Zona Emocional Próxima

En algún otro momento ya he escrito sobre Vigotsky (1896 – 1934) y sus zonas de desarrollo (véase La coconstrucción de aprendizajes). Este brillante y polifacético ruso, entre otras muchas cosas, argumentó que es posible que dos niños con el mismo nivel evolutivo real, ante situaciones problemáticas que impliquen tareas que los superen, puedan realizar las mismas con el acompañamiento de un adulto (o de un niño más competente que ellos, añado), y que los resultados, en cada caso, bien pudieran ser distintos.
Desde ahí, el llamado Mozart ruso crea el concepto de Zona de Desarrollo Próximo (ZDPr). En El desarrollo de los procesos psicológicos superiores (1979) lo define como sigue: la distancia entre el nivel real de desarrollo (ZDR), determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial (ZDPt), determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz.

Vigotsky, con el término de ZDR, se refiere a funciones que ya han madurado; y la ZDPr la define como aquella que alberga aquellas funciones que todavía no han madurado, pero que se hallan en proceso de maduración; funciones que en un mañana próximo alcanzarán su madurez y que ahora se encuentran en estado embrionario. Dicho de otro modo, la ZDPr estaría delimitada, en su parte inferior, por aquello que el niño es capaz de hacer solo y, en su parte superior, por aquello que es capaz de hacer con el acompañamiento de un adulto o de un compañero más capacitado. Entre estos dos límites, según el autor, se produce la interiorización del conocimiento. Así pues, el contacto interpsiológico (entre niño – adulto y niño – niño) produce que la ZDR avance y, gracias a ello, el niño se desarrolle; de lo interpsicológico a la intrapsicológico.

Hace años, mi admirado Albert Serrat me proporcionó las claves para traducir este esquema vigotskyano al plano emocional. Serrat hablaba de la zona de seguridad (como aquella donde nos sentimos capaces de manejar experiencias nosotros solos), la zona de miedo/desarrollo (como aquella donde somos capaces, con cierta preparación y/o ayuda, de afrontar nuevas experiencias y, por lo tanto, de aprender y crecer), y la zona de pánico (como aquella zona donde el temor y la sensación de incapacidad nos bloquean por completo). Así pues, tendríamos:

  1. una ZER (zona emocional real): que incluiría aquello que el niño es capaz de gestionar por sí solo.
  2. una ZEPt (zona emocional potencial): aquello el niño es capaz de gestionar con la ayuda de un adulto o de un compañero más capaz.
  3. una ZEPr (zona emocional próxima): la distancia entre entre ellas.

A lo largo de la vida de un niño (y también de un adulto) existen innumerables experiencias que se encuentran en su ZEPr (períodos de adaptación escolar o laboral, situaciones de angustia o estrés, miedos, duelos, etc.). Y, para mí no hay duda: en todas y cada una de estas situación de tránsito es importante acompañar a cada niño partiendo de su ZER. Además, según mi experiencia, la distancia entre la ZER y la ZEPt, a veces, y según el niño, puede percibirse (el niño/a la puede percibir) como muy grande para hacerla de un solo salto; y, por lo tanto, pude necesitar hacerla en varias etapas.

Todos los procesos que requieren de un acompañamiento emocional (períodos de adaptación, momentos relacionados con el binomio apego/desapego -separación/integración-, etc.) tienen gran relevancia para el desarrollo emocional, cognitivo y relacional del niño/a; y para la construcción de la propia imagen del “sí mismo”. Por lo tanto, y siguiendo a Vigotsky, me atrevo a invitar a todo aquel que se dedique a acompañar procesos emocionales desde el respeto y la aceptación a ser consciente que:

  • cada niño parte de su propia zona de gestión emocional autónoma y, por lo tanto, para cada uno, el camino hasta llegar a dominar cierto proceso puede ser distinto.
  • además, en ese camino, cada niño vivirá sus propias particularidades: ritmos, fases y necesidades de acompañamiento.
  • los períodos de tránsito emocional son orgánicos y, como mínimo, tendrán una parte física, otra emocional y otra cognitiva; y, claro, es importante acompañar las tres (véase Tres niveles de adaptación).
  • la ZDPr no es ni propia del individuo ni exclusiva del dominio interpsicológico, sino de ambos; está determinada sistémica y conjuntamente por el niño, por el adulto/compañero y por la relación que ambos mantienen (véase Yo crezco, tú creces, él crece… todos crecemos (1ª parte)).
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3 respuestas a Zona Emocional Próxima

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