Rabindranath Tagore (2/3)

(Viene de Rabindranath Tagore (1/3)) En esta segunda entrega, me zambullo directamente en la piscina de las singularidades de la propuesta pedagógica de Tagore. Y, empiezo por destacar que, en los centros fundados por este visionario, la mayoría de clases se daban al aire libre, debajo de los árboles. En 1921, en una conferencia que dio en Ginebra, acabó diciendo:

Se desprende de mis ideas, si gustáis, un solo principio director, uno solo: ir hacia la vida allí en donde reine. Salid de la sala de clase. No llevéis los árboles a la clase, sino transportad a la clase bajo los árboles.

Los estudiantes de sus escuelas se organizaban en grupos y se reunían en asamblea para tomar decisiones que afectaban a toda la institución. Además, en estos encuentros horizontales, los alumnos trataban los temas relacionados con limites y normas, y las consecuencias de su falta de cumplimiento. Su idea, lejos de una anarquía que pudiera conducir a un crecimiento licencioso, perseguía, sin duda, un objetivo: entregar libertad al niño. Libertad para que el niño pudiera crecer y regular su propia vida, viéndose libre de interferencias y supervisiones. W. Reich (1897 – 1957) aplaudiría este concepto que, luego, él bautizaría con el nombre de autoregulación. Según Tagore (y al escribir lo que sigue, me vienen al cuerpo las palabras de R. Wild (1939): amor y límites), de todos los problemas, el más difícil, era el de encontrar el mínimo de disciplina necesario para el mantenimiento del máximo de libertad y, todo ello, acompañado de amor y respeto. No quiero acabar este párrafo sin alabar como se merecen estos actos democráticos, de respeto y amor, diarios y cotidianos, que me acercan a la Francia de Freinet (1896 – 1966); pero, sobretodo, e inevitablemente, salvando ciertas distancias, a la Inglaterra de A. Niell (1873 – 1973) y su escuela Summerhill.

Tagore, en lo relativo a la libertad y al trabajo autónomo y espontáneo coincide, en parte, con Montessori (1870 – 1952). Pero, si me permitís la licencia, hablando de libertad, Tagore, como la italiana, apuesta fuerte. Tagore, profundo, iluminado, magnífico, manifiesta que la época escolar tendría que ser una etapa de la vida en la que el niño empezara a conseguir la libertad a través de la experiencia. Experiencia, sí; pero una experiencia concreta, del día a día, que él, rizando el rizo, (y aquí, lector, percibo un salto; cuántico, diría) no desliga de la mística. Y, en este sentido, Tagore, en su escuela, legitima la meditación (entendieno la palabra legitima tal y como la plantea Maturana (1928)), el contacto silencioso y solitario, íntimo, en un entorno natural, con uno mismo, con él otro y con el mundo. Según él, la verdadera libertad, la que nace desde dentro de uno mismo, no se encamina a armonizar nuestras respuestas en el mundo desde el conocer, sino que nos lleva a hacerlo desde el Ser. Sólo podemos Hacer desde el Ser, diría Gurdjieff (1869 – 1949). Y, ahí, para mí, nace la espiritualidad como eje central del proceso educativo. La Unesco, en palabras del llamado Informe Delors (1996), lo situaría dentro de su ya famoso Aprender a Ser.

En boca del poeta, la educación no consiste solamente en el desarrollo intelectual, sino que es preciso fomentar las dotes estéticas y la creatividad del estudiante. El arte, en general, tenía un lugar privilegiado en la escuelas de Tagore. Ni que decir tiene que, aquí, hermano a la escuela India con las escuelas Italianas de mi estimado Malaguzzi (1920 – 1994).

Tagore quería que la educación sirviera para alcanzar la armonía con toda la creación; era favorable al juego y a las actividades domésticas en la educación de la infancia, y a paticipar en la vida de la comunidad como parte del proceso educativo del niño. En este aspecto, sus ideas coincidían, en parte, con las de F. Fröebel (1782 – 1852).

El principal objetivo de la escuela del poeta era una especie de perfecta unión del hombre con la Naturaleza, sin obstáculos, a través de una suerte de comunicación activa. Tagore no perseguía que sus alumnos actuaran eficazmente, sino que sus respuestas estuvieran en perfecta sintonía con la riqueza y la diversidad de la vida y el mundo. En este sentido, sus ideas de comunión con lo natural pueden recordar a las de Rousseau (1712 – 1778), pero, al contrario que éste, Tagore creía que, en este menester, el adulto tenía un importante papel que desempeñar.

Según Tagore, la educación es parte permanente de la aventura de la vida y no una manera de curar una supesta ignorancia; y, ahí, sin duda, estrecha su mano con la del gran J. Dewey (1859 – 1952).

Para finalizar este segunda entrega, me apetece reflejar la opinión que el premio Nobel tenía de los libros:

Los libros se interponen entre nuestra mente y la vida. Nos privan de nuestra facultad natural de adquirir directamente el conocimiento de la naturaleza y la vida, y nos inculcan el hábito de conocerlo todo a través de ellos. No tocamos el mundo con nuestra mente, sino con los libros. Los libros nos deshumanizan y nos hacen asociales […] Los estudiantes deben obtener el conocimiento y los materiales de diferentes regiones del país, de fuentes directas y de su propio esfuerzo independiente.

El poeta falleció en 1941. Si las fuentes que he consultado no me engañan, las dos instituciones en que se plasmaron sus ideas y sus experimentos educativos sobreviven aún: son el Patha Bhawan (la sección escolar) de Santiniketan, Sikshasastra y Sriniketan; aunque naturalmente con el tiempo han cambiado mucho. Visva Bharati existe todavía; es una universidad central y también ha cambiado mucho.

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6 respuestas a Rabindranath Tagore (2/3)

  1. Pingback: Rabindranath Tagore (1/3) | Ser para educar

  2. molt bo; Sriniketan, Tagore… per uns instants em teletransporto al tròpic de la plana gangètica, on suposadament l’escenari cultural, natural, social i econòmic no té res a veure amb el nostre, però tanmateix aquí ens embarquem en un viatge d’aspiracions pràcticament idèntiques a les del Tagore de fa quasi un segle. A seguir somiant! (i treballant, no fos cas que…)

  3. maria magarolas dijo:

    No coneixia al Tagore poeta. Llegint-lo com a poeta, els valors que comunica estan en sintonia amb la seva vessant pedadògica. Realment els bons educadors no passen mai, com els bons rockersd…

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