De paseo con Makarenko (2/3)

Según Mákarenko, en el terreno de la disciplina, el incidente con Zadórov (viene de De paseo con Makarenko (1/3)) había señalado un cambio de rumbo. Makarenko había abofeteado a un educando, experimentaba toda la incongruencia pedagógica del hecho, pero, al parecer, descansaba con la conciencia tranquila. Ahora bien, entre el grupo de educadores/as que le acompañaban en el proyecto había cierto nerviosismo. En los días que siguieron al suceso, se supone, en la Colonia Gorki se reflexionaría sobre el mismo. Y, en referencia a ello, Makarenko nos relata una conversación con una educadora:

Sin embargo, es preciso señalar que yo no pensaba ni por un minuto haber hallado en la violencia un medio todopoderoso de pedagogía. El incidente con Zadórov me había costado más caro que al mismo Zadórov. Tenía miedo de lanzarme por el camino de la menor resistencia. Lidia Petrovna fue quien me condenó con más franqueza y más insistencia entre las educadoras. Al anochecer de aquel mismo día, con el rostro apoyado en los pequeños puños, me dijo machacona:

  • Entonces, ¿ha encontrado usted ya el método? ¿Como en el seminario?
  • Déjeme, Lídochka.
  • No, conteste: ¿tenemos que andar a bofetadas? ¿y yo también puedo? ¿O sólo usted?
  • Lídochka, ya le contestaré más tarde. Por ahora ni yo mismo lo sé. Espere un poco.
  • Bueno, esperaré.

Ekaterina Grigórievna anduvo varios días con el entrecejo fruncido y, al hablar conmigo, adoptaba un tono cortésmente oficial. Sólo cinco días después me preguntó con una sonrisa seria.

  • Bueno, ¿cómo se encuentra?
  • Igual. Me encuentro muy bien.
  • ¿Sabe usted qué es lo más triste de toda esta historia?
  • ¿Lo más triste?
  • Sí. Lo más desagradable es que los muchachos refieren su hazaña con admiración. Están incluso dispuestos a enamorarse de usted, y Zadórov el primero de todos. ¿Cómo explicarlo? No lo comprendo. ¿La costumbre de la esclavitud?

Después de reflexionar un poco, contesté a Ekaterina Grigórievna:

  • No, aquí no se trata de esclavitud. Aquí hay una cosa distinta. Analícelo usted bien. Zadórov, más fuerte que yo, podía haberme mutilado de un golpe. Considere usted, además, que no tiene miedo a nada, como tampoco tiene miedo a nada Burún y los demás. En toda esta historia ellos no ven los golpes, sino la ira, el estallido humano. Comprenden muy bien que igualmente podía no haber pegado a Zadórov, que podía haberle devuelto como incorregible a la comisión, que podía ocasionarles muchos disgustos graves. Pero yo no hice eso y procedí de una manera peligrosa para mí, aunque humana y no formal. Y, por lo visto, la colonia, a pesar de todo, les hace falta. La cosa es bastante complicada. Además, ellos ven que nosotros trabajamos mucho para su servicio. Y éste es un hecho de suma importancia. (Sigue en De paseo con Makarenko (3/3))
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2 respuestas a De paseo con Makarenko (2/3)

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