Motivación y voluntad se dan la mano

Salvador Cardús (1954), en su libro El desconcert de l’educació (2000) nos presentra, entre muchas otras cosas, las causas y azares de la poca importancia que, según él, se le da al esfuerzo en el sistema educativo actual. Cardús asegura que el mundo de la educación ha sustituido el antiguo entrenamiento de la voluntad por el de la motivación. El profesor catalán afirma que, actualmente, voluntad y motivación funcionan como opuestos y, para dibujarlo, nos muestra la imagen de un ciclista que, lleno de deseo por montar en bicicleta, espera que sea otro quien pedalee. Además, Cardús, sentencia: pensar en la posibilidad de una motivación autónoma es de una ingenuidad inaceptable.

Gregori Luri (1955), en su ensayo L’escola contra el món (2008) apunta que es imprescindible diferenciar tiempo lúdico de tiempo de trabajo. Y, en referencia a ello, y de manera crítica, reúne una serie de conceptos (aprendizaje activo, interesante y divertido) y los contrapone al esfuerzo. Además, el profesor Luri añade que no tenemos suficiente con el esfuerzo y el interés, si éstos no van acompañados de un resultado objetivo, propio del trabajo bien hecho.

Shackleton (1874 – 1922), sin duda para mí, es un personaje ligado al esfuerzo y al buen liderazgo; aunque éste no vaya parejo al de un resultado objetivo exitoso; en este caso, cruzar a pie el continente antártico. Sin ir más lejos, el lema de la familia Shackleton reza así: venceremos gracias a la resistencia; y una de las frases que se le atribuyen a él personalmente es la que sigue: nunca la bandera arriada, nunca la última empresa.
Una de las primeras cosas que llamó mi atención de la expedición que, liderada por Shackleton, parte de los muelles de Londres el 8 de agosto de 1914 es que, en ella, se mezclan indistintamente oficiales, científicos y marineros. Shackleton, durante el viaje, los trata a todos por igual y, al parecer, este trato igualitario, sin privilegios, acabaría siendo de vital importancia. El 18 de enero de 1915, en el helado mar de Weddell y a tan solo 160 kilómetros de su objetivo, el Endurance queda atrapado en las placas de hielo. Después de 9 meses aislados a bordo, la tripulación se ve obligada a abandonar el barco, destruido por la presión de los hielos. Todos los hombres de la expedición quedan abandonados a la deriva. Establecen el campamento sobre las placas de hielo hasta que el 9 de abril de 1916 parten en tres botes rumbo a la isla Elefante donde llegarán después de 7 terribles días de navegación. Consciente de que, allí, nunca llegaría nadie, Shackleton parte, el  24 de abril, con cinco hombres en el bote James Caird en dirección a los centros balleneros de Georgia del Sur, dejando al segundo de a abordo al frente de los 22 expedicionarios que se quedan en el llamado Campamento Paciencia. Después de 17 días de peligro extremo y casi 1300 kilómetros de viaje, llegan a su objetivo, con lo cual consuman una de las más grandes gestas de la historia de la navegación. Cruzan montañas y glaciares, llegan a las estaciones y organizan el rescate de sus hombres. Después de 4 largos meses, lo consiguen. Shackleton, concluye: no se ha perdido ni una sola vida y hemos pasado por el infierno.

J. Giono (1895 – 1970), en su novela L’home que plantava arbres (1953), nos cuenta la historia de Elzéard Bouffier, un hombre de montaña que, sin que nadie lo sepa, por propia elección y motivación autónoma, decide transformar el paisaje que lo rodea. Para ello, acuerda, en una comarca desierta y deshabitada, plantar miles de árboles. Y, mientras el país se debate en la Primera Guerra Mundial, y después en la Segunda, él continúa plantando árboles incansablemente, hasta cubrir les montañas de verdor, y cambiar para siempre la vida de todos los habitantes de la región. Sin duda, sus desengaños son incontables. Sin embargo, para conseguir semejante éxito, el tenaz pastor vence muchas adversidades; que, con el fin de asegurar la victoria de su pasión, le llevan a luchar incansablemente contra el desánimo. Con extraordinaria simplicidad, el autor nos describe un personaje que es testimonio vivo del enorme valor que tiene un gesto tan, aparentemente, sencillo como el de plantar una bellota y esperar que crezca. Y, con esfuerzo y alegría, repetir la operación miles de veces.

Como ha dicho alguno de nuestros políticos, es cierto que M. Montessori (1870 – 1952) dijo que cuando un adulto le ahorra un esfuerzo a  un niño le está impidiendo crecer. También es cierto que la pedagoga italiana dijo que el niño, guiado por un maestro interior, trabaja infatigablemente con alegría para construir al hombre. No creo que el esfuerzo, en sí mismo, sea un valor. Ciertamente, con el constructo “la cultura del esfuerzo” lo han vuelto a poner de moda, pero, personalmente, prefiero hablar de la importancia, en educación, de la atención plena y del dedicarle tiempo de calidad a aquello que me motiva y satisface, a la vez, mis necesidades, las del otro y las del entorno. Esforzarme, sin saber el por qué ni el para qué, me parece fútil y absurdo. Además, en la educación en la que creo hay palabras que, lejos de contraponerse, van de la mano y, sin duda, como yin y yang, se complementan y abrazan. Por ejemplo, voluntad y motivación; esfuerzo y alegría; felicidad y saber lo qué se quiere en la vida, cómo conseguirlo y por qué es importante para nosotros; desarrollo autónomo y contribución a la comunidad; y, por último, motivación intrínseca e integración personal e individualizada en la amalgama sociocultural en la que vivimos.

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4 respuestas a Motivación y voluntad se dan la mano

  1. Maria dijo:

    Em sembla molt bé el teu comentari final.De totes maneres hi ha moments o situacions a la vida que si el comentari és”no estic motivada” malament rai.
    Jo de petita el lema que els meus pares em van transmetre va ser el de l’esforç. Quan vaig ser gran , el lema era el de la motivació, però acompanyat de l’esforç. Ara penso que que hi ha moments en què hi ha coses que si no és per voluntat, no les faria…

    • Moltes gràcies pel teu comentari.

      Jo no voldria contraposar la voluntat a la motivació interior. Allò que proposo és que em sembla que són dues coses que podrien anar de la mà.
      Per altra banda, és cert, com tu molt bé dius, que hem estat educats de tal manera que aquests dos conceptes ens han “entrat” com a contraposats. És a dir, els hem viscut quasi com a oposats. I, això, em sembla ens ha fet traçar una línia artificial i, crec, malatissa, entre motivació i esforç.
      Quan jo visc de manera coherent i provo de fer-sentir-pensar d’una manera integrada, la qual cosa no és gens fàcil, llavors, entre voluntat i motivació, penso, no hi ha esquerdes.

      Una forta abraçada

  2. Pingback: Métodos y aprendizaje | Ser para educar

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