El santuario somático

Directamente del autor, Luis López, me llega el artículo La sensación de Dios: claves para una espiritualidad joven (2012). Movido por su profundidad, pretendo glosarlo, ¡qué osadía!, cual juglar que canta la poesía de un gran trovador. Una glosa, la mía, que no persigue aclarar un texto críptico por su dificultad de comprensión; sino que, a modo de extensiones, irá añadiendo humildes codas, recuerdos y relaciones, que la lectura de la obra de López me ha ido sugiriendo.

López inicia el viaje hacia una espiritualidad sentida guiñándole el ojo a X. Zubiri (1898 – 1983) y a su idea de que somos seres sintientes. Para el filósofo español el sentir y la inteligencia constituyen una única unidad. A. Damasio (1944), desde la neurociencia, nos diría que la razón se siente. A mí me conecta con el constructo de la mente corporeizada del biólogo chileno F. Varela (1946 – 2001); la realidad mental humana no existe independientemente del cuerpo donde se realiza. Los procesos cognitivos no están sólo en la cabeza, sino que incluyen toda una cadena de conductas que se llevan a cabo en y por el cuerpo. H. Maturana (1928) lo rubricaría afirmando que nuestra conciencia del mundo en el que vivimos es operacionalmente una expansión de nuestra conciencia corporal. Y, desde todo ello, partiendo de una razón corporal, López, nos introduce la sensación sentida de Dios, cual interacción preverbal, corporal, al más puro estilo E. Gendlin (1926), como el referente perceptivo psicocorporal de nuestra vivencia de fe; y como algo que va más allá de la razón, de la sensación y del sentimiento.

Con gran exquisitez, López, a lo largo del documento, nos presenta a la atención como el instrumento principal de la experiencia espiritual, y me encanta especialmente, debo decirlo, cuando saca a relucir que esta cualidad cognitiva debería ser objetivo escolar fundamental. Para desenredar la madeja de la atención plena, López, nos tiende un maravilloso puente cognitivo occidental (sin olvidarse de oriente, de la mano de Thich Nhat Hanh (1926)) de más de 2000 años de distancia entre el Evangelio de Lucas, la vigilancia evangélica, y la neurociencia de D. Siegel; con parada obligada, ¡qué placer!, en el siglo XVI: la advertencia amorosa de San Juan de la Cruz (1542 – 1591). Para mí, y en este contexto, la atención plena de la que nos habla el López tiene mucho que ver con la capacidad de ver con el cuerpo.

Dios no cabe en la cabeza pero el cuerpo puede atisbarlo; el cuerpo cristiano es escenario de vivencia intuitiva de Dios. Y, de ahí, enlazando -danzando, diría yo- una cita bíblica con otra, el autor nos presenta las cuatro vivencias corporales cristianas: cuerpo-hogar, cuerpo-monasterio, cuerpo-templo y cuerpo-encarnación. De manera irremediable me viene a la cabeza esa maravillosa intuición que en palabras de Jodorowsky (1929) reza como sigue: la presencia de un Dios interior convierte de inmediato nuestra Conciencia en sacerdote y nuestro Cuerpo en templo. Y, con goce, una cosa me lleva a la otra. Y, ahí, me aparece Gilligan que nos ayuda a experimentar el cuerpo como si de un santuario somático se tratara. Nuestro cuerpo nos provee de un santuario para poder acoger nuestras alegrías y todas aquellas experiencias de desamparo. Nuestro cuerpo, nuestra alma diría Jodorowsky (ese nivel misterioso, la naturaleza del cual nos es imposible conocer, añadiría B. Hellinger (1925)), puede devenir un santuario, un espacio sagrado donde sentirnos confortables y seguros. Eugen Drewermann (1940) lo escribiría así: si subiendo la escalera que conduce hasta aquí, se pone usted a canturrear la escala, en un momento determinado llega a un tono que, si lo mantiene, producirá una resonancia. De pronto, ese tono volverá hacia usted de forma reforzada, porque se trata de una vibración que ha encontrado su amplificador en la capacidad de vibración de la piedra. Ese «tono» es el que hay que encontrar. Imagino el cuerpo humano como una estancia en la que nuestra alma intentase canturrear hasta que se produjese la armonía. Todo hombre, en cierta medida, posee su propio tono. Cuando lo encuentra, consigue lo que solemos llamar la mística.

López continúa este apetecible crucero místico con el placer de orar, y con lo que él llama: recursos psicocorporales aplicados a la oración. Pero, sin duda, lo que más me ha tocado son sus consignas para una lectura corporal de la Biblia.

La mística experiencial, una trenza, al modo Naranjo (1932), del sentir-pensar-hacer con fundamento corporal. ¡Cuánto honor y respeto por el cuerpo! Aceptarnos y cuidarnos como cuerpo, como Ser. El cuerpo, en toda su grandeza, como algo sagrado, como lugar espiritual, como espacio donde puedo albergar mi experiencia sentida de Dios. Ojalá, en mi quehacer como educador, sepa transmitir, con mi vivencia, esta sutil delicadeza cuasi paradójica: aquello, infinito e insondable, escurridizo para la mente, y que me permite sentirme parte de la eternidad, el cuerpo puede abrazarlo.

La sensación de Dios: claves para una espiritualidad joven (2012)

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15 respuestas a El santuario somático

  1. rosi dijo:

    Me gusta ser alguien “sintiente”🙂 y que mi santuario (mi cuerpo) se conecte con el todo, con cada canto de pájaro, cada árbol, y dejarlo vibrar para lograr la conexión, conmigo misma y con lo que tenga que ser. Gracias por este hermoso artículo, por transmitirlo tan claramente.

  2. juanmafernandezrodriguezJ dijo:

    Hola Guillem,
    gracias por este artículo, me ha encantado. Esto que explicas me resuena muy dentro, sobretodo como educador,cuando estoy ante un joven, alumno de mi trabajo, que me mira con unos ojos que no sé como entender. Cuando entablo una relación educativa, me conectan ellos (los alumnos) des de la ética y respeto, con algo muy profundo mio, que no es consciente, pero que al mismo tiempo lo hago consciente, porque estoy poniendo mucha atención en ese encuentro.
    Me ha pasado hoy precisamente que en una tutoría con un alumno, cuando me he dispuesto corporalmente y verbalmente ha hablarle des de mi más posible autenticidad y aceptación él me ha dicho: “como te pones!!! te tomas muy en serio tu trabajo!!! , como queriéndome decir que le sorprende que él a mi me importe. Y yo le digo: es que tú me importas, y también me importa mi trabajo y estar aquí contigo tambien, porque ahora habíamos quedado para hablar.

    Esos momentos para mi son los mejores ya que me siento bien conmigo mismo. Interiormente pienso que él, el alumno, soy yo, aunque no se lo diga verbalmente. La mirada del alumno es transparente, de admiración, de gratitud y me da la sensación que algo queda gravado en su cuerpo de la relación atenta que he intentado establecer con él.

    A Eugen Drewermann en su libro Dios Inmediato le preguntan:

    – Todo hombre es, pues, un místico en potencia… y él responde:

    – La mayoría de las veces lo ignora, por tener los oídos llenos de melodías extrañas. Unas melodías que le ofrecen constantemente un concierto en la plaza de su aldea, ante la puerta de su casa. De todas formas, hay que ser muy prudente en el manejo del “tono” que hay que encontrar. Porque, si se intensifica demasiado, la casa podría venirse abajo, al menos teóricamente. Pero encontrar ese tono y componer la sinfonía adecuada, eso es mística.

    Pero el “tono” no se encuentra si lo busca uno solo. Es todo el destino biográfico de un ser humano el que decide la figura de la melodía y la manera en que deberá ser interpretada para conseguir una armonía constante. Lo más importante es mantener la melodía que somos cada uno de nosotros y desarrollarla con todos los recursos disponibles para que sea siempre audible.
    (…) Encontrarse a sí mismo, eso es la mística. Porque Dios sólo se muestra en el tú que se refleja en mi…
    Un abrazo,
    Juanma

  3. Anita dinamita dijo:

    O no estoy en la onda, o hay demasiada confusión en el discurso y demasiada densidad en estos conceptos… Me cortocircuítan tus palabras, o las associaciones que ensayas…
    Me gusta cuando mi amiga me habla de la Diosa refiriendose a la entidad más elevada en su experiencia sexual… !!Viva el cuerpo que siente entero, y trasciende este puro sentir en algo divino, adorable, digno de lo máximo!! En este sentido me cuesta poco tener cierta sintonía con lo que escribes… Pero cuando saltas del espiritu a la mente, y de allí al resto del cuerpo, tan fácil??.. todo centrado en nuestra tradición judeocristiana??, tan materialista?!! que convierte el cuerpo en “cosa” (con suerte porque la alternativa es convertirlo en “nada”)…
    Tendría que haber leído toda la bibliografía tuya: y con Naranjo, Varela, Maturana, Gedlin… en mi trinchera, tal vez me atrevería a ensayar una relajada lectura corporal de la Biblia!!
    Eres atrevido Guillem, ándate con cuidado, no perdas de vista tu “Sancho Panza” en este camino… y ves dando noticias de tu paradero.
    Un abrazo

    • es cierto que en el paradigma cristiano hablar del cuerpo no es fácil. Me gusta Anita que recuerdes esto de ‘convertir el cuerpo en cosa’, porque nos guste o no, creo que es un mensaje -explícito e implícito- en infinita literatura católica. Digo lo de católica porque creo que es más bien un producto medieval que no tanto bíblico-semítico. Y, sin duda, la modernidad y también la postmodernidad han heredado -con sus relativas reacciones, luchas, debates, asunciones, etc- ese lastre.
      Es difícil hablar del cuerpo en los términos que lo haces, Guillem, por desafiar este background-kármico cultural nuestro. De hecho, de ahí vienen incontables interpretaciones erróneas de cierta mística cristiana o de la cosmovisión -o quizás mejor dicho, de la endovisión- propia de algunas tradiciones índicas, entre ellas el tantra. Estas interpretaciones a menudo han magnificado, hasta idolatrarlo, el cuerpo de una forma muy distinta a la que pretendían dichas místicas. En cambio, el artículo transmite un ensalzamiento caluroso, sentido, afectuoso pero al mismo tiempo cauteloso, respetuoso, consciente sobre el cuerpo como morada espiritual. Muy inspirador, gracias.

    • Querida Anna,
      la Biblia, sin duda, presenta al cuerpo como algo sagrado. Lástima que algunas interpretaciones nos lo hayan relegado a cosa o a nada. Y, lástima también, que estas interpretaciones hayan sido las dominantes y las aplastantes.

      Para leer la biblia corporalmente no hace falta haber leído mucho; basta reaprender a vivir incorporando el sentir. Y, eso, creo, necesita un acompañamiento.

      Y, ciertamente, espero no perderme. Mi Sancho y mi Quijote están bien agarrados de la mano. Pero, si me perdiera, sé que me echarías un cable para poder salir del laberinto.

  4. joan dijo:

    el charco quieto
    sin dejar de ser agua
    refleja cielo

  5. Anita dinamita dijo:

    Demasiado críptico Joan, mójate un poco más…

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