La autenticidad

Leyendo el magnífico trabajo de Luis López, Gestión consciente del Aula (2011), me he quedado absorto, como extasiado ante un sublime paisaje, meditando sobre los 11 consejos, ¡vaya regalo!, a tener en cuenta para gestionar la clase de manera consciente. Ahora bien, siendo sincero, más que sus 11 recomendaciones, que sin ninguna duda también, lo que me abrazó completamente y me arrastró hacía el silencio y la lentitud fue su última sugerencia, a pie de página, casi marginal. A saber: desarrolladas por C. Rogers (1902 – 1987), todas estas recomendaciones requieren de 3 actitudes básicas de acompañamiento: empatía; consideración y aceptación positiva incondicional; y congruencia.

En los últimos meses, me he visto enredado en tres reuniones que me han salpicado internamente. Y, la razón de ello, ha sido ese punto tercero, la congruencia, a la que tan oportunamente apunta López. Según mi parecer, congruencia significa, sobretodo, ser uno mismo (¿llegar a ser persona?); sacarnos máscaras, despojarnos de roles. Como educador, esa congruencia, la entiendo como una manera de presentarme siendo aquel que soy. Y, según la terapia centrada en el cliente, cubre tres aspectos fundamentales: la experiencia, la conciencia y la comunicación. Así pues, de alguna manera, la congruencia abate la fachada, invita a salir del burladero, desmaquilla de las pinturas de profesional; es una disposición a estar abiertos a la experiencia, darse cuenta de ella, nombrarla y, si cabe, comunicarla. Ser congruente nos lleva a estar en contacto con nuestra experiencia inmediata y, además, vestirla de responsabilidad. Pero, no de una responsabilidad cualquiera, sino de aquella que rebautizó F. Perls (1893 – 1970). Es decir, la responsabilidad como sinónimo de capacidad de respuesta, que se refiere al hecho de aceptar y ser conscientes de nuestra propia experiencia y de reconocernos responsables de nuestra comunicación (palabras y acciones). Y, sin atisbo de dudas, como comenta C. Naranjo (1932), en Sanar la civilización (2011), la capacidad de encuentro -en la que una persona está dispuesta a relacionarse verdaderamente con otra- también se deriva de la capacidad de respuesta. Soy aquello que experimento, tomo conciencia de ello y lo comunico (coherencia entre sentimiento y acción) si siento que es pertinente para la relación. Rogers lo aclara como sigue: estoy muy satisfecho cuando puedo ser auténtico, cuando puedo acercarme a cualquier cosa que suceda dentro de mí. Me gusta poderme escuchar a mí mismo. Saber aquello que realmente experimento en un determinado momento no es nada fácil, pero me anima la leve sensación que, con los años, voy aprendiendo a conseguirlo. A veces utilizo la palabra congruencia. Con ella quiero decir que, cuando aquello que experimento en un momento determinado se hace presente en mi consciencia, y cuando lo que está presente en mi conciencia también lo está en mi comunicación, entonces los tres niveles coinciden, es decir, son congruentes.

En estas 3 últimas reuniones, me he sentido atenazado por una serie de sensaciones corporales. En el momento, incapaz de prestarles la suficiente atención como para poderlas nombrar, me he limitado a bucear en los encuentros, como aquel submarinista que, moviendo brazos y piernas, prueba de soltarse de las fauces de un tiburón. Y, por lo tanto, más allá de sentirlas en mis entrañas, ¡cuánto dolor!, no las he podido ni significar ni, mucho menos, comunicar. Es decir, en esas 3 experiencias, soy consciente que se ha producido un desajuste temporal entre mi experiencia sentida y mi posterior toma de conciencia. Este desfase, por desgracia, me ha llevado a no poder comunicar aquello que mi cuerpo -sabiamente- me estaba mostrando. Mi cuerpo, en forma de sensación sentida diría Gendlin (1926), me enviaba cierta información que, primero, no pude descodificar y, consecuentemente, no pude aprovechar. Puedo afirmar, pues, que en esos encuentros no fui transparente; ya que, mi cuerpo, haciendo uso del lenguaje no-verbal, seguía unos senderos y mi cabeza, con la palabra como bandera, lenguaje verbal desconectado, caminaba por otros. Rogers, en este sentido, a la autenticidad, le añade la inmediatez: cuando consigo comunicar aquello que en mí hay de verdadero en el momento en el que ocurre, me siento autentico, espontáneo, vivo.

T. Barceló, en Centrar-se en les persones: un model transformador d’intervenció socioeducativa (2000), con quien coincido plenamente, afirma que el educador auténtico dedica tiempo a conocerse, a tomar conciencia de aquello que siente, a ponerle nombre, a escuchar su propio cuerpo; además, se comunica, se expresa en una relación educativa significativa, sin máscaras ni roles.

Seguramente, tal y como plantea López, una de las calves esté en la autoobservación: la capacidad de sentir y observarse a sí mismo durante nuestro quehacer; la actividad psicocorporal de estar alerta a los propios pensamientos, sentimientos y acciones; una especie de autorregulación de nuestras interacciones. La autoobservación: una de las maneras, maestro Gurdjieff (1869 – 1949), de darnos cuenta que somos una máquina para poder empezar a  dejar de serlo.

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9 respuestas a La autenticidad

  1. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones Guillem, l’autenticitat com la gran absència, la gran buidor.

    Una buidor de pensaments sobre un mateix, els altres i les coses; doncs al ser-un-mateix aquestes distàncies queden suprimides… no hi ha judici.

    Una buidor d’emocions, tant positives com negatives, al no haver-hi polaritats i dicotomies, l’acceptació és incondicional i la sensació sentida no-és

    Una absència de moviment, el ser-immovil, és com que tot es va alentint, i fnalment una mena de calma invaeix el ser, la fulla que cau de l’arbre suaument fins que la terra li retorna la quietud…

    El ser-autèntic està buit, i en questa buidor hi ha el silenci, i en aquest silenci l’eternitat…

    Bé, aquestes són paraules del meu ego, bé, diria anhels… és un camí dibuixat, com una mapa de carreteres intern on l’única pista segura és acceptar que no hi ha pistes segures…

    Una abraçada

    • Estar amb mi mateix és estar en contacte amb aquesta buidor.
      I, per a poder trobar-m’hi, primer, em trobo amb el dolor.
      A vegades, ho puc sostenir. A vegades, no; llavors, marxo.

      Gràcies, Joan

  2. Maria Magarolas Jordà dijo:

    He quedat una mica esmaperduda amb el comentari a la teva comunicació. Realment no he copsat què et vol dir el Joan. Jo, la congruència l’entenc com una unitat personal entre el què ets, el què sents i el què fas o comuniques.
    Per a miles paraules de Carl Rogers són transparents.
    A vegades no comuniquem bé el nostre jo, perquè ens falta fer nostres determinades experiències o pensaments, però en el moment en què estem en pau amb nosaltres mateixos, la comunicació serà congruent amb el nostre jo-
    No sé si m’he explicat o si m’he fet entendre. Ja m’ho direu

    • M’agrada molt com t’has explicat.
      La clau, per a mi, també és estar en pau.
      I, segons la meva experiència, per a estar en pau, primer, has de sentir molt de dolor…

      Una abraçad i moltes gràcies

  3. Joan Gutiérrez dijo:

    Bones quin plaer poder expresar-se… i trobar un altre ser que et retorna quelcom, quin plaer!!!

    Quan dius “fer nostres determinades experiències o pensaments”, m’arriba que parlem de coses molt similars. Penso que és quan hi ha molta distància entre els tres centres (emocional, mental i corporal), quan l’ego, el jo, s’identifica amb projeccions del que pensem que som, o del que pensem que sentim que som, o tant com ho vulguis complicar; i llavors ens “omplim” de sentiments, pensaments o accions que volen ajustar aquesta projecció amb una intuició del que som realment. Quan parlo de buidor, és quan ja no cal omplir res, perquè no hi ha distància entre els tres centres, quan tu dius “el moment en què estem en pau amb nosaltres mateixos, la comunicació serà congruent (autèntica) amb el nostre jo”, es quan penso que hem despertat a la consciència d’aquesta buidor, i som capaços de sostenir-la sense ansietats, pors, odis, eufòries, … On més clara he vist reflexada aquesta idea és en la interpretació que fa Stephen Bachelor del Canon Pali de Buda (veure llibre “Confesiones de un ateo budista”), així com quan Claudio Naranjo parla de despertar a la consciència de la caiguda del paradís, o dit d’altre manera, de la innocència, i de com el camí terapeútic és un retorn al salt del nostre ser al buit, en aquest sentit també parlo de buidor, quan res extrínsec pot sostenir-te. La consciència d’aquesta buidor i la presència per poder-ho sostenir, serien les bases de l’autenticitat.
    Quan ho escric veig més clar quan lluny estic de l’abisme, en tot cas me n’adono que no haig de fugir de l’abisme…
    No sé si aclareixo més el que volia dir, però a mi m’ha servit escriure-ho

    Gràcies de tot cor,

    Joan

  4. Joan Gutiérrez dijo:

    De Gibrán Jalil Gibrán, pensador libanès de principis del segle XX, parlant del dolor en el seu llibre “El profeta”:

    “Vuestro dolor es la eclosión de la envoltura que encierra vuestro entendimiento.
    De igual modo que la semilla del fruto debe romperse para que su corazón salga al sol, así vosotros debéis conocer el dolor.
    Y aunque lograrais mantener vuestro corazón extasiado ante los milagros cotidianos de la existencia, no os parecería vuestro dolor menos maravilloso que vuestro gozo.
    Y entonces aceptaríais las estaciones de vuestro carazón como siempre habéis aceptado las estaciones que pasan sobre vuestros campos.
    Y serenos velaríais en los inviernos de vuestro dolor.
    Muchas de vuestra aflicciones las habéis escogido vosotros mismos. Son el remedio amargo con que el médico que todos llevamos dentro cura vuestras enfermedades.
    Por tanto, confiad en el médico y bebed su remedio en silencio, tranquilamente.
    Porque su mano, aunque dura y pesada, está guiada por la mano tierna del Invisible.
    Y la copa que brinda ha sido moldeada, aunque queme vuestros labios, con arcilla que el Alfarero humedeció con sus propias lágrimas sagradas”.

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