Y… ¿sólo juegan? (3/3)

(Viene de Y… ¿sólo juegan? (2/3)) Según la revista Mente y cerebro (núm. 46, 2011), los datos aportados por unos estudios realizados por la Universidad de Asutin sugieren que la falta de oportunidades para jugar de forma desestructurada e imaginativa puede impedir que los niños crezcan felices e integrados. El juego libre resulta crucial para que una persona llegue a ser socialmente competente (15), maneje el estrés (16) y desarrolle habilidades cognitivas, como por ejemplo, la capacidad para resolver porblemas (17).
Así pues, el juego libre, iniciado y creado por el niño, resulta clave ya que favorece un mayor desarrollo cerebral que si el juego está iniciado y creado por los adultos. Una de las razones es la siguiente: el juego libre no tiene reglas a priori y permite reacciones más creativas; en cambio, el juego conducido por adultos sigue unas reglas predeterminadas y, las soluciones a supuestos conflitos no nacen de los niños sinó que, a menudo, vienen propuestas por los adultos.

Según G.M. Burghardt, autor de La génesis del juego animal, para que un juego se considere juego libre debe ser voluntario e iniciarse en un ambiente relajado. Ni los animales ni los niños juegan cuando están en situaciones estresantes. Asimismo, es imprescindible que la actividad no suponga una utilidad evidente en el contexto en que se observa; es decir, en lo esencial debe carecer de un objetivo claro.

Según una investigación longitudinal, publicada en 1997 por al fundación High/scope de Investigación Educativa en Ypsilanti (Michigan) y llevada a cabo con personas en situación de pobreza y alto riesgo de fracaso escolar, aquellos que disfrutaron de una educación infantil orientada al juego libre se mostraban años después socialmente más adaptados que los niños que habían experimentado una escolarización infantil basada en juegos dirigidos por profesores.

J. Panksepp, neurocientífico de la Universidad estatal de Washington, coautor de un estudio sobre juego y cerebro, afirma: creo que jugar es el mecanismo más importante de los implicados en la construcción de relaciones en las regiones superiores del cerebro. Según el estudio liderado por Panksepp, jugar fomenta el desarrollo neuronal en áreas cerebrals superiores implicadas en las reacciones emocionales, así como en el aprendizaje social (18).

El juego libre desarrolla las posibilidades del pensamiento (motriz, simbólico representativo, reflexivo y la capacidad de razonar), y favorece el descentamiento cognitivo (19), calve, según J. Piaget, A. Maslow, L. Kohlberg, H. Gardner, K. Wilber y otros, en el proceso de desarrollo. Es decir, el proceso de desarrollo humano puede ser considerado como una continua disminución del egocentrismo (entenido como el manejo de una sola prespectiva; la propia); lo cual resulta favorecido gracias al juego ya que, cuando se juega, los niños van y vienen de su yo real al rol que desempeñan y, además, deben coordinar puntos de vista diferentes para poder organizar su actividad lúdica.

Según el psicólog D. Elkind, el juego libre fomenta la flexibilidad y la creatividad (20) que quizá más adelante resulte ventajosa en situaciones inesperadas o en ambientes nuevos. Según Elkind, jugar es una manera de aprender para los niños; si no juegan, se pierden experiencias de aprendizaje. Este experto en desarrollo infantil de la Universidad de Tufts afirma que se debe reformular el concepto de juego con el fin de no considerarlo como algo opuesto al trabajo, sino como un complemento. La curiosidad, la imaginación y la creatividad son como los músculos: si no se usan, se pierden.

Los estudios sobre los juegos de reglas (parchís, oca, ajedrez, etc.) concluyen que haber jugado a éstos durante la etapa operativa concreta (véase Ajedrez, fútbol y corazón) favorece el aprendizaje de estrategias de interacción social, facilita el control de la agresividad y lleva implícito un ejercicio de responsabilidad y democracia.

Según un estudio publicado por Pellegrini en 1989, jugar a pelearse aumenta la capacidad de solucionar problemas.

Los juegos cooperativos incrementan las conductas prosociales y las conductas asertivas, promueven la comunicación, disminuyen las actitudes sociales negativas, potencian al cohesión grupal y mejoran el autoconcepto y la valoración de otro.

Y, después de todo, sólo están jugando…

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2 respuestas a Y… ¿sólo juegan? (3/3)

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