Carta a los Reyes Magos

La escuela que me gustaría sería transparente. Conectaría el interior con el exterior. Sería un paisaje luminoso donde las paredes y sus aberturas, en lugar de aislar, servirían para contener y generar posibilidades vinculando el dentro con el fuera; ayudadas por un pertinente y fructífero cromatismo… Las transparencias serían externas e internas. Las ventanas de fuera dejarían entrar el exterior y, las de dentro, permitirían que el interior fuera visible desde dentro.

La escuela que me gustaría tendría un exterior tan importante como el interior. La oferta externa conectaría a la persona con su entorno (físico, social, natural, cultural) o, dicho de otro modo, la escuela sería un lugar donde se trascendería e incluiría mente y naturaleza.

La escuela que me gustaría tendría una entrada, umbral de comunicación entre dentro-fuera, que permitiría percibir, de un golpe de cuerpo holográfico, la totalidad del recinto. La entrada, además, sería una suerte de zaguán que favorecería el cambio de ritmo, y ayudaría a cada persona a situarse y a reconocer y reconstruir, aquí y ahora, su propia identidad.

La escuela que me gustaría sería extensa en un sentido profundo. En ella se podría respirar a todo pulmón. Una extensión que aseguraría que la propia identidad pudiera viajar desde uno mismo hacia los otros y, desde ellos, regresar, como un bumeránde vuelo amplio, hacía uno mismo; en un movimiento circular, recursivo, perpetuo.

La escuela que me gustaría permitiría y potenciaría la exploración y la proyección de los niños. Los muros de la escuela servirían para que los niños pudieran imprimir sus huellas metafóricas, pudieran dejar constancia de sus procesos y progresos; un eco visual de sus adentros.

La escuela que me gustaría sería unitaria, acogedora y familiar. Sería una escuela pequeña, manejable, amable, querible. Todos los que allí estuviésemos nos conoceríamos por el nombre. No existiría el anonimato. Nadie sería un “ese”, o “un número”. Los niños, los adultos, las familias serían conocibles y reconocibles.

La escuela que me gustaría sería flexible. Sus puertas siempre estarían abiertas. La familia podría entrar cuando quisiera. Nadie tendría porque sentirse extraño en ella. Todos y todas nos sentiríamos importantes e interdependientes.

La escuela que me gustaría sería orgánica y el dentro-fuera de la escuela reflejaría, de alguna manera, el dentro-fuera de los niños. Además, la tierra, el fuego, el aire y el agua serían elementos diarios, cotidianos, fundamentales.

La escuela que me gustaría sería una plaza (o tendría una plaza) donde cada cual, si así lo quisiese, podría mostrar y mostrarse al mundo; y, a su vez, el mundo podría ser mostrado a quien quisiera conocerlo. Sería, a la manera de una calle ancha y cómoda, apetecible y transitable, acariciada por el sol de otoño; un lugar de encuentro, de intercambio, de crecimiento…

La escuela que me gustaría tendría aulas de formas diversas que permitirían opciones diversas. Espacios abiertos, otros más íntimos, y salas divididas que ayudarían al trabajo autónomo, en solitario o en grupo.

La escuela que me gustaría tendría espacios diferenciados, acústicamente preparados, para permitir el reposo, el silencio, el estar con uno mismo. Y, a la vez, otros, que favorecerían la expresión musical de todo tipo, de manera respetuosa.

La escuela que me gustaría aseguraría que todos los niños sintieran seguridad, tranquilidad y afecto. La bandera del bajel educativo sería la inclusión, la aceptación incondicional…

La escuela que me gustaría permitiría ensuciarse, hacer ruido, gozar del silencio, estar en compañía, disfrutar de la intimidad, buscar la soledad, comer, descansar, reír, llorar, enfadarse, e incluso dormir.

La escuela que me gustaría usaría los límites para dar seguridad; para que todos, adultos y niños, sintiéramos la fuerza, la ternura, la flexibilidad y el respeto necesarios (por nosotros mismos, por los otros y por el entorno) que nos permitiera ser quienes somos en compañía de otros que se permitieran ser, también y a la vez, ellos mismos.

La escuela que me gustaría sería una comunidad donde todos los que allí estuviésemos, independientemente de nuestra función, seríamos conscientes que nuestra manera de funcionar y  relacionarnos, entre nosotros y con los niños, es fuente de crecimiento y aprendizaje.

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11 respuestas a Carta a los Reyes Magos

  1. Antonio dijo:

    Deseo que lo reyes hagan realidad tu sueño Guillem

  2. ángeles dijo:

    Lo que se desea se cumple Guillem.
    Yo deseo que los Reyes cumplan tu deseo.

  3. ramon dijo:

    Guillem, jo també desitjo que els Reis d’Orient et portin la teva ESCOLA.
    Jo demano una mica més: a tots els llocs on hi diu ” la escuela que me gustaría” jo hi voldria escriure “la comunidad en la que me gustaría vivir”. Eh que fóra xulo?

  4. mar dijo:

    Querido Guillem, qué importante es que exista esta Carta a los Reyes Magos. La has creado tú y mi respiración empieza a bailar!!!.
    Crear es creer
    Gracias

  5. Gracias amigo querido! que se te cumplaquesetecumplaquesetecumpla.
    Te abrazo

  6. Pingback: Una pizca de aprendizaje con toques Montessori (4/4) | Ser para educar

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