión, lo que me lleva a excluir, a hacerme fuerte? ¿Excluyo para sentir que pertenezco a un grupo? ¿No será que la exclusión es una arma que me permite sobrevivir dentro del grupo en ciertos ambientes donde es permitida? ¿No será que la identidad de los excluidos es lo menos importante? ¿No será que la existencia y la posibilidad del excluido crea, a nivel relacional, la figura del fuerte, del agresor? ¿No será la exclusión una manera poco ecológica de gestionar mi seguridad grupal, un sentido de pertenencia frágil y volátil? Si desapareciera la posibilidad de excluir, ¿dónde iría el dueño del juego?, ¿dónde quedaría el poder del que discrimina?

Y para acabar, ¿la nueva ley podría tornarse un hábito? De la misma manera que cuando entro en el coche me ato el cinturón, ¿podría llegar, a fuerza de repetirla, a vivirse con esa norma, integrándola, sintiéndola, incorporándola como propia, cual el hábito de lavarse los dientes cada mañana?

Con esto termino; finalizo la trilogía y mi retahíla de preguntas. Y, como colofón, pongo en abierto mi doble objetivo oculto: sembrar más dudas, y dispersar -por completo- a las atractivas certezas. Paciente lector, si hasta aquí has llegado, recibe mi más sincero agradecimiento. Ya me detengo, y no por haberme quedado sin cuestiones, sino por sentir una profunda apnea que, más que afectarme los pulmones, me oprime el corazón. Así que, desde aquí, con mi hermana la duda acostada a mi vera desde hace tres semanas, agradezco la posibilidad de haberlo compartido, desde dentro, contigo.

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29 respuestas a ¿Quieres jugar? 3/3

  1. Pingback: ¿Quieres jugar? 2/3 | Ser para educar

  2. joan dijo:

    “Quien no tiene dudas es lo más parecido a un imbécil”
    frase nada dudosa de José Manuel Caballero Bonald.
    De su libro “La noche no tiene paredes”,
    me permito copiar el poema PÉRDIDA DE TIEMPO

    En la palabra tiempo anida
    una gran ave blanca, una consecutiva
    privación de pretéritos
    y ciertos excedentes de la fugacidad.

    En la palabra tiempo se intercalan
    otras palabras de su misma estirpe:
    el lento mar perpetuo y su inconmensurable
    usura, el azar siempre errático
    y el sideral boquete de la luz.

    La única estrategia que puede más que el tiempo
    es conseguir perderlo impunemente.
    —–
    Parafraseando el final, diría que
    la única estrategia que puede más que la duda
    es conseguir que no frene la acción ineludible.

    Atenta y dudosamente
    joan

  3. Roman dijo:

    Què complexe el que planteges, Guillem. I si s’apliquès aquesta norma únicament en un espai físic o temporal, i l’infant tingués la llibertat d’escollir anar-hi a jugar, o no?
    … a més a més, estic pensat que no només és complexe per als nens, sinó per als educadors… En general fer complir lleis a altres èsser vius sense saber si estan d’acord, potser no és ètic… tot plegat m’ha fet pensar en dos experiments: La agresivitat de Bandura http://psiqueviva.wordpress.com/2010/08/20/experimento-sobre-agresividad-albert-bandura/ (pel fet que la conducta social condiciona l’agressivitat) i l’experiment d’aprenentatge de normes per cultura (http://pablotovar.com/?p=2100)
    .. Per cert, Guillem… al final… quina és la teva opinió?🙂

    fins aviat

    roman

    • Roman,
      jo continuo dubtant.

      El temps que ha passat des de que vaig esciure aquest 3 articles i el dia d’avui, m’ha servit per observar més en detall els nostres infants. Com es relacionen? Quan i com exlouen? Com es viu l’exclusió per ambdues parts? Què conserva la persona que exclou? És l’exclusió en fet relacional que emergeix fruit d’una manera determinada de relcaionar-nos?

      En aquest tema, haver-me permès dubtar ja ha estat prou colpidor.
      Quan arribi a una conclusió, encara que temporal, t’ho faré saber…

      Una abraçada
      Guillem

  4. Joan Gutiérrez dijo:

    Bon dia Guillem i companyia,

    m’he despertat amb la idea que cada nen té un punt de partida diferent i que el seu camí pot anar en direccions ben diferents segons el seu centre i el moment en el que es troba.

    Si agafem la idea de Claudio Naranjo i companyia sobre els tres centres: mental, emocional i sensorio-motriu; i tenint en compte que el carácter cristalitza quan la base cognitiva està preparada, més o menys, després del primer septeni de l’infant. En infants de primària, o bé que s’hi acosten, estaria bé que l’educador que els coneix, i que ha practicat una observació durant aquests primers anys, acompanyant-lo, etc… podés entreveure el centre predominant en el nen, i acompanyar des d’aquí com a punt de partida. D’entrada en la direcció circular que proposa Claudio, és a dir, del mental al emocional, del emocional al sensorio-motiru, i del sensorio-motiru al mental, i així succesivament.

    Així doncs, l’infant on predomina un centre mental, davant d’un conflicte pot ser està bé emfatitzar l’acompanyament corporal per a que pugui reconèixer les emocions que estan brotllant en el seu ser; l’infant on predomina un centre emocional, esta bé proposar-li alguna acció per a que puguin fluir les seves emcoions; i a l’infant on predomina el centre sensorio-motriu, pot ser està bé proposar-li un espai on poder desgranar mentalment les causes i efectes dels seus actes, el famós racó de pensar, però acompanyat, …

    D’aquesta manera l’acompanyament que es fa mai és el mateix, sino que depèn del punt de partida del nen i el tipus de situació que tenim davant…

    Una abraçada,

    Joan

  5. Almudena dijo:

    Hablo desde mi experiencia personal en mi infancia y mirando desde dónde estoy ahora. El dolor de la exclusión es intenso y puede atacar directamente la autoestima de la persona. Pero también es una herramienta relacional que posiciona a las personas en este juego de la vida, “yo juego a ser el fuerte y yo juego a ser la víctima”. ¿En qué rol me posiciono empieza en cómo acepto o encaro estas primeras relaciones con los iguales en la infancia. Que este “tú no juegas” sea un aprendizaje en las relaciones en vez de un posicionamiento en un rol depende de que haya, o no, un acompañamiento adecuado. Creo que, en este caso, es más importante que nunca que los adultos ayuden a los niños a poner palabras a toda esta cascada de emociones y roles de comportamiento. Ayudar al niño que ha aceptado el rol de víctima a darse cuenta de que estos hechos no son un ataque a su autoestima sino una manera del otro de mostrar sus inseguridades. Mostrar al niño que ha interiorizado el papel de dominante sus inseguridades y miedos para que encuentre otra herramienta para afrontarlas en vez de trasladarlas a la agresividad (verbal). Creo que llevar a la conciencia de los niños los mecanismos de estas situaciones para saber integrar cada experiencia, les permite traspasar este aprendizaje a otros ambientes de su vida y les da herramientas para afrontar otro tipo de relaciones. Por lo tanto yo no encontraría adecuado el prohibir este “tú no juegas”. No evitaría estos patrones, sólo les ayudaría a encontrar otra fórmula más sutil.
    Pero quizá sólo son supuestos y opiniones mías.

  6. Maria Magarolas Jordà dijo:

    Casi que me apunto a la estrategia de Almudena. Prohibido prohibir era un mensaje del Mayo del 68 y me parece bien en general. Hay momentos en la vida que nos es dado el profundizar en algunos temas desde una cierta distancia:la de abuelos. Y desde esta distancia veo que la regla general es no prohibir, pero hay ciertos momentos o situaciones que exigen un “no” contundente que pone límites y refuerza seguridades. Gracias a todos por dejarme seguir reflexionando sobre educación.

  7. joan dijo:

    Preferimos unos alimentos y rechazamos otros.
    Elegimos unas ropas y abandonamos otras.
    Disfrutamos con unas actividades y sufrimos con otras

    ¿Por qué no seleccionar a los compañeros de juego?
    – – –
    Cualquier elección (¡¡cuántas hacemos en un día!!)
    implica una montonada de rechazos:
    me quedo contigo puede suponer dejo de quedarme con todos los demás
    – – –
    ¿Sería positivo impedir la posibilidad de rechazar a alguien?

    joan

    • Más dudas…
      ¿sería positivo impedir la posibiidad de rechazar a alguien?

      Ciertamente, las dudas se me amontonan.
      Cuánto más creo saber, más dudas tengo…

      Gracias

      • Silvia Durá dijo:

        Creo que sólo habría que dudar sobre si sería positivo impedir el rechazar en caso de que el rechazo esté “legitimado” por la imposibilidad de jugar con un niño según las reglas del lugar. Supongamos que el niño rechazado lo ha sido porque estaba pegando y pese a decirle que no puede pegar, sigue pegando. El resto de dudas creo que no caben si uno decide que los niños se relacionen en un lugar público, en el que no puedan elegir antes de entrar con quien se relacionan. Si lo trasladamos a un hogar, en el que tampoco se puede decidir con quien ser relaciona uno porque la convivencia es obligatoria, no podemos dudar sobre si en ese lugar se permite pegar, gritar a otro, insultarle o excluirlo, así como cualquier forma de bullying. En un lugar en el que la convivencia sea obligatoria, por el motivo que sea, y para que todos los niños sientan la suficiente seguridad, debe quedar claro para todos qué está permitido y qué no está permitido. El acoso psicológico o emocional es incluso más doloroso que el físico, no creo que haya que hacer distinciones entre uno u otro.

        • Gracias por tu comentario, Silvia.
          Ciertamente, el dolor emocional integra y trasciende al dolor físico; incluso, el dolor emocional se somatiza…
          Lo que podía ser un simple síntoma, una voz de alarma, si no se escucha y se le da respuesta, puede converirse en una grave enfermedad.

  8. gloria dijo:

    M’han fet pensar molt … gràcies.
    Tenim dos fills de 5 i 2 anys i mig. Dos nens. A casa, sovint, el Pablo (5) li diu al seu germà que no pot jugar. El seu germà se sent malament perquè plora, s’enfada o li dóna un cop a les joguines amb les que juga. Nosaltres acompanyem al Víctor(2) en el seu dolor per l’exclusió i li diem que ara el Pablo no vol jugar amb ell, i que nosaltres podem acompanyar aquest dolor abraçant-lo, etc…. El problema és que, a vegades,el Víctor per exemple no es deixa abraçar o està tan enfadat que ni tan sols sabem molt bé què fer. Però hem entès, almenys fins ara, que el Pablo necessita el seu moment, el seu espai. Al revès també passa però m’he plantejat si passa perquè el Víctor ha après aquesta conducta del Pablo i és clar, llegint els articles, he pensat que mai m’he parat a pensar (expressament) el motiu pel qual el Pablo exclou al seu germà del joc.

    També, al parc veig que hi ha nens/nenes que s’enfaden molt quan altres no els permeten el joc i es senten molt malament. Jo, asseguda, a vegades he pensat: “Hauriem de donar eines a aquest nen per a que pugui gestionar l’exclusió i que pugui sostenir que ara els altres no volen jugar amb ell” (perquè com diu l’Almudena, a la vida hi ha exclusió, encara que estic molt d’acord amb tu que no cal passar gana ara per si hi ha fam en un futur). Llegint el teu article, penso que una bona eina és el joc col·lectiu, on tots, els que puguin i vulguin poden expressar com s’han sentit. Si això es fa sempre podem adquirir el que anomenem empatia (i segur que aquests comportaments d’excloure es van reduint en un futur).

    Però llegint el teu article, m’he posat més a la pell d’aquests nens que es poden sentir exclosos i sentir un dolor molt gran i … he sentit molt més aquest dolor, així que estic una mica dubtosa, ara.

    Tanmateix, potser el límit no està malament. Al parc, les mares/pares, o a casa dels avis, aquests diuen als nens: “deixa les joguines”, “juga una mica amb el Marc, home”, fins i tot algunes vegades va acompanyat d’alguna amenaça … S’està posant un límit, evidentment no de la forma més adequada, és clar però en certa manera jo veig que els pares, al parc, si veuen que els seus fills exclouen altres a l’hora de jugar i sobretot si aquests nens són molt petits, els “obliguen” a incloure’ls en el joc.

    Una altra cosa, si sempre som exclosos ens sentim fatal, és clar. Si nomès és a vegades potser podem aprendre a sostenir-ho amb l’acompanyament d’un adult. Si sempre som els que estem excloent, aleshores potser sí cal una acció més contundent, fins i tot, podria ser sistèmic, no?

    Gràcies Guillem per també deixar-nos expressar.

    • Gloria,
      moltes gràcies per les teves riques reflexions.
      Han estat font d’inspiració

      una abraçada
      guillem

    • Silvia Durá dijo:

      Gloria, creo que se mezclan en tu reflexión muchos ejemplos que no son comparables. Un hermano mayor que se ve continuamente interrumpido en su juego en casa por su hermano pequeño, necesita un tiempo de juego tranquilo y a sus anchas para completar aquello que necesita completar en el juego con la suficiente tranquilidad. Es por eso que creo que estaría bien el límite de pedirle al mayor que no le diga eso a su hermano pequeño porque le pone muy triste, y que sin embargo reserve sus momentos de juego concentrado a los momentos en los que la familia le ha reservado para que juegue sin molestarle nadie.

      En el caso de los parques, al no tratarse de un espacio de convivencia obligatoria, no creo que sea buena idea obligar a los niños a compartir sus cosas o juguetes. Los padres suelen llevar a los niños a los parques porque no tienen jardín o/y quieren que corran en espacios más amplios y que se relacionen con otros niños. Pero esto no es divertido si es obligatorio. Igual que no te sería divertido como adulta el hecho de que por ir a una discoteca a bailar te vieses obligada a prestar tu vestido a cuanta chica quisiera probárselo con tal de compartir y relacionarte.

      Creo que más que dar a los niños herramientas para que gestionen la exclusión, habría que darles herramientas para que comprendan por qué les excluyen otros niños, herramientas de comprensión más bien. Y a partir de ahí, intentar que los niños acudan a cuantos más lugares protegidos de bullying o agresiones de cualquier tipo, mejor. Una de las mejores ideas de estos tres post es la de que “cuando un niño no tiene que ocuparse de buscar su protección, entonces, puede permitirse dedicar su energía a desplegar todo su potencial”.

  9. Fer dijo:

    Buena patata caliente.!

    En el asunto tratado, yo, no advierto “prohibición”. Veo más bien, reflexión acerca de un “límite”.

    Todos somos diferentes y venimos y vamos a lugares distintos. Disculpadme la obviedad. Nuestras sensibilidades son también diferentes. Yo, por ejemplo, de niño (y tambíén ahora que soy niño de 40) siempre preferí que me pegasen o insultasen, a que me excluyesen. La mejilla caliente, me enfriaba en pocos minutos. El insulto, no sé porque, siempre me resbaló, y ayudó a expandir mi vocabulario. Sin embargo, la exclusión, me reventaba los intestinos y me disparaba la temperatura neuronal.

    El meollo del asunto lo veo en la única frase en negrita que nos deja el amigo Guillem, la cual comparto casi sin dudas : “cuando un niño no tiene que ocuparse de buscar su protección, entonces, puede permitirse dedicar su energía a desplegar todo su potencial”.

    Normalmente ¿?,o al menos en gran cantidad de foros, hay cuórum sobre el límite del “aquí no se pega”. Creo que seríamos injustos con algun@s niñ@s, si el hipotético límite del “aquí no excluimos”, quedase relegado a un nivel inferior de agresión. Ya que para unos es dolorosa la agresión física, para otros la agresión verbal, y para otros la exclusión. Veo los tres límites en el mismo orden jerárquico. No obstante, oportunidades habrán para que “jugueteen” tanto con la agresión como con la exclusión., ya que aunque se marquen los límites., son unos “cracks” a la hora de “petárselos” …

  10. joan dijo:

    1.
    ¿Se podrían aplicar, tal vez, dos viejos refranes:
    “Hecha la ley, hecha la trampa”
    y
    “La excepción confirma la regla”?

    2.
    Si, al que llamamos “envidioso”,
    le duele el bien(estar) de otros,
    ¿habría que regular o prohibir las manifestaciones de felicidad?

    joan

  11. Antonio dijo:

    Hola a todos/as
    Llevo días reflexionando sobre el tema pero llevo años sufriendo eso mismo a través de la piel de mi hija.
    Ella sufrió la exclusión, –y la sigue sufriendo–, mucho menos que antes, de lo que cual yo personal y egoistamente me alegro.
    Ella ha desarrollado herramientas que la ayudan a afrontar la exclusión y el relato de Guillén se me antoja ciertamente afortunado al caso;

    -“Tania (6;3) juega con Rubén (5;8). Ahora están los dos solos en el arenal. Hace unas horas, en grupo, Tania prohibió a Rubén unirse al juego colectivo.
    Delante del resto de compañero lo excluyó; ahora, en otro contexto, más íntimo, lo admite.”

    Antes, ver a mi hija sentada esperando que la rescataran me desgarraba el alma, pero verla pocos minutos después jugando con la misma amiga que instantes antes la excluyó me llenó de alegría.
    Mi hija a utilizado el perdón y el olvido casi con la misma maestría que el dolor y la soledad.
    Puede, y esto lo digo desde mi sentir, que subestimemos la fortaleza de nuestros hijos mucho más de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a admitir.

    Salu2

    • Muchas gracias, Antonio, por el comentario.

      Sin duda, los que hemos tenido la suerte de “estar” con vuestra hija
      hemos aprendido mucho de ella;
      y, por ello, yo particularmente, le doy las gracias.

      Me encanta y me llena de fuerza tu última frase.
      A veces, en determinadas situaciones,
      aceptar la “fortaleza” de nuestros hijos,
      es todo un reto para el adulto.

      Un abrazo

  12. Creo que sí sería positivo poner esa regla para preservar la agresión emocional que implica a un niño ser rechazado del juego. Durante un tiempo de pequeña asumí el rol de victima pues era impepinablemente rechazada de todos los juegos, me lo tomaba de modo personal y mi autoestima estaba a cero, no era una niña social aunque me moría por jugar con el resto de niños. Finalmente un día ocurrió lo siguiente :
    -No puedes jugar con nosotros.
    -por qué? – Fue la primera vez que exigí un argumento válido.
    -porque no sabes como se juega –
    Me callé, observé como jugaban y al día siguiente se repitió la conversación, pero esta vez contesté :-Sí que sé-
    -A verlo! –
    Y conseguí jugar con el grupo de niños, lo cual me dio una satisfacción que no olvidaré, me hizo sentirme más segura y observar todos los juegos y participar en ellos… hay que averiguar por qué se excluye, formular preguntas al excluidor, qué requisitos hay que tener para entrar en el grupo y hay que hacer ver al excluido que puede usar su ingenio para vencer.. Pero aún así
    Digo que sería bueno que empiece a ser a la inversa: que no sean los que se quedan fuera los que luchen por integrarse y entrar en el círculo sino que los cabecillas dominantes tengan que luchar consigo mismos y ser creativos al ver que no pueden excluir a nadie, como pasa con el ejemplo del niño que quiere jugar a ser un indio con los otros que construyen con cemento… y la creatividad en la respuesta de Oriol para juntarlos a todos. .

  13. Loli dijo:

    Como madre opino que está bien dejar que el grupo se autorregule, aún sabiendo que unos aprenden de las actitudes de los otros y se encontraran en otros momentos en otros papeles, como excluidor o excluido.
    Yo creo que lo que el acompañante debe saber ver es cuando la situación de exclusión a una niña es la norma, siempre juega el mismo papel, o a menudo es agredido, o suele estar solo. Eso es lo que tiene que hacer saltar las alarmas y se deberia tratar de favorecer otras dinámicas. Darles a todos herramientas para romper con las relaciones de poder, pero nunca dejarles solos lidiando con ellas.

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