Girar de dolor

De fondo suena Chopin (1810 – 1849). El preludio número 15, de su opus 28, gira y gira en movimiento infinito; se repite una y otra vez como si de un mantra perpetuo se tratara. Esta pieza para piano del compositor y pianista polaco fue escrita en el invierno de 1838-1839 en la localidad mallorquina de Valldemossa. Su sonido me cala hasta los huesos, como fría lluvia de un duro invierno, descorazonador, lejano…

Pertenezco a una sociedad en la que los políticos que la gobiernan nos impiden construir escuelas como espacios de autonomía, tiempos de escucha, lugares de crecimiento, relaciones igualitarias, aprendizajes vivenciales, amores profundos, ritmos acompasados, procesos respetados. Sin duda, algo dentro del niño ya sabe de todo ello. Y, determinados espacios-tiempos-materias-relaciones pueden acompañarle en el camino de recordarlo. No permitir la co-construcción de esos espacios es una manera de matar al niño. Y, por ello, siento una profunda tristeza. Punzante y ardiente. Siento el dolor del aire llenado mis pulmones. Siento el dolor de mi propia muerte, de la muerte de mi propio niño.

Sin embargo, la imagen, nueva para mí, gracias Pepe, de que ciertos modelos educativos somos el margen de la sociedad me calma, me suaviza la herida. Somos un margen de piedra que posibilita que la sociedad pueda crecer, abrirse a nuevas realidades. Margen, en frágil equilibro, piedra sobre piedra; cuerpos abrazados que permiten que se agrande el campo. Ahora bien, ser parte de ese margen y, al mismo tiempo, ser parte de esa sociedad a la cual sostiene, me genera un profundo desasosiego. Esa separación entre aquél que soy y aquello a lo que pertenezco me duele en lo más hondo. Pessoa (1888 – 1935) en el Libro del desasosiego lo dirá así: pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado.

Siento que he sido arrancado del lugar al que pertenezco. Siento que no me permiten regresar a él. La flauta del junco antes de ser flauta estuvo en el lodo. Alguien la arrancó y, al sonarla, gime de dolor por sentirse separada de aquello que fue. Cualquiera que sea arrancado de su origen anhela regresar. La tenue agonía de la separación. La maravillosa poesía de Rumi (1207 – 1273) surge del dolor; de aquello que más queremos evitar. Girar y girar, hasta el infinito, sosteniendo, abrazando, danzando, ese dolor. El gran poeta sufí nos dirá: Escucha la historia que cuenta el junco sobre la separación. “Desde que me cortaron, hago este ruido plañidero. Cualquiera que esté separado de su amor, me entenderá.”

Óscar, como si de un Atila de las páginas se tratara, arrasa con todo: letras, palabras, frases… una detrás de otra, voraz, movido por un impulso que le nace de dentro. Unai, intrépido y delicado, no cesa de contar, unidades y decenas encuentran en sus dedos una vía de existencia. Jan, con un exquisitez romántica, le toma el pulso a todas las letras y con amor infinito escribe su nombre con tinta de oro. Erik, brisa de abril, escribe los números y, esos símbolos, vacíos sin alguien que les dé una estructura, se alegran de estar en sus manos. Oriol salta de letra en letra, ágil y solemne, consciente que tiene algo importante que decir al mundo. Emma, paciente y serena, deletrea y cuenta, y para hacerlo deja que sea todo su cuerpo el que entre en sintonía. Jan, como un Marte de corazón tierno, forja a fuego lento letras y números, y construye aviones de papel cargados de futuro. Tania avanza a la carrera, delante del pelotón, con paso firme y ojos curiosos, suma y resta sin saber que, en ello, la Vida le corre por las venas. Marçal toma medidas, lo grande y lo pequeño se funden en el ir y venir de sus brazos que buscan, exploran, aman. Itziar, dura y frágil, diamante cargado de múltiples orientaciones, constructora de tiempos y espacios no cesa de avanzar, creadora, por veredas poco transitadas. Y si sólo fuera esto el fracaso estaría asegurado, y los políticos podrían seguir jugando a ser títeres del sinsentido. Si mi boca sólo pudiera llenarse de letras y números mis entrañas crujirían como carcomidas vigas de un viejo hotel. Sin embargo, lejos de ser así, el grupo de P5 aprende, vive, ríe y llora. Avanzan por sí solos, guiados por su sentir, respetados de pies a cabeza, con una espontaneidad que danza entre lo instintivo y lo social, con unos límites acolchados por el Amor, seducidos por la Vida que no cesa en infundirles soplos de creatividad, fuerza y ternura. Volad, pues, vosotros que sabéis, porque lo habéis vivido, que sin raíces no hay alas.

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14 respuestas a Girar de dolor

  1. sabina dijo:

    gracias

  2. shimizee dijo:

    Bueno, veo que tienes las ideas claras! Eso te ayudará seguro.
    P.D: Quin grup de P5 més maco! Dani

  3. Mar dijo:

    extraordinari…gràcies!!!

  4. Francesc dijo:

    Acabem sent escola o no, jo he conegut i experimentat que és el respecte als processos de vida: dels meus fills, i extrapolant, de la meva parella, i dels meus pares. És altament improbable oblidar-ho.

  5. Judith dijo:

    Una abraçada, Guillem. I gràcies… m’ha encantat!

  6. Laura dijo:

    fantástico!

  7. Anita dinamita dijo:

    Siento vuestra pena, el desasosiego, la impotencia…
    Tal vez el sistema necesite tambien hacer su proceso… Hay mucha pared quebrada, apunto de caer…
    Tal vez haya que aceptar el tamaño y la condición que nos define… Un tiempo más, apenas sólo con la potencia de la voluntad…

    Me sumo al abrazo.

    • Ana,
      todo cambia.
      Lo que ayer fue gris, hoy parece más azulado.
      Los amarillos de hoy, a lo mejor, serán los rojizos del futuro.

      Gracias por estar a nuestro lado, independientemente del color.
      Un fuerte abrazo…

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