Érase una vez…

Este curso, con los niños más mayores, y también con los chiquitos, Rosa Mari está rescatando y presentando nuestro preciado acervo cultural. Un día a la semana, se reúne con nuestros chicos y les relata las versiones originales de ciertos cuentos tradicionales. Cabe decir que vale la pena estar presente y observar como los niños absorben los cuentos, se los beben… Y, aprovechando este motivo, me apetece expresar unas cuantas reflexiones sobre el tema de los cuentos tradicionales.

Según B. Bettelheim (1903-1990), de los cuentos de hadas, se puede aprender mucho; nos hablan, entre otras cosas, sobre los problemas internos de los seres humanos, y sobre ciertas soluciones a sus dificultades. Según el psicoanalista, estos cuentos transmiten, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; y se dirigen, simultáneamente, a todos los niveles de la personalidad humana. Así, los cuentos de hadas hablan de los fuertes impulsos internos de un modo que el niño puede comprender inconscientemente, y —sin quitar importancia a las graves luchas internas que comporta el crecimiento— ofrecen ejemplos de soluciones, temporales y permanentes, a sus dificultades apremiantes.
Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial; los personajes están muy bien definidos y los detalles, excepto los más importantes, quedan suprimidos; todas las figuras son típicas en vez de ser únicas. En los cuentos de hadas, el mal y el bien están omnipresentes. Los personajes no son ambivalentes, no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad; y suelen presentar caracteres totalmente opuestos.
Según el psicoanalista, los niños están sujetos a sentimientos desesperados de soledad y aislamiento, y, a menudo, experimentan una gran angustia. Pueden tener miedo a la separación —el temor a ser abandonados—, a no ser suficientemente queridos… Y, generalmente, son incapaces de expresarlos en palabras, y tan sólo pueden sugerirlos indirectamente: miedo a la oscuridad, a algún animal… Los cuentos de hadas hacen hincapié en esos sentimientos directamente, y, además, ofrecen soluciones que están al alcance del nivel de comprensión del niño.
El héroe de los cuentos convence al niño que, como ellos, puede encontrarse perdido y abandonado en el mundo, andando a tientas en medio de la oscuridad, pero, como ellos, su vida irá siendo guiada paso a paso y recibirá ayuda en el momento oportuno. Otros personajes pueden ofrecer la guía y la seguridad que necesitan en un determinado momento.
Según Bettelheim, el niño puede revelarnos su momento y sus necesidades a través de la fuerza del sentimiento con que reacciona frente a determinados cuentos. Si el niño se aficiona a una determinada historia puede querer decir que sus motivos o temas han logrado provocar una  respuesta significativa en aquel momento de su vida. Y, por lo tanto, en ese niño, ese cuento le será de gran utilidad.
En resumen, el cuento de hadas ayuda, al niño, a comprenderse, y alienta el desarrollo de su personalidad. Le brinda significados a diferentes niveles y enriquece su existencia de múltiples formas; estos relatos representan, de forma imaginaria, la esencia del proceso del desarrollo humano.

Por otro lado, algunos cuentos de hadas son violentos y son el reflejo de una época en la que se daba miedo a los niños para obtener obediencia y sumisión. Y, respecto a su simbolismo, hay opiniones que defienden que los símbolos que no son explícitos -como los de los cuentos de hadas- no ayudan a sanar y pueden servir para proyectar, en ellos, nuestras emociones, y, así, distanciarnos de nuestro sentir. Además, numerosos cuentos están al servicio de la educación autoritaria e irrespetuosa, protegen una imagen idealizada de los padres y deforman la realidad. En cuanto a la relación entre un niño con ciertas dificultades y su pasión por determinados cuentos, I. Filliozat nos alerta que el niño bien pudiera encontrar en el cuento la confirmación de sus creencias negativas y conservar su miedo durante mucho tiempo. La terapeuta francesa se pregunta: ¿son, los cuentos de hadas, realmente útiles para ayudar al niño a comprenderse y a elaborar sus propias construcciones? ¿Por qué dar imágenes que pueden resultar terroríficas? ¿Por qué no dejar a los niños la elección de sus propios símbolos? Y, acaba concluyendo, claro está, que sólo vivirán determinados cuentos de manera dramática los niños que presenten la problemática en cuestión; pero, ¿de qué sirve?

Ahora bien, lo que sí nos demuestra la experiencia es el gozo y el disfrute con el que nuestros niños reciben el cuento semanal que con esmero y detalle les presenta nuestra querida Rosa Mari.

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