Jaikus y el pensamiento infantil

Cae en mis manos el libro Jaikus inmortales (1983). Noche marina:/ la voz del pato/ es vagamente blanca. De esta manera, me cautiva Bashō (1644 – 1694). Según éste, considerado el padre del jaiku, estos poemas breves que proceden del corazón son simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. El objetivo del jaiku es la belleza, o el sentimiento, o el Zen, o una ascesis, o el misterio del universo, o la significación y la trascendencia búdica de cualquier fenómeno mudo. En él no hay nada definido ni dogmático.

El pensamiento adulto, al menos en occidente, luz y reflejo de la sociedad en la que se constituye, sigue un estructura lógico-matemática; en cambio, el pensamiento infantil está sustentado por un entramado emocional, intuitivo, estético (véase La estética de la vida). Estas dos formas de ver y significar el mundo, a menudo, entran en oposición y, de las dos, la prepotente excluye a la oprimida. A ese respecto, Malaguzzi (1920 – 1994), en algún momento, dijo: la prepotencia lógica y científica occidental nos lleva a rechazar lo simbólico, el alma de las cosas, la metáfora de los objetos que sólo los niños y los artistas saben manejar.

De un modo parecido, A. de Saint-Exupérey (1900 – 1944), en El Principito (1943), nos da a entender que entre el mundo de los adultos y el de la infancia existe una brecha, un abismo que los separa y que, sin duda, produce dificultades y distorsiones comunicativas.

Cuando les habláis de un nuevo amigo, nunca os preguntan nada de lo que es esencial. Nunca os dicen: “¿Qué sonido tiene su voz?” ¿Qué juegos le gustan? ¿Quizás colecciona mariposas?” Aquello que os preguntan es: “¿Cuántos años tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Sólo de esta manera creen hacerse una idea de cómo es. Si les decís a la gente mayor: “He visto una bonita casa de ladrillos de color rosa, con geranios en las ventanas y palomas en la terraza…”, no acaban de imaginarse cómo es esta casa… Hace falta que les digáis: “¡He visto una casa que cuesta tanto!” Entonces, afirman: “¡Qué bonita!”

En Japón, los jaikus son pensamientos que brotan del corazón. Este tipo de estructuras lingüísticas difícilmente hubieran germinado en un occidente convencido que el pensamiento lógico-matemático es la causa de su supuesto progreso. ¿Quién busca el color de la voz del pato? ¿A quién le interesa el color de las voces? Ciertamente, las voces tienen color, pero el pensamiento adulto no nos ayudaría a llegar a pintarlas.

Piaget (1896 – 1980), al tipo de pensamiento que más comúnmente usan los niños y las niñas hasta los 6, 7, 8 años (etapa preoperatoria), lo denomina transducción. Así como la inducción y la deducción forman parte de la lógica adulta, la transducción, según el suizo, es una inhabilidad del niño, un error en su manera de percibir y procesar la información.
Ahora bien, el pensamiento infantil, ligado a los afectos, amarrado libremente a una estética que hace uso de la metáfora, el sincretismo y la yuxtaposición es, sin duda, la base de los procesos creativos. Los pensamientos infantiles, al igual que las poesías de Bashō (A la intemperie,/ se va inflitrando el viento/ hasta mi alma), son creaciones. Y la creatividad, lejos de ser una incapacidad, es uno de los recurso propios y más preciados de la infancia. Cuando los seres humanos aprendemos el mundo, no lo copiamos, no lo asumimos, así, sin más, sino que lo reconstruimos desde dentro, según nuestra particular y única estructura interna. Devenimos seres creativos (conocer es crear), digo yo, determinados por nuestra estructura (véase No aprendemos a través de la instrucción), añadiría Maturana (1928).

G. Bateson (1904 – 1980), basándose en los trabajos de Peirce (1839 – 1914), defendía la lógica abductiva, como algo propio y profundamente humano. Los procesos abductivos, emparentados con la lógica transductiva de Piaget, son la base de la creatividad y de todo lo que ésta conlleva. Dar un lugar al pensamiento infantil, no como algo que deba superarse para llegar al pensamiento adulto, sino como una manera particular, rica, generativa, de percibir y dar significado al mundo es, también, respetar y valorar a la infancia y sus procesos. Y Bashō añade y finaliza: Relampaguea./ Después, en las tinieblas/ grazna una garza.

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10 respuestas a Jaikus y el pensamiento infantil

  1. joan dijo:

    Aunque no entienda
    mi corazón sonríe
    si está contigo.

    joan

  2. joan dijo:

    Luz y tiniebla.
    Hay fuegos de artificio.
    Después. silencio.

    joan

  3. Anita dinamita dijo:

    Si pudieramos sotener en nuestra lógica común, la que usamos cada dia, que la magia existe…
    (si nuestros problemas y preocupaciones se convierten en retos y no en lápidas)
    Si sin renunciar a la lucidez, hicieramos espacio a la maravilla, y cada dia hallaramos algo que nos maraville…
    no quedaría la poesía para los poetas, y la verdad en las teorías…

  4. joan dijo:

    Verdad amena.
    Poemas de colores.
    ¡Qué maravilla!

    joan

  5. Hola Guillem,
    me saber a que te refieres cuando dices
    según nuestra particular y única estructura interna. Y, ¿como són otros tipos de estructuras externas por ejemplo? Gracias. Juanma

    • Juanma,
      cuando hablo de estructura interna me refiero, principalmente, a nuestro sistema nervioso. La califico de particular y única en un doble sentido. Primero, porque es algo que nos diferencia de las demás especies; y, segundo, porque cada uno de nosotros, en éste y en otros sentidos, somos también diferentes -con muchas semejanzas- del resto de nuestros congéneres.
      Estructuras internas tenemos otras. Por ejemplo, nuestro sistema óseo, o nuestro sistema muscular. Evidentemente, si éstas cambian también cambia nuestra conducta.

      Estructuras externas también tenemos. Yo destacaría todos los andamiajes socioculturales que nos aplastan y/o nos dan alas.

      Espero haber contestado a tu pregunta.
      Un abrazo…

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