Nombrar con Presencia

652839299_f69a976b90_zUna de las funciones de la mente cognitiva es la de nombrar adecuadamente, significar, dar cobertura humana a todo aquello que la mente somática experimenta (véase Dar cobertura humana). Un niño, al no disponer de una mente cognitiva suficientemente madura, necesita, pues, de alguien que pueda otorgar presencia humana a todo aquello que experimenta y vive. En este sentido, la mente cognitiva del adulto tiene la capacidad de apadrinar todo lo que vive el niño y, a medida que éste se desarrolla y madura (siempre que lo haga armónicamente), en un futuro y paulatinamente, ira desplegando, también, la capacidad de autoapadrinarse.

F. Dolto (1908 – 1988), hablando de la capacidad de nombrar, aseguraba que un niño siempre podrá asumir algo si se le dice la verdad. En cambio, lo no dicho, lo no elaborado, es lo que puede dañarlo. Ella descubrió una nueva manera de hablar, entender y comunicarse con los niños; revolucionó nuestra comprensión y comunicación con la infancia. Dolto, nos dice:

 … se dirá que el niño no comprende la mitad de lo que se le dice. ¡Pero no es cieto! Lo comprende todo. Y lo que no comprende cuando se le dice, lo comprende cuando lo vive … … todas las palabras nos las dicen antes de que sepamos su sentido. Cuando se viven las cosas y cuando las palabras han sido acertadas es cuando se comprende su sentido y nos damos cuenta de la exactitud de lo que se ha dicho. Por eso es esencial, para las relaciones de confianza entre padre e hijos, que los padres digan las cosas y que lo que digan sea verdad …

Entonces, ¿qué necesitan los niños? Según mi opinión, explicarles todo aquello que viven. En referencia a ello, Dolto, nos recuerda:

 … sin palabras justas y verídicas sobre todo lo que sucede y de lo que él (el niño) es parte activa o testigo, sin palabras dirigidas a su persona y a su espíritu receptivo, el niño se percibe a sí mismo enteramente objeto-cosa, vegetal, animal, sometido a situaciones insólitas, pero no sujeto humano…

Entonces, dar cobertura humana a las experiencias infantiles tiene que ver, entre otras cosas, con nombrar adecuadamente. Y, ese poner palabras adecuadas a aquello que sentimos, entrelazando ambos hemisferios, es parte de esos procesos de integración intrapsíquica que nos ayudan a ser más nosotros mismos. Siegel, en El cerebro del niño (2012), nos demuestra que simplemente nombrar adecuadamente aquello que sentimos reduce literalmente la actividad del circuito emocional en el hemisferio derecho.

A su vez, dar cobertura humana, está estrechamente vinculado con la calidad de la presencia que podemos aportar a la relación. Según L. Lantieri, en Inteligencia emocional infantil y juvenil (2009), uno de los factores protectores más importantes par un niño es la Presencia de al menos un adulto afectuoso y amable que le valore. En este sentido, la presencia del otro es parte de esos procesos de integración interpsíquica que nos permiten ser más nosotros mismos en el mundo. Así pues, la manera de estar y de ser con los niños es fuente de crecimiento (el de ello y el nuestro). T. Hart, en El mundo espiritual secreto de los niños (2006), nos dice que aquello que enseñamos está condicionado, en gran medida, por lo que somos y la manera en que vivimos. Nuestro desarrollo y el de nuestros hijos están entrelazados; crecemos juntos.

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