Y… ¿sólo juegan? (1/3)

Cuando alguien afirma que en nuestro proyecto los niños de 3 a 6 años sólo juegan, me enfado. Y, si, además, ese alguien está vinculado profesionalmente a la educación, mi enfado es doble. Estas dos palabras, “sólo juegan”, se me clavan en un lugar profundo y recóndito dentro de mí. Así que, cuando las oigo, me retiro, internamente y, durante un tiempo, desgrano, sin querer y llevado por la ira, los diversos elementos de esa frase simple y afilada, como quien arranca los pétalos de una margarita, ora predispuesto a profundizar y aclarar el asunto, ora prestándole oídos sordos; y, en última instancia, indeciso entre ambos extremos. Y, al fin, en esta ocasión, me he decantado por escribir y contar lo que pienso sobre ese “sólo juegan”.

Cierto es que, en el proyecto, los niños de 3 a 6 años juegan. Y, si juegan, entonces, lo que me irrita, por un lado, es ese “sólo”; y, por otro, el hecho de reducir el concepto jugar a sólo uno de los elementos que lo conforman, a saber: pasárselo bien. Además, ese “sólo” me escuece, y lo hace en dos sentidos: uno, no todo aquello que hacen puede decirse, siempre, que es juego, ya que, a menudo, aunque sigan “pasándoselo bien”, podríamos llamarlo trabajo (leen, escriben, realizan operaciones, etc.); y, dos, no todo aquello que hacen cuando sí juegan es únicamente “pasárselo bien”.

Así pues, en nuestro proyecto, una de las actividades preferidas de los niños de 3 a 6 años es jugar. Y sus juegos son: la construcción con piezas o con material no-estructurado, el juego simbólico, los juegos en el arenal, los rompecabezas, subirse a los árboles, jugar a perseguirse… Y, entonces, ¿qué hacen los niños cuando sí juegan además de disfrutar, que no es poco?

Según J. Piaget (1896-1980), existen tres tipos de conocimiento: el físico, el social y el lógico-matemático (véase Fichas, aprendizaje y educación infantil). Para los niños, según mi criterio, la mejor fuente de conocimiento físico es aquella que proviene de los objetos; y, la mejor fuente de conocimiento social, aquella que proviene de las personas. El conocimiento lógico-matemático proviene de las relaciones que establecemos entre los objetos y, como veremos, se encuentra y se construye desde dentro de nosotros.

Conocimiento físico sería, por ejemplo, el color, la forma o el peso de una piedra de las que se usan en el arenal; conocimiento social sería, por ejemplo, saber que los domingos no vamos al proyecto.  El conocimiento lógico-matemático se encuentra dentro de nosotros. Y digo eso porque si un niño agarra un palo y una piedra y dice que son diferentes, esa diferencia no está fuera de niño, ni en el palo ni en la piedra, sino que está dentro de él y por él está creada. Y digo que está dentro porqué emerge de aquello que el niño observa y de la manera en como lo relaciona. Así pues, ese mismo niño, haciendo referencia a esos dos objetos, podría pensarlos como iguales (y, decir, por ejemplo, que los dos son objetos del arenal). Incluso, ese mismo niño podría contar el palo y la piedra y concluir que son 2. El palo y la piedra son observables. En cambio, «2», «diferentes» e «iguales» no son observables; todos ellos son relaciones mentales creadas por el niño.

Cuando un niño maneja elementos no-estructurados, naturales o no, y juega con ellos de diferente manera puede obtener, de ello, conocimiento físico (color, peso, forma, etc.). A su vez, en ese mismo juego, puede emerger conocimiento lógico-matemático; por ejemplo, la estructura clasificatoria (1) de aquello que «pesa más» y de aquello que «pesa menos». Separar piedras por tamaño, con el objetivo de construir una pequeña pared, ordenarlas de menor a mayor, y contar cuántas hay de cada,  sería un ejemplo de seriación (2) y numeración (3); otros tipos de relaciones lógico-matemática. Estar enfrascado en la construcción de una torre de piezas de madera y, sacar primero una y después otra, vigilando que la estructura no se derrumbe, supone establecer relaciones espacio-temporales (4 y 5) que también son conocimiento lógico-matemático.

Jugar a que soy un superhéroe que dispara cañonazos incluye conocimiento social. Pensar en «superhéroe», en «víctima» y en «perseguidor» supone una estructura clasificatoria (1). Afirmar que sólo puede haber un superhéroe, y que la cena que hemos preparado con arena fina es para 4 personas son relaciones lógico-matemáticas de naturaleza numérica (3). Colocar a los supuestos  comensales de menor a mayor, según la edad, incluye clasificar (1) y seriar (2). De la misma manera, luchar con un supuesto villano y después retirarse a descansar al castillo supone una  relación temporal (5).

Cuando los niños, a partir de los 6-7-8 años empiezan su andadura por la etapa de las operaciones concretas (véase Ajedrez, fútbol y corazón) construyen un sistema de clasificación (1), un sistema de seriación (2), un sistema de cuantificación (3), un sistema funcional de espacio (4) y un sistema funcional de tiempo (5) que, entre otras cosas, han ido estructurando a través de muchas horas de juego libre y espontáneo. (Sigue en Y… ¿sólo juegan? (2/3))

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13 respuestas a Y… ¿sólo juegan? (1/3)

  1. Con ganas de seguir leyendo tu reflexiones sobre este tema tan fascinante, cuando hablamos de jugar estamos hablando de aprender de una manera más agradable verdad? Cómo es eso de trabajar como un autómata? Nos gusta más trabajar motivados realizando lo que nos atrae y “divierte”. Por si te interesa, te adjunto el link a un simple escrito realizado desde mi posición de madre: http://3delama.wordpress.com/2012/07/12/a-gozar-de-los-charcos/

  2. com sempre, eloqüent, punyent i inspirador. Merci company!

  3. Roman dijo:

    Sólo juegan… tendrías que hacer una lista de todos los comentarios que te enfadan y entristecen🙂
    Las palabras sólo, siempre, nunca, todos, nadie… introducidas en frases, suelen producirse en casos en que no hemos analizado ni reflexionado críticamente lo que hemos dicho.
    Creo que en el “sólo juegan”, va implícito tener la creencia (que no es la mía) de que si no hay una estructura de aprendizaje externa a la persona, entonces, no se aprendre, o no se aprende aquello que se pretende que se aprenda.
    Un dato: es curioso que des de hace unos pocos años, en contextos muy estructurados se esté planteando imponer la gamificación (http://es.wikipedia.org/wiki/Gamificación) y el juego serio ( http://es.wikipedia.org/wiki/Juego_serio).

    • Roman,
      agradecido por tus aportaciones…

      Incluso aquello que creemos muy firmemente puede ser considerado como un “juego” y, ahí, está la base y el fundamente de la flexibilidad…

      Un abrazo juguetón

  4. Laura dijo:

    Me ha gustado.
    Espero con impaciencia la continuación…
    Gracias

  5. Pingback: Y… ¿sólo juegan? (2/3) | Ser para educar

  6. joan dijo:

    “Y digo eso porque si un niño agarra un palo y una piedra y dice que son diferentes, esa diferencia no está fuera de niño, ni en el palo ni en la piedra, sino que está dentro de él y por él está creada. Y digo que está dentro porqué emerge de aquello que el niño observa y de la manera en como lo relaciona.”

    Bueno, bueno, bueno. Con la necesidad de ser claro y conciso, igual te pasas… digo yo, o, tal vez, permites que quien te lea imagine cosas diferentes de las que quieres decir…
    Me explico. Si alguien ve diferencias entre dos cosas, y en estas dos cosas mismas no hay base para establecer diferencia, solemos pensar que el alguien en cuestión está ligera o profundamente sonado…
    En vez de CREAR la diferencia entre un palo y una piedra, diría yo, más bien, que SE RECONOCE una diferencia existente antes incluso de que alguien la reconozca.
    El niño (y el adulto) pueden establecer diferencias porque la misma realidad ES diferente… ¿o no?

    • Apreciado Joan,
      voy a extenderme un poco en mi respuesta; detallando, con un ejemplo, eso de que el niño es quien “crea la diferencia”. Como tu muy bien dices, el mundo es diferente, pero somos nosotros, como seres humanos que vivimos en el lenguaje, los que “creamos diferencias”.

      El biólogo y psicólogo suizo J. Piaget (1896-1980) hizo una diferenciación fundamental entre 3 tipos de conocimientos: el físico, el lógico-matemático y el social.
      El físico abarca el conocimiento de los objetos en su realidad externa; y la única forma que tiene el niño de adquirirlo es actuando sobre dichos objetos, y viendo como responden y reaccionan a sus actos. Por ejemplo, descubre las propiedades de una pelota cogiéndola, botándola, rodándola, desinflándola, lanzándola, pinchándola, etc.
      El lógico-matemático está en el sujeto; se encuentra en las relaciones que el niño crea e impone a los objetos. Por ejemplo, cuando observa dos pelotas amarillas, una grande y otra pequeña, y afirma que son diferentes. Las pelotas son observables, pero la diferencia no lo es; es una relación creada por el niño que conecta una pelota con la otra. Tal y como afirma G. Bateson (1904 – 1980) en “Una unidad sagrada: pasos ulteriores hacia una ecología de la mente (1991)” la diferencia no es material y no puede ser localizada; no está ni en una pelota ni en la otra, sino que se encuentra en la mente de quien hace la relación; y, por lo tanto, otro niño que pusiera su atención en estos dos objetos podría afirmar que son iguales, ya que ambos son de color amarillo.
      El social también se encuentra fuera del sujeto. En España, ejemplos de éste serían: saber que el 31 de diciembre termina el año, que no hay escuela los meses de julio y agosto, y todo aquello que nos es propio por el hecho de pertenecer a un entorno socio-cultural determinado.
      Ahora bien, cabe decir que, el conocimiento físico no puede construirse fuera de un marco lógico-matemático; no se puede interpretar ningún hecho del mundo exterior si no es a través de un marco de relaciones, clasificaciones, enumeraciones o medidas. Por ejemplo, es imposible reconocer la pelota amarilla si no es en relación con las pelotas de otros colores. Así pues, el conocimiento físico es sólo parcialmente externo, ya que requiere de algún tipo de esquema clasificatorio (aunque sea mínimo) que lo sustente. Por otro lado, también sería imposible distinguir las relaciones de diferente e igual si todos los objetos tuvieran las mismas propiedades físicas. Por eso sería más ajustado decir que el conocimiento físico y el lógico-matemático van de la mano y se desarrollan a la par. Incluso el hecho de llamar a ese color amarillo no depende sólo de algo físico y de algo lógico-matemático, sino que viene mediado por un contexto social, cultural e histórico determinado.
      Podemos deducir, pues, que el conocimiento físico no depende solamente de nuestros sentidos, sino también del significado que le demos a través de nuestra particular estructura lógico-matemática; y todo ello mediado por el entorno histórico-geográfico y socio-cultural en el cual vivamos.

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