¿Te has equivocado? (1/2)

Resulta que, según los biólogos H. Maturana (1928) y F. Varela (1946 – 2001), en El árbol de conocimiento (1984), los organismos vivo somos seres determinados por nuestra estructura. Y, consecuentemente, lo que distinguimos como lo exterior sólo es algo que desencadena en nosotros unos cambios estructurales que están determinados por nosotros, por nuestro interior. F. Varela, en su libro Conocer (1988), matizándolo, dirá que el mundo y el ser vivo (su cuerpo en su totalidad) se relacionan mutuamente, interactúan y se entrelazan continuamente. En este proceso continuo, al que llamamos Vida, la historia de acomplaminetos estructurales entre el ser vivo y el mundo, hará emerger una realidad propia, legítima y relevante para él, inseparable de su modo de ser y funcionar. En referencia a ello, planteando y adaptando la antigua pregunta: ¿qué fue antes el huevo o la gallina?, Varela nos dirá que para resolverla (¿qué es, realmente, un mundo fijo con leyes físicas que el ser vivo debe descubrir por sí mismo, o un ser vivo que construye su propio mundo en función de su estructura interna?) debemos transcenderla, como al Koan, y darnos cuenta que, ambos, mundo y ser vivo, existen en su vinculación: el mundo y el ser vivo surgen en una mutua interrelación. A este proceso, Varela lo llamará enacción.

Además, resulta que nuestra estructura interna es una, y no otra, en cada momento. Todos y cada uno de los seres humanos disfrutamos de un sistema nervioso que se va modificando, modelando y interconectando en función de las experiencias (cantidad y calidad) que el organismo va teniendo. Esa estructura interna, que los constructivistas nos han ayudado a ver como una red de esquema de conocimiento conectados entre sí, se ha estructurado a través de nuestras experiencias y, a su vez, a través de ella, interpretamos el mundo circundante. Por lo tanto, nuestra estructura interna es la que es (en función de nuestra historia de interacciones, en función de nuestro nivel biológico madurativo, en función de nuestro estado emocional, etc.), y significamos la realidad en función de ella. Así pues, recordando a Piaget (1896 – 1980), si comparamos la visión de la misma realidad, hecha por dos observadoras de nuestro proyecto con un nivel de desarrollo distinto (por ejemplo, el de Noa de casi 3 años, preoperativa; y el de Tania de 8 años largos, operativa); y, además, nosotros, como observadores adultos, afirmamos que la visión del (3) está más equivocada que la del (8), porque ambas las comparamos con nuestra propia visión, estaremos haciendo uso de una gran y soberana ignorancia ya que, ahora, sabemos que, cada una de ellas (incluso nosotros) ve lo que ve, y significa lo que significa, desde ella misma, en función de su propia estructura interna y su particular historia de interacciones. Por lo tanto, alguien fuera del sistema, podría decir (creo, acertadamente) que los tres ven lo que ven, en función del mundo que cada uno de ellos trae de la mano, (aquél que emerge fruto del acoplamiento estrucutural ser vivo – mundo), y que, por lo tanto, las tres miradas son adecuadas.

En este sentido, y en algún otro, Maturana afirma que los seres vivos, determinados por nuestra estructura, no podemos distinguir, en nuestra experiencia, entre lo que llamamos ilusión y percepción (véase La vida es sueño); y, de hecho, continúa, tenemos dos palabras para diferenciar una de la otra: mentira y error.

Cuando le decimos a alguien mientes, lo que le estamos diciendo es que, en el momento de afirmar lo que dice que afirma, tiene todos los elementos necesarios para darse cuente que aquello que afirma no es válido.

En cambio, cuando uno dice me equivoqué o cometí un error, lo que está diciendo es que, en el momento en el que afirmó lo que dice que afirmó, no disponía de todos los elementos necesarios para darse cuenta que eso, en ese momento, no era válido. Pero, cabe decir que, en el momento en el que lo vivió, sí lo vivió como legítimo. Es desde el momento actual, desde otro momento experiencial, desde otro momento de su Ser, que puede decir que aquello que antes vivió como válido, ahora, no lo es. El error, pues, es siempre a posteriori. El error es una experiencia pasada, a la que le quitamos legitimidad desde un espacio-tiempo posterior, porque en el momento en el que la vivimos (ésa a la que ahora le quitamos valor) la sentimos como válida. Entonces, no hay manera de saber que uno se equivoca en el momento en el que uno se equivoca. La conciencia de la equivocación es siempre después, fruto de un proceso reflexivo, cuando comparamos aquello antiguo con algo nuevo que ha modificado la perspectiva que teníamos de lo primero. (Sigue en ¿Te has equivocado? (2/2))

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3 respuestas a ¿Te has equivocado? (1/2)

  1. Roman dijo:

    Hola,
    els errors provocats a conciència, creus que maturana els consideraria com mentides? suposo que no cal ficar exemples, però ni han molts, i en general amb els errors a conciència es busca (correcta o incorrectament) algun tipus de benefici, que va més enllà de fer les coses sense errors. Per exemple: els soldats no voluntaris durant la seva formació, només fan que cometre errors per a no ser enviats al front. Les persones que volen mes atenció fan molts errors per obtenir-la. L’humor dels pallassos es basa en cometre errors.
    Es millor considerar que no són errors, sinó mentides?
    fins aviat

    roman

    • Benvolgut Roman,
      m’encanta la teva proposta…

      Aquests errors conscients de què parles, segurament, Maturana els consideraria mentides. Es cert…
      Ara bé, rescatant un dels teus exemples (l’infant que comet errors per a aconseguir atenció) allò que em sembla interessant són les següents preguntes:

      ¿cómo podem saber, nosaltres, educadors o pares, que els nostres infants estan provocant-se els seus “errors” per aconseguir uns beneficis secundaris?

      ¿com podem acompanyar, des del respecte, aquests erros (mentides) de tal manera que els nostres fills aconsegueixin allò que necessiten vertaderament (allò que hi ha al darrera de l’error provocat) i no allò que demanen?

      ¿com podem ajudar-los a alinear allò que necessiten amb allò que demanen i, d’aquesta manera, no hagin de fer servir l’error/mentida per aconseguir comunicar allò que vertaderament necessiten?

      Et ve de gust contestar-les?

      Una abraçada

  2. Pingback: ¿Te has equivocado? (2/2) | Ser para educar

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